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Las humanidades siguen viéndose afectadas por problemas económicos y son cada vez más relegadas
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Sigue creciendo la tendencia mundial educativa a apostar por carreras científico-técnicas y abandonar a las humanidades. Ello obedece al hecho de que las carreras tecnológicas y científicas son más rentables para las universidades, tanto porque parecen generar alumnos con mayores ingresos como porque permiten que las universidades desarrollen tecnología y generen más fondos, inversiones y donaciones.

Según ha denunciado el profesor Terry Eagleton, quien renunció a su puesto en la Universidad de Cambridge, hoy en día las universidades son antes que otra cosa negocios, y buscan capitalizar la educación. Desde hace años, Eagleton ha señalado que el modelo neoliberal de las universidades tiene como principal víctima a las humanidades, las carreras que en primera instancia no parecen tener una utilidad ni un mercado muy prósperos. Sin embargo, no desarrollar humanistas es un riesgo importante para una sociedad cada vez más tecnológica, que enfrenta numerosos retos pero tiende a no saber pensar críticamente o a renegar de la memoria histórica.

Esta tendencia se ha agudizado con la pandemia, que ha incrementado la importancia de la ciencia y la tecnología en nuestras vidas y ha hecho que muchos países tomen medidas económicas de emergencia que perjudican a las humanidades. Un caso especialmente notorio en este sentido es el de Australia. 

El año pasado, el gobierno australiano dio a conocer un plan para fomentar las carreras de ciencia y tecnología y desincentivar las humanidades. El ministro de Educación, Dan Tehan, anunció que el costo de carreras humanitarias como Filosofía e Historia se duplicarían, mientras que los costos de las carreras científico-técnicas se reducirán entre un 20% y un 60%.

Debido a esta iniciativa y a los severos problemas económicos que enfrentan muchas universidades australianas que han sido afectadas por la pandemia y la pérdida de estudiantes internacionales, muchos de los departamentos de humanidades han cerrado.

Recientemente la Universidad de Sídney anunció que haría nuevos recortes, entre los cuales se incluye cerrar el Departamento de Estudios Religiosos y el de Teatro. Otros departamentos que enfrentan posibles recortes son los de Literatura, Arte y Medios.

El Departamento de Religión tiene más de cuarenta y cinco años y es uno de los pocos sitios que quedan en Australia para estudiar religiones desde una óptica secular. En los últimos tiempos, las universidades de Monash y Newcastle han cerrado este departamento, que no es sorpresa que no sea muy lucrativo. Lo mismo ha ocurrido en el caso del teatro, una de las artes que más han sufrido los recortes, pues otras cinco universidades han recortado programas de teatro en el último año en Australia.

La Universidad de Sídney reportó pérdidas por 2.2 millones de dólares y enfrenta profundos cambios estructurales. Siguen estudiándose posibilidades para reacomodar algunos de estos departamentos en versiones reducidas. 

De cualquier manera, es evidente que el paradigma educativo actual amenaza seriamente la continuidad de las humanidades, lo cual significa pérdida de empleos y desincentivación para los jóvenes que podrían estar interesados en el arte, la filosofía, la historia, la religión, la sociología, etc. Las ganancias económicas a corto plazo de estas decisiones podrían ser insignificantes comparadas con lo que se puede perder a largo plazo a nivel intelectual.


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Imagen de portada: Flickr