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Nietzsche sobre las cualidades que hacen a un espíritu libre

Filosofía

Por: pijamasurf - 10/15/2018

En su característica manera no sistemática, Nietzsche expone lo que puede considerarse un lineamiento general para liberarse de la tiranía social y apuntalarse como un "espíritu libre"

Este 15 de octubre es el cumpleaños de Nietzsche: el filósofo alemán que invocó al superhombre tendría hoy 174 años. Para celebrar a Nietzsche lo mejor que podemos hacer es leerlo y revisar algunas de sus ideas. 

Lo que más le importó fue sin duda intentar subvertir la vieja estructura de valores -la moral cristiana-platónica-, que él consideraba que esclavizaba al espíritu humano, sometiéndolo a una mentalidad de masas, a esa pereza privada que era supeditarse a la opinión pública. Como escribimos anteriormente, es probable que si Nietzsche viviera hoy, le causaría furia y desconsuelo ver que su dictamen de la "muerte de Dios" no ha llevado mucho que digamos a la emancipación de la conciencia individual de los seres humanos.

En Humano, demasiado humano: un libro para pensadores libres, Nietzsche expone, en su característica manera no sistemática, entre ráfagas aforísticas, lo que puede considerarse un lineamiento general para liberarse de la tiranía social y apuntalarse como un "espíritu libre" o un hombre que piensa por sí mismo. Evidentemente, seguir las palabras de Nietzsche como una receta y asumirlas sin cuestionarlas sería traicionar la esencia de su filosofía. Así que allí está este importante grano de sal con el cual tomar su filosofía (además del hecho de que él mismo acabó infatuado y delirando, lo cual no anula sus notables destellos de genialidad).

A lo largo de su obra, Nietzsche propone la autoafirmación de la voluntad y la renuncia a la influencia ajena. Esta es la base, pero requiere de hilar muchos puntos finos, pues el individuo debe imponerse sobre el placer y el dolor, y todos los pares de opuestos, para aceptar su destino, con lo cual se alinea con la energía caósmica (usando el neologismo de Joyce, apropiado por Deleuze) que llama la voluntad de poder, no un dios personal, sino "un monstruo de energía", una fuerza ctónica. No sin cierta arrogancia e inflación, Nietzsche dice que que los espíritus libres nunca han existido; sin embargo, él los ha invocado y así, de alguna manera, los ha anticipado. Los prevé: "vienen ya, lento, muy lento". Estos hombres libres se revelan finalmente en un evento cataclísmico, un evento emancipatorio similar a un terremoto que estremece las viejas estructuras del mundo. Hay algo que los guía, una fuerza irracional, volcánica, que los lleva hacia un largo viaje.

El proceso de nacimiento de esta libertad está acompañado de grandes dolores y enfermedades, como el mismo Nietzsche sufrió a lo largo de su vida -claramente, él se veía como el ejemplo más cercano, y al final de su vida se identificó con este espíritu-. Este proceso de nacimiento conlleva una especie de muerte, un desmembramiento como el del dios Dioniso. Se hacen trizas los objetos y las vestiduras que lo confinan, especialmente aquellos velos de falsa protección a los cuales se dedicaba un "asombro reverencial". Pero al liberarse de estos atavismos, se produce una especie de éxtasis que Nietzsche compara con el vuelo de un ave que se huelga "en el sol de sí misma". Uno  deja de vivir "en los amarres del amor y el odio, sin un sí o no, aquí o allá indiferentemente... sin avanzar ni retroceder". Aquí, el águila de Nietzsche se vuelve mística y alcanza ecos taoístas, simplemente deja que los vientos celestes la lleven, sin atadura al mundo.

Nietzsche da luego las claves de lo que hace que uno sea un espíritu libre, para lo cual se debe aprender a "leer el enigma de la gran liberación":

Debías convertirte en maestro sobre ti mismo, maestro de tus buenas cualidades. Antes eran tus maestras: pero deben simplemente ser herramientas entre otras herramientas. Debías adquirir poder sobre tus afirmaciones y negaciones y debes aprender a sostenerlas acorde a tu más alto fin. Debías encontrar el error inevitable en cada sí y en cada no, el error como inseparable de la vida, la vida en sí misma condicionada por la perspectiva y su imprecisión.

Con esto, Nietzsche parece querer decir que la veleidad debe someterse a la voluntad de poder, una fuerza que supera la mezquindad de decir "sí" a lo cómodo y placentero y "no" a lo opuesto. Todo "sí" y todo "no" deben supeditarse a ese objetivo superior que es el destino, que, pese a ser desconocido, ejerce su influencia, "es nuestro futuro que establece las leyes de nuestro día con día".

 

Citas tomadas de Brain Pickings

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Por: pijamasurf - 10/15/2018

Una de las grandes mentes del último siglo contesta magistralmente a la más grande pregunta

Raimon Panikkar es una de las grandes mentes del último siglo. Nacido en Cataluña, de padre indio y madre española, hizo sus estudios en Alemania y en Roma y luego viajó a la India, donde vivió muchos años en Benarés. Panikkar fue ordenado sacerdote católico y formó uno de los diálogos interreligiosos más ricos de la historia, gracias a su profundo conocimiento del budismo, el hinduismo y el cristianismo, pero también de la ciencia (estudio química) y de la filosofía (fue amigo de Heidegger, Eliade, Krishnamurti y de otros grandes pensadores). Tradujo una importante selección de los Vedas al inglés y al español; escribió libros en italiano, alemán, español, catalán, inglés y francés sobre temas tan diversos como la Trinidad, el silencio o la ecología. Se sintió igualmente cómodo en el dominio del pensamiento clásico occidental que en el del oriental, leyendo lo mismo a San Juan de la Cruz que a Abhinavagupta o a Ibn Arabi.

Panikkar vivió alejado del mundanal ruido, dedicado al estudio y a la meditación, por lo cual concedió pocas entrevistas. Una de sus raras apariciones en la TV fue esta que presentamos aquí, en el programa Negro sobre blanco, con el escritor Fernando Sánchez Dragó. La entrevista es una verdadera joya, pues es un privilegio poder escuchar a una mente como la de Panikkar hablando no sólo sobre las tradiciones religiosas de Oriente y Occidente, sino también sobre lo que se pierde con la modernidad y la tecnología, y sobre aquello en lo que realmente consiste la sabiduría, que es algo a lo cual no se puede acceder solamente a través del Logos, sino que se necesita del espíritu y del deleite de la existencia. No todo es estudio; debe haber silencio y meditación, y también gozo y amor.   

Al final de esta entrevista, Sánchez Dragó le hace a Panikkar la pregunta que ya casi nadie se hace en nuestra época utilitarista: ¿quiénes somos, a dónde vamos y de dónde venimos? Pannikar contesta:

Yo lo reduciría  a una: "somos". Porque el somos incluye el origen y el fin. ¿Y quiénes somos? Somos la parte consciente y libre de la realidad, unida intrínsecamente a lo cósmico y a lo divino. El hombre solo es una abstracción, el Dios solo es una abstracción, la Tierra sola es otra abstracción. Somos esta conexión intrínseca, como núcleo, como centro, como sacerdote o mediador, si se quiere, entre el Cielo y la Tierra, para hablar como los chinos. Y cuando te das cuenta de esto, te das cuenta de tu sitio en el cosmos, que no es el de un habitante ni el de una parte indistinguible, sino el de la unicidad que pertenece -sin citar a Protágoras "el hombre es la medida de las cosas",- entre Dios y el cosmos.

Esta es la idea central del pensamiento de Panikkar, lo que en otro lado llama la intuición "cosmoteándrica", un concepto que dialoga tanto con la noción de la Trinidad (la relacionabilidad como esencia de la divinidad en el cristianismo, la pericóresis), como con el Sat-Chit-Ananda del hinduismo, la noción del advaita (la a-dualidad del vedanta) y el pratityasamputada (originación dependiente) y el shunyata del budismo, los conceptos más altos y fundamentales de las grandes religiones.