El mantra de Broken Social Scene siempre ha sido la gente: Kevin Drew
Arte
Por: Joel Rodríguez - 05/27/2026
Por: Joel Rodríguez - 05/27/2026
Durante los tempranos y mediados dos mil, Broken Social Scene se convirtió en uno de los nombres fundamentales para la consolidación del “indie”. En It’s All Gonna Break, el colectivo canadiense revisita su gestación, ascenso y caos creativo entre 1998 y 2007.
Encuentro paradójico que el mismo día en que tenía programado un encuentro con Kevin Drew y Evan Cranley de Broken Social Scene, tuve que enfrentar una pequeña catástrofe doméstica. Una mala instalación en la tubería del depósito de agua de mi casa provocó una fuga tan absurda como aparatosa y, mientras intentábamos contener el desastre entre cubetas, llamadas de emergencia y diagnósticos exagerados, pensé inevitablemente en un viejo refrán mexicano: “Cuando te toca, aunque te quites; y cuando no te toca, aunque te pongas”. Todo parecía empujarme lejos de aquella entrevista.
Decidí avisar al equipo de prensa que probablemente no podría asistir. Entonces apareció la ayuda inesperada: el plomero de confianza de una amiga llegó casi de inmediato, resolvió el problema y me permitió salir rumbo a la Narvarte todavía con la adrenalina encima. Mientras avanzaba hacia la entrevista pensé que quizá ciertos encuentros ocurren únicamente cuando dejamos de forzarlos. Cuando te toca, te toca. Tiempo al tiempo, también pensé.
Curiosamente, aquella sensación conectaba por completo con It’s All Gonna Break, documental sobre la formación y primeros años de Broken Social Scene, presentado por Ambulante en la Casa del Lago Juan José Arreola. Durante la charla posterior a la proyección, Kevin Drew explicó que el proyecto permaneció “enlatado” durante más de quince años porque sentía que el material filmado por Stephen Chung no capturaba realmente la esencia emocional del grupo. La relación entre ambos se enfrió y el documental quedó suspendido hasta que, años después y en plena pandemia, entendieron que finalmente había llegado el momento correcto para retomarlo. Cuando te toca, te toca. Tiempo al tiempo.
“Después de haber abandonado el proyecto por tanto tiempo y reunirnos, no lo vimos venir así. Cuando Stephen me mostró el corte final fue como abrir una caja llena de recuerdos. No podía evitar pensar: esto no debió funcionar, no tiene sentido… pero mira lo que sucedió. Iniciamos con una idea que terminó convirtiéndose en una banda”, recuerda Drew, todavía sorprendido por la dimensión emocional que terminó adquiriendo el proyecto. “Hoy vuelvo a tener una relación cercana con Stephen. Fue increíble reencontrarnos y ver cómo todo fluía otra vez. Para mí, la película está plagada de momentos reales y hermosos”. Así arrancó nuestra charla cara a cara, un día antes del screening.
De hecho, la cinta refleja cómo, de forma paralela, tanto la banda como Stephen Chung fueron encontrando su lugar dentro de la música y el lenguaje audiovisual, desarrollándose artística y profesionalmente casi al mismo tiempo. Aunque podría interpretarse que, en el caso del director, el reconocimiento tardó más en llegar debido al retraso del estreno, Kevin Drew admite que una de las partes más emocionantes del proceso fue ver a Chung transformarse de fotógrafo a cineasta.
.jpg)
“Es interesante, considero que Stephen volvió al proyecto años después porque necesitaba terminar algo que había comenzado, como nos pasa a todos. Lo increíble fue verlo convertirse en director mientras intentaba terminar la película. Llegó a tener más de mil horas de material y un enorme equipo tratando de encontrarle sentido a la historia. De algún modo, incluso resultó vergonzoso ver a tanta gente luchando tan duro para hacer una película sobre nosotros, porque al final la banda es quien recibe el reconocimiento, pero nadie ve todo lo que ocurre detrás.
Ver a Stephen terminar el documental y asumirse finalmente como director fue algo muy especial. Nosotros lo vimos evolucionar como artista: pasó de ser fotógrafo a capturar y construir una película completa. Siempre lo he conocido como un tipo tranquilo, muy suave, y fue hermoso verlo crecer tanto como amigo como creativamente. Lo curioso es que todo ocurrió en paralelo: mientras él crecía como director, nosotros también crecíamos como banda y como proyecto. Había una energía muy particular en esa etapa, porque todos estábamos experimentando, aprendiendo y tratando de descubrir qué éramos realmente”.
Tanto Kevin Drew como Evan Cranley coinciden en que el resultado alcanzado por Stephen Chung en It’s All Gonna Break responde completamente a su visión y persistencia creativa. “Somos un colectivo y cada integrante tiene su propia perspectiva, pero realmente hubo muy pocas opiniones o intervenciones sobre la película, quizá algunas sugerencias”, confirma Drew. “Amo el hecho de que todos dejaran que Stevie hiciera la película que quería hacer. Probablemente algunos productores esperaban algo distinto, con celebridades, testimonios o estrellas invitadas, pero él creyó en sí mismo y en su visión. Esta es completamente su película”.
(1).jpg)
“Stevie tuvo que descubrir, a su manera, cómo sortear el desafío de hacer la película que realmente quería hacer. Incluso dejó atrás el mundo de la fotografía para desarrollar su propia visión sobre nosotros, y eso es algo enorme”, resalta el fundador del colectivo.
Por su parte, Cranley considera que permitirle a Chung tomar las riendas del documental también les permitió a ellos concentrarse en lo esencial: mantenerse creando música y tocando para la gente. “Salir y tocar para nuestro público nos da una sensación de libertad”, explica el bajista. “Nos permite avanzar de la manera que sentimos más adecuada para nuestra carrera y también para nuestras vidas personales”.
Asumiendo que formar parte de un súpergrupo (banda integrada por músicos previamente reconocidos por su trabajo en otros proyectos relevantes) dificulta que todos sus integrantes puedan involucrarse de lleno debido a los compromisos paralelos de sus respectivas carreras, resultaría lógico pensar que alinearse para escribir, grabar, promocionar música y salir de gira no es precisamente una tarea sencilla.
Sin embargo, a lo largo de poco más de 25 años de trayectoria, Broken Social Scene ha conseguido mantener vivo su caótico engranaje creativo a través de cinco opus de estudio: Feel Good Lost (2001), You Forgot It in People (2002), Broken Social Scene (2005), Forgiveness Rock Record (2010) y Hug Of Thunder (2017). A esa lista ahora se suma Remember the Humans (Arts & Crafts, 2026), material lanzado el pasado 8 de mayo y con el que el colectivo canadiense puso fin a un silencio discográfico de casi ocho años.
El material —que será editado en vinilo y disco compacto, además de llegar a plataformas digitales— tuvo a Not Around Anymore como primer sencillo promocional. El eje temático de Remember the Humans gira alrededor de las relaciones humanas entendidas desde lo colectivo, razón por la cual era importante para la banda que el disco sonara lo más orgánico posible. Probablemente, dicha intención también estuvo ligada al proceso de reintegración de buena parte de los miembros de Broken Social Scene, así como a la reconciliación entre Kevin Drew y Stephen Chung.
“Antes de entrar al estudio pasé mucho tiempo hablando por teléfono con Kevin, y básicamente coincidíamos en que queríamos hacer algo desde un lugar profundamente humano, sin contradicciones ni artificios”, expone Evan Cranley. “Charles Spearin, que es una parte fundamental del disco, incluso propuso otro título, pero sentimos que no era el adecuado. Vivimos en un mundo lleno de desinformación y discursos falsos, así que era importante hacer algo que sonara completamente humano en todos los sentidos, con personas reales detrás de todo”.
“Además, creo que eso es justamente lo que la gente necesita en este momento, y puedes escucharlo en el álbum”, remata Drew. “Todo en el disco tiene una energía simbiótica que únicamente los seres humanos pueden generar: personas vivas, sensibles y completamente entregadas a lo que estaban haciendo. Honestamente, creo que algo así es lo que el mundo necesita ahora mismo. El mantra de Broken Social Scene siempre ha sido la gente, y poder volver a ella se sintió bien. Después de todo, somos un colectivo”.
.jpg)
Después de más de dos décadas de existencia, resulta glorioso que Broken Social Scene continúe encontrando espacios para reunirse, escribir y grabar música nueva. Con integrantes repartidos entre distintos proyectos, giras y vidas personales, cada regreso al estudio implica sincronizar tiempos, prioridades y sensibilidades completamente distintas.
Para Kevin Drew, cada regreso debe sentirse como un nuevo comienzo. “Cada vez que volvemos al estudio tenemos que asumirlo como si fuéramos una banda nueva”. Sigue, “No puedes controlar nada en Broken Social Scene: ni a la banda, ni a tus compañeros, ni siquiera tu propia vida dentro del proyecto. Por eso la gente necesita alejarse de vez en cuando y concentrarse en sus propias bandas, trabajos o vidas personales”.
Evan Cranley coincide con esa idea y considera que precisamente ahí reside la esencia del grupo. “Cuando alguien llega aquí queriendo controlar todo, eventualmente entiende que eso no va a funcionar”, recalca entre risas. “Todos necesitamos alejarnos por momentos para enfocarnos en nuestras propias vidas, pero cuando volvemos aquí entendemos que Broken Social Scene funciona distinto: nadie controla realmente nada”.
Después de una larga jornada ante la prensa —mi entrevista fue la última del día y las manecillas del reloj rozaban ya las ocho de la noche— percibo a Kevin Drew y Evan Cranley genuinamente encantados de conversar. Lo confirmo una vez más: son músicos que pertenecen a la gente. Sin embargo, el cansancio comienza a hacerse visible. Todavía tienen por delante la presentación del documental y una especie de showcase al día siguiente, así que comienzo a elevar lentamente las anclas. Antes de despedirnos, decido abordar un último tema: saber si It’s All Gonna Break captura realmente el momento que mejor define a Broken Social Scene o si, por el contrario, la historia del colectivo canadiense eventualmente necesitará una nueva película capaz de documentar todo aquello en lo que la banda terminó convirtiéndose después del caos inicial.
Kevin no duda demasiado antes de mirar hacia atrás y reconocer el momento definitivo del grupo, más allá de los discos, las giras o el reconocimiento internacional, para él todo sigue regresando al inicio: los estudios improvisados, los ensayos, los sótanos y la sensación de estar construyendo algo desde absolutamente nada.
“¡Claro que ese momento está en el documental, se trata de nuestro inicio! Siempre vuelvo al comienzo”, confiesa. “A esos espacios donde simplemente hacíamos música porque necesitábamos hacerla. Éramos ingenuos, sí, pero también honestos y genuinos. Si haces arte únicamente por el hecho de crear arte, entonces entiendes perfectamente por qué empezaste”.
Finalmente comparte: “No creo que exista ese material”, dice entre risas. “Pero quizá la secuela no tiene que filmarse. La primera parte existe para compartirse; la segunda es para vivirla. La verdadera continuación ocurre en tu propia vida, sin cámaras de por medio”.
Joel Rodríguez (Ciudad de México, modelo 1983) es periodista musical, cronista urbano y gestor cultural con debilidad declarada por la cultura pop, el cine y la literatura. Embriagado de amor por la CDMX —patita de perro por vocación— ha colaborado en medios como Revista Vicio, Círculo Mixup, Radionotas, Monitor Latino, Cultura Colectiva y Revista Marvin; además, participó en el libro compilatorio 200 discos chingones del rock mexicano (2022).