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Más de 700 empleados de un contratista de Meta en Dublín pierden su empleo. Su trabajo consistía en entrenar a la inteligencia artificial para que eventualmente pudiera reemplazarlos. La paradoja se hizo realidad

Más de 700 trabajadores de un contratista de Meta en Dublín se quedan sin empleo, y la ironía es difícil de ignorar: su trabajo consistía en enseñarle a la inteligencia artificial a hacer exactamente lo que ellos hacían.

Los afectados pertenecen a Covalen, una empresa que presta servicios de moderación y etiquetado de datos para Facebook e Instagram. Unos 500 son anotadores de datos, encargados de revisar contenido generado por IA para detectar material peligroso o ilegal. El resto cumplía tareas de soporte.

"No nos dejaron hacer preguntas", cuenta Nick Bennett, uno de los despedidos, sobre la reunión por videollamada en la que les dieron la noticia. "Teníamos un mal presentimiento porque esto ya había pasado antes". Y es cierto: en noviembre ya habían recortado 400 puestos, lo que derivó en una huelga. Con esta nueva tanda, la plantilla en Dublín se reduce a la mitad.

El trabajo era agotador y contradictorio. "Te pasas todo el día fingiendo ser un pedófilo para probar los filtros de la IA", explica Bennett. Otro empleado anónimo lo resume así: "Básicamente estamos entrenando a la IA para que se haga cargo de nuestros trabajos. Tomamos decisiones que la IA debería emular".

Meta justifica los despidos como parte de un plan para reducir dependencia de externos y duplicar su inversión en IA. Su CEO, Mark Zuckerberg, ya había anticipado que 2026 sería "el año en que la IA transforme radicalmente nuestra forma de trabajar".

Para los despedidos hay una cláusula que complica la recolocación: durante seis meses no pueden postularse a otros proveedores de Meta. "Es indigno, una falta de respeto", denuncia el empleado anónimo.

La secretaria general de UNI Global Union, Christy Hoffman, sentencia: "Las tecnológicas tratan a los trabajadores que ayudaron a construir la IA como si fueran desechables. Deberían tener derecho a negarse a entrenar a sus propios sustitutos".

Bennett, ya sin trabajo, cierra con una frase que no necesita más explicación: "Es una batalla entre los trabajadores oprimidos y el gran capital. Y esto normalmente solo va en una dirección".


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Imagen de portada: Yahoo noticias