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Ingeniosa campaña convierte personajes de libros en perfiles de Tinder para enamorar a posibles lectores

Por: pijamasurf - 01/13/2016

¿Cómo reaccionarías si un personaje literario quisiera enamorarte? ¿No pasará que quizá descubras de pronto que eso, en esencia, hace la literatura?

 

En algunos países el acercamiento a la literatura y los libros en general es una empresa ardua, una actividad que realiza sólo un sector de la población, a pesar de que, como sabemos, la lectura genera muchos beneficios intelectuales, neuronales y emocionales. Entre esos países un caso (lamentablemente) destacado es México, en donde el promedio de lectura oscila entre uno y tres libros al año, lo cual contrasta sensiblemente con el mismo promedio en Noruega, que se acerca a los 20 libros al año, o incluso en España, que ronda los ocho libros anuales.

Para incidir sobre estas cifras, la agencia Only If realizó una ingeniosa campaña para el Fondo de Cultura Económica, la editorial del Estado mexicano, que consistió en convertir personajes de literatura en perfiles de Tinder para así enamorar o al menos enganchar a personas reales con esas invenciones nacidas en libros.

De alguna manera, el lema de la campaña ya nos dice mucho: “Para los amantes de la lectura que aún no saben que lo son”. Y, en efecto, el resultado es profundamente emotivo, a pesar de la decepción que, en la lógica de Tinder, podría significar saber que la persona con quien hablamos o con quien fijamos un encuentro no es real.

Pero, después de todo, no menos cierto es que los libros son también una forma de compañía, lo cual queda de relieve en esta campaña como una cualidad que es capaz de atraer a una persona y hacerla cautiva de una historia o un personaje que no por ficticios nos conmueven en menor grado que la realidad.

 

También puedes ver el video directamente en Vimeo, en este enlace

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Al parecer, Instagram se ha convertido en uno de los espacios en donde el cliché se siente más cómodo que nunca

instagram cliche

Es interesante reflexionar sobre hasta qué punto las redes sociales que hoy utilizamos reflejan la actualidad de la mente colectiva, es decir fungen como simple vehículo de algo que ya está, y hasta qué punto influyen en la definición de esa cultura contemporánea –son huevo o son gallina. Por un lado son, en principio, herramientas que pueden utilizarse de diferentes formas, lo cual de hecho ocurre, pero también son plataformas orientadas a incentivar ciertos comportamientos y conductas. En pocas palabras podríamos concluir que la dinámica entre redes y cultura es una de influencia bidireccional, ambas están permanentemente moldeándose de manera mutua.

Lo anterior lo pongo en consideración pues recién encontré un video sobre Instagram que, mediante el montaje de cientos de fotografías extraídas de ahí, pone en evidencia los lugares comunes en los que caemos los usuarios de esta red social. Y esto se ha vuelto algo tan común que al parecer es ya incluso un sello distintivo de esta "comunidad". Desde la clásica selfie capturada contra el espejo, con el dispositivo siempre antecediendo al cuerpo del protagonista, hasta la supuesta sensualidad de la niña que, estando en la tina, retrata sus piernas (y digo supuesta porque es un encuadre que históricamente fue sensual, pero con Instagram tal vez consumió ya su ero-aura).

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Sobra decir que hay muchas formas en las que nos relacionamos con Instagram. Dentro de esta fauna obviamente tenemos una gran masa de personas que se adhirieron a la red para extender el mismo lenguaje que utilizan en Facebook: imágenes de sus encuentros sociales, de sus viajes y de momentos de semipoesía pop que consideran dignos de incluir en la proyección de sus personalidades; tenemos también a los "fotógrafos" que aprovechan la vitrina para materializar sus aspiraciones artísticas o profesionales mientras reciben el aplauso, vía likes, de un público igualmente amateur; están aquellos que optan por la irrelevancia, y que eligen fotos de situaciones u objetos radicalmente simples, casi como inescrutables koans; otros optamos por privilegiar la naturaleza, con imágenes de árboles, nubes y patrones, como si eso implicara un diálogo genuino con los númenes de la natura.

En fin, sin importar la identidad instagramera que hayamos elegido, los lugares comunes terminan por prevalecer. Y esto nos sugiere no sólo la posibilidad de que esta herramienta esté realmente programada para incentivar o predefinir cierto acercamiento y uso, también el hecho de que la generalmente celebrada "hiperconectividad" que nos trajo Internet posee, además de sus bondades tradicionalmente señaladas, una facilidad para construir clichés a una velocidad hasta ahora inédita. Esta propensión a la viralidad, a contagiar mensajes e ideas, hoy se muestra como un alimento inmejorable para la uniformidad y la "predictibilidad" de las personas.   

Acá les comparto un video creado por Hiérophante, titulado Clichés, que condensa en 2 minutos una evidencia de este fenómeno que recién reflexionamos.

Twitter del autor: @ParadoxeParadis