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Franz Kafka sobre la superficialidad de una cultura dominada por la fotografía

Arte

Por: pijamasurf - 05/19/2019

En una conversación con su amigo Gustav Janouch, Kafka expresó sus reservas frente a la fotografía como medio de conocimiento

De todos los inventos recientes que usamos actualmente, quizá no hay ninguno que haya causado tanto impacto en la manera de vivir de nuestra época como el llamado smartphone o teléfono inteligente, el cual hace tiempo dejó de ser un instrumento de simple comunicación remota entre dos personas y pasó más bien a ser un dispositivo de funcionalidades diversas, entre las cuales se encuentra la comunicación.

Es posible que una de esas funcionalidades que contribuyó enormemente a la popularización del smartphone haya sido la integración de una cámara fotográfica en cada uno de los aparatos. Si bien poco a poco, a lo largo de su desarrollo, la cámara fotográfica fue cada vez más portátil, quizá nadie hubiera imaginado que llegaría el día en que podría encontrársele en el bolsillo de millones de personas, dispuesta en todo momento a capturar una imagen y conservarla por tiempo indefinido. 

El resultado de este "adelanto tecnológico" está a la vista. Millones y millones de fotografías que se generan diariamente, a cada instante, al hilo de la vida y la existencia de quienes han adoptado el gesto de simplemente sacar su teléfono, activar la cámara y presionar el botón de captura. 

¿Qué consecuencias puede tener estar sumergidos en este océano de imágenes? Entre otras que podrían señalarse, una es más o menos evidente: todo lo que vemos se consume en el chispazo del instante fotográfico. Como hemos sugerido en otro artículo, el ser humano contemporáneo nada apenas en la superficialidad de la opinión y la ocurrencia, negándose el beneficio (y el trabajo) de profundizar sobre sus ideas o sus experiencias.

Una de las primeras personas en advertir este efecto de la fotografía fue, de manera muy temprana, Franz Kafka, a quien suele mirarse como un escritor atormentado y laberíntico pero que, en realidad, fue uno de los observadores más lúcidos de la vida moderna y sus fantasmagorías.

En el caso de la fotografía, Kafka fue un escéptico del supuesto adelanto tecnológico que ésta representaba, tal y como quedó consignado en esta escena:

En la primavera de 1921, se instalaron en Praga dos máquinas fotográficas automáticas inventadas poco antes en el extranjero que reproducían seis o 10 más exposiciones de la misma persona en la misma placa.

Cuando llevé a Kafka una serie semejante de fotografías le dije de buen humor:

– Por un par de coronas uno puede hacerse fotografiar desde todos los ángulos. Este aparato es un "Conócete a ti mismo" mecánico.

– Un "Desconócete a ti mismo", querrás decir –dijo Kafka.

– ¿A qué te refieres? –protesté–. ¡La cámara no miente!

– ¿Quién te dijo eso? –preguntó Kafka inclinando la cabeza–. La fotografía concentra nuestra mirada en la superficie. Por esa razón enturbia la vida oculta que trasluce a través de los contornos de las cosas como un juego de luces y sombras. Eso no se puede captar siquiera con las lentes más penetrantes. Hay que buscarlo a tientas con el sentimiento. Esa cámara automática no multiplica los ojos de los hombres sino que se limita a brindar una versión fantásticamente simplificada del ojo de una mosca.

El fragmento proviene de Conversaciones con Kafka, de Gustav Janouch. Este poeta y musicólogo de origen esloveno alcanzó cierta celebridad con la publicación en 1951 de un recuento personal de sus pláticas con el autor de El proceso y El castillo. A pesar de la diferencia de edades (Kafka y Janouch se conocieron cuando tenían 37 y 16 años, respectivamente), ambos cultivaron una amistad relativamente cercana desde 1920 y hasta la muerte de Kafka en 1924. Es interesante notar el juego de palabras que hace Kafka con la conocida sentencia que, se dice, se encontraba en el frontispicio del templo de Apolo en Delfos, adonde los peregrinos acudían a consultar el oráculo del dios.

No será en la superficie del instante donde aprendamos a conocernos a nosotros mismos, nos dice Kafka. No es en la suma de las fotografías que compartimos en redes sociales donde se encuentra la narrativa de lo que somos. Todo ello no es más que el velo que oculta la experiencia real, aquello que realmente está ocurriendo en nuestra vida.

 

También en Pijama Surf: ¿Vives para experimentar o para fotografiar y mostrar tus experiencias? (lecciones de Italo Calvino)

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Rumi sobre considerar lo esencial: la muerte, el espíritu, el mar

Arte

Por: pijamasurf - 05/19/2019

"Has escuchado descripciones de ese mar. Ahora flota, confía y goza su moción"

Yalal ad-Din Muhammad Rumi es actualmente uno de los poetas más leídos en todo el mundo, y seguramente el más leído en países que hablan persa. Rumi nació en el noroeste del imperio persa en el siglo XIII, en lo que hoy es Afganistán. Tempranamente emigró a Anatolia. Su padre era parte de un linaje de sufíes, la corriente de misticismo islámico (hoy perseguida) que predica la unión extática con la divinidad. Rumi logró zurcir la teología y la filosofía mística en sus versos con una luminosa integridad que pocos otros poetas en la historia han si acaso igualado. Para muchos, la poesía de Rumi es uno de los testimonios más altos de la espiritualidad humana.

Presentamos aquí un poema de Rumi tomado de la antología The Soul of Rumi, traducido al inglés por Coleman Bark. Nos preguntamos aquí por la moción del mar, por ver la eternidad en las formas y dejar que opere a través de nosotros la marea... dejar las cuitas en la orilla y dejarse llevar... meditando en el rostro divino, en el rostro oceánico,  la más alta guía.

 

Flota, confía, goza

 

El Profeta dijo: nadie voltea hacia atrás

y se lamenta de dejar

este mundo. ¡Lo que se lamenta

 

es cuán real pensamos que era!

Cuánto nos preocupamos

de las apariencias y qué poco

 

atendimos a aquello que se mueve

a través de la forma. "¿Por qué pasé

mi vida negando la muerte? ¡La muerte

 

es la clave de la verdad!"

Cuando escuchas lamentos como ese

di, en voz baja, para ti

"Aquello que te movía entonces

todavía te mueve, la misma

energía. Pero ahora entiendes

 

perfectamente que no eres

esencialmente un cuerpo, tejido, huesos,

cerebro o músculo. Disuélvete

 

en la lúcida visión. En vez

de mirar abajo hacia la tierra

del camino enfrente

 

mira hacia arriba: ve ambos mundos,

el rostro del rey, el océano

esculpiendo y llevándote

 

consigo. Has escuchado

descripciones de ese mar. Ahora

flota, confía y goza su moción".