La agricultura y la deforestación dañan más a la naturaleza que la radiación de Chernobyl, según la UNAM
Ciencia
Por: Yael Zárate Quezada - 05/20/2026
Por: Yael Zárate Quezada - 05/20/2026
En Chernobyl, el lugar más contaminado por radiación en la historia moderna es hoy uno de los ecosistemas más ricos de Europa del Este. Lobos, linces, ciervos y cientos de otras especies habitan una zona que los humanos abandonaron hace casi cuatro décadas.
El Dr. Jonathan Emmanuel Valerio Hernández, del Departamento de Genética y Bioestadística de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) señala –en una entrevista para UNAM Global– un dato que actividades humanas cotidianas como la agricultura y la deforestación suelen generar efectos negativos mayores sobre los ecosistemas que la radiación en la zona de exclusión. La ironía es que fue precisamente la ausencia de humanos lo que permitió que la naturaleza se recuperara.
Hay bastante fauna en la zona, pero eso no significa que los animales estén en condiciones comparables a poblaciones no expuestas. Lo que sí ocurre es que varios factores favorecen su permanencia, como el territorio no es uniformemente radioactivo, muchas especies tienen tasas de reproducción que superan a la mortalidad, y —lo más relevante— tanto animales como humanos cuentan con mecanismos celulares capaces de reparar daños en el ADN.
Cuando el daño es demasiado severo, la célula activa la apoptosis: se destruye a sí misma y el organismo la reemplaza. Según Valerio Hernández, ese mecanismo es probablemente uno de los principales responsables de que las poblaciones animales de la zona sigan adelante.

Lo más llamativo es que la presión de la radiación crónica parece haber favorecido, generación tras generación, a los individuos con mejores capacidades de reparación celular.
Algunos de los cambios son que la rana arbórea de la zona se oscureció, acumulando más melanina como amortiguador frente a la radiación. Los mirlos desarrollaron niveles de antioxidantes significativamente más altos que los de sus congéneres fuera del área. Los lobos —que acumulan más elementos radioactivos al estar en la cima de la cadena alimentaria— muestran respuestas de reparación del ADN más eficientes que otras poblaciones equivalentes.
Los cambios evolutivos reales son graduales y solo se vuelven visibles cuando se comparan sistemáticamente estas poblaciones con otras no expuestas.
Desde el accidente del 26 de abril de 1986 —cuando la radiación era tan intensa que las aves caían del cielo— algunas especies de reproducción rápida han acumulado decenas de generaciones, cada una como una oportunidad para que los cambios favorables se heredaran.
Al igual que en la pandemia por Covid-19 en 2020, la ausencia de humanos propicia el desarrollo de las especies. En este caso, se ha fortalecido el aumento de lobos, linces y otros grandes mamíferos en la zona y así, sin proponérselo, Chernobyl se convirtió en uno de los laboratorios naturales más extraordinarios del siglo XX y todavía está en funcionamiento.