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Maestros del ambient: Brian Eno y la música del infinito

Arte

Por: pijamasurf - 07/22/2018

Eno es una de las figuras más vibrantes de la música y el arte contemporáneos

Brian Eno es considerado el padre del ambient, aunque él mismo ha discutido esta afirmación. Al menos, es indudable que fue el primero en crear una teoría detrás de esta música y produjo los primeros discos que se identificaron con el género. A inicios de los años 70, Eno perteneció a una de las grandes bandas de art (o glamrock, Roxy Music, en donde tocaba el sintetizador. Evidentemente, la música que se estaba haciendo en ese entonces no satisfizo la infinita curiosidad del músico (autodefinido como "no músico") británico. "Lo que más me interesa de hacer música es crear algo que no existe pero que a mí me gustaría escuchar. La música que quería oír aún no había surgido, así que era necesario juntar cosas que sugerían algo nuevo”, dijo.  

Como solista, Eno experimentaría con discos que mantienen ciertos sonidos del glam rock con una base mucho más experimental que ya empieza a acercarse al ambient, en discos como Here Come the Warm Jets (1974) (con las guitarras hipnóticas de Robert Fripp), Another Green World (1975), o el melancólico Before and After Science (1978), donde Eno prueba que es también un gran compositor con canciones sencillas y hermosas como "Spider and I" y "By this River". Sin embargo, es en Discreet Music (1975) donde realmente nacen propiamente los sonidos ambient, y se consolidan en la obra maestra que es Music for Airports (1978). Eno alguna vez definió con magistral elusividad al ambient: "es tan ignorable como interesante". Puede ser la música de fondo que parece meramente decorativa y perece en la distancia, pero puede ser una dimensión de capas infinitas para navegar hacia países lejanos, para relajarse, para soñar despierto y hasta tener experiencias trascendentales. Brian Eno es quizás quien mejor ha logrado incorporar la música electrónica a ciertos aspectos que antes se asociaban con la música culta o clásica para crear un nuevo género popular, melancólico y contemplativo, lleno de espacio para soñar. Consistentemente, interesado lo mismo por la belleza del sonido que por su innovación, Eno ha sublimado las atmósferas para crear estructuras de exploración creativa.

Además de los discos citados, desatacamos Apollo (1983), Thursday Afternoon (1985), Neroli (1993), Another Day on Earth (2005) y Lux (2012). No menores a sus discos como solistas son sus múltiples colaboraciones con artistas como David Byrne, Robert Fripp (véase Evening Star del 2005), Harold Budd, Jon Hopkins y otros genios. Además, Eno ha sido un prolijo productor; hizo, por ejemplo, el soundtrack de Dune de David Lynch y produjo discos de The Talking Heads, Paul Simon, Jon Hopkins, Grace Jones, Slowdive (quizás el mejor disco de shoegaze de la historia: Souvlaki), tracks de U2 y el sonido de Microsoft. Su disco más reciente, Reflection (2017), es la evolución del ambient hacia lo que Eno llama música generativa, música que es siempre cambiante -sin dejar de ser placentera-, creada por un sistema matemático. Sobre este disco dijo:

Es el más reciente de mis experimentos de ambient, y representa el más sofisticado hasta ahora. Mi intención original con la música ambient era crear música infinita, música que permanecería ahí mientras tú quisieras que estuviese. También quería que la música se desdoblara de diferente manera todo el tiempo.  

Eno es un artista multifacético, desarrollador de aplicaciones, pintura, arte digital, instalaciones y demás. Entre sus obras más destacadas están Lightness: Music for the Marble Palace (1997), I Dormienti/Kite Stories (1999) y 77 Million Paintings (2006). 

Aquí puedes escuchar toda la discografía de Eno:


 

 

De esta misma serie lee: Maestros del ambient: Harold Budd

Lee la reseña de 'Smal Craft on a Milk Sea' (2010)

Lee la reseña de 'Reflection' (2017)

Escucha los 10 discos de la desaparecida disquera de Eno, Obscure Records

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En un tono sumamente ácido, y en la misma medida oscuro y divertido, los personajes de este mundo surreal ejemplifican aquella gran responsabilidad existencialista de la que hablaba Jean-Paul Sartre

En medio de la avalancha de contenidos televisivos que se producen para satisfacer e incentivar la demanda del público millennial, hay un género en particular que destaca por la calidad de su contenido. Tal parece que el legado de Los Simpson ha sido el de conferir una extraña responsabilidad a las caricaturas: representar lo más absurdo de la sociedad de manera poética e inteligente para hacer una crítica enérgica. Desde Archer hasta Rick and Morty, los dibujos animados se han convertido en el medio alrededor del cual existe más permisividad ­–tanto plástica como narrativa– para articular y, muchas veces, ridiculizar la crisis metafísica de la apoteosis contemporánea.

Entre todas estas series, hay una que acaso más subjetivamente que las demás (cabe mencionar que la subjetividad en cuestión es la de un caballo antropomorfo y estrella decadente de la televisión estadounidense) presenta el drama existencial de manera sumamente profunda. Lamento el uso de un término que paradójicamente se usa muy a la ligera, pero es difícil encontrar un adjetivo que mejor describa el guion de Bojack Horseman: una sátira del mundo hollywoodense que invita al espectador a empatizar con un caballo alcohólico, autodestructivo, narcisista y misógino –y lo logra–.

En un tono sumamente ácido, y en la misma medida oscuro y divertido, los personajes de este mundo surreal ejemplifican aquella gran responsabilidad existencialista de la que hablaba Jean-Paul Sartre, y la dificultad de cargar con el peso que ésta nos adjudica; así para con nosotros mismos, como con los demás, pues nuestras acciones, inevitable e invariablemente, afectan a quienes nos rodean.

“La existencia precede a la esencia” es la frase más popular de Sartre y el movimiento filosófico que encabezó. La máxima es sencilla: cada quién define su propia esencia; no nacemos con un propósito, pero sí tenemos la libertad de determinar nuestra propia naturaleza y, por lo tanto, somos una manifestación de nuestras elecciones. Bajo esta perspectiva, nadie puede culpar a su signo zodiacal, al mandato divino o a ningún tipo de sistema que explique nuestra naturaleza cuando hacemos algo que lastima a alguien. Si amas a una persona, construyes dicho sentimiento con acciones consecuentes.

Tal como todos podemos llegar a decepcionamos de nosotros mismos, Bojack Horseman constantemente decepciona a sus audiencias, quienes desde hace cuatro temporadas buscan a un héroe que deje de correr en círculos para encontrarse sólo con él –o con uno– mismo. En el primer capítulo Diane Nguyen, la biógrafa de Bojack, le dice a nuestro antihéroe: “Tú eres responsable de tu propia felicidad”. Y una temporada después, cuando ella llega a conocer todas las conductas destructivas de Bojack y él le pregunta que si cree, a pesar de todo lo que ha hecho, que en el fondo es una buena persona, ella responde: “No creo que haya un ‘en el fondo’; creo que todo lo que eres es lo que haces”. Este tipo de diálogos representan de manera sencilla, pero no por eso menos contundente, el drama existencial de la vida humana. 

Y ésta es sólo una de las facetas de la serie. El hecho de que todo se desenvuelva en Los Ángeles, entre actores, productores, agentes y escritores permite que en la historia se aborde el tema de la toxicidad de la cultura de las celebridades y el absurdo funcionamiento del mundo del espectáculo. Por ejemplo, la gata Princess Caroline, agente y exnovia de Bojack, encarna el dilema posfeminista de ‘carrera profesional vs vida personal’, en una caracterización alejada de los estereotipos que abre paso a temas como el aborto y la normalización de la discriminación de género. Y  Mr. Peanutbutter, con quien se completa el triángulo amoroso que existe con Bojack y Diane, es un golden retriever leal y bien parecido a quien Bojack describe como “demasiado tonto para darse cuenta de lo miserable que debería ser”.

Pero entrar en más detalles sería decir demasiado para quienes no la han visto; sobre todo, tomando en cuenta que el estreno en Netflix de la quinta temporada está confirmado para el 5 de septiembre y este sería un buen momento para empezar a verla.

Bojack Horseman puede resultar difícil de digerir para quienes no están listos para reflejarse en un ser deprimido, mitad animal, mitad humano; o para aquellos que no quieren enfrentar que, citando a algunos otros personajes, “Tú eres todas las cosas que están mal contigo” o que “La muerte no tiene significado, por eso es tan aterrante”.

Sin embargo, sospecho que la esencia de la serie va más allá de propagar el miedo que infunde la idea de que “la vida no tiene sentido”. En medio de tanta crítica y cinismo, hay un contundente llamado a los miembros de una sociedad donde la superficialidad es un modelo a seguir y donde cualquier evento significativo se termina reproduciendo en mil imágenes intercambiables y desechables. Es un llamado a tomar una postura; a definirnos a través de nuestras acciones.

La responsabilidad conferida en esta grave afirmación ­–la existencia precede la esencia– nos brinda la libertad de escribir nuestra propia historia; de decidir quiénes queremos ser y de demostrarle nuestro amor a los demás a través de lo que hacemos. No importa cuántas veces te hayas decepcionado a ti mismo y a los demás, porque –parafraseando por última vez a Diane–, “nunca es demasiado tarde para ser la persona que quieres ser”.

 

Twitter del autor: @aleluuu