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¿Qué es ser 'naturales'? ¿Podemos ser otra cosa que 'naturales'?

Filosofía

Por: pijamasurf - 08/17/2019

Todo el mundo quiere ser natural, ¿pero qué significa eso?

Desde el desarrollo de la filosofía estoica en Grecia, una de las ideas más influyentes de la civilización occidental ha sido la noción de conformarse a la naturaleza o de "ser naturales", pues la naturaleza es ordenada por el Logos, por la divinidad. Esta misma idea sigue siendo enormemente popular, particularmente a partir del movimiento ecologista y la contracultura de los 60.

Para el estoicismo, "la virtud consiste en una voluntad en acuerdo con la Naturaleza". Alinearse o entrar en consonancia con la naturaleza es lo que un hombre debe hacer para llevar a cabo una vida virtuosa, feliz, plena, etc. Ir en contra de la naturaleza sólo produce sufrimiento, adversidad y emociones como el enojo, la envidia, el resentimiento. Por otro lado, de aquí se desdobla un principio ético –en el cual se unen un esclavo como Epicteto y un emperador como Marco Aurelio–, pues todos los hombres no son sino naturaleza y por lo tanto iguales.

Ahora bien, es evidente que el estoicismo deifica la naturaleza, lo cual puede ser una idea más atractiva para algunos, en vez de la noción de una deidad aparte, trascendente. Pero por otro lado queda la noción un tanto problemática de distinguir una conducta adecuada. Si todo es naturaleza, ir en contra de la naturaleza sería también algo natural. La misma artificialidad del pensamiento, el pensamiento sobreelaborado, el pensamiento no espontáneo, lo inorgánico, o lo que hoy llamamos "tecnología" también es estrictamente naturaleza. ¿Cómo delimitar entonces?

Friedrich Nietzsche hace en ese punto una crítica al estoicismo. En Más allá del bien y el mal, el filósofo escribe:

Y suponiendo que su imperativo "vive de acuerdo a la naturaleza" significara en el fondo "vive de acuerdo a la vida" –¿cómo podría no hacer eso? ¿Por qué hacer un principio de aquello que ustedes son y tienen que ser?

Si no hay un principio trascendente que esté más o menos presente, quizá con una cierta jerarquía ascendente, si todo es naturaleza, todo es vida, en cierta forma todo es lo mismo. Nietzsche ve en la naturaleza una fuerza ciega, cruel, sin consideración alguna por la justicia. Y entonces ¿qué nobleza hay en vivir conforme a esa indiferencia?

Sin embargo, Nietzsche en cierta forma también defiende una vida que no se reprime por conceptos morales o prejuicios sociales, una vida basada en el instinto, en la voluntad de poder, en la energía de la tierra. Aunque no observe la presencia del Logos, el orden rector e inteligente, de cualquier manera defiende lo que podemos llamar una vida natural, una vida telúrica, basada en el cuerpo y no en el alma, que danza al ritmo de la tierra. 

La idea de ser naturales, más allá de filosofías, resuena como cierta en el corazón del ser humano. Todos sabemos que cuando uno encuentra su propia naturaleza, su ritmo, su espontaneidad, su expresión sin brida o excesiva conceptualización, su propio organismo funciona mejor, accede a su potencialidad y parecer estar en sintonía con el mundo exterior, que después de todo sigue ciertos patrones, aunque estos sean sólo categorías a priori.

Ser naturales, aunque la proposición sea filosóficamente imprecisa y difusa, resulta claro para el hombre común y corriente. Se acerca mucho a la idea de "ser tú mismo", tan importante para la filosofía de Nietzsche. Por supuesto tampoco podemos estrictamente ser otra cosa que lo que somos, uno mismo. Sin embargo, sin invocar opuestos o esencias eternas, es obvio que hay personas que son más auténticas y espontáneas que otras, y esas son las personas que admiramos.

 

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