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¿El tequila te vuelve macho y el whisky melancólico? ¿Cuál es la relación entre ánimo y bebidas alcohólicas?

Buena Vida

Por: pijamasurf - 08/24/2012

En ocasiones, las hipótesis que crea la colectividad están basadas en un empirismo absurdo y experiencias compartidas, como es el caso de beber whiskey para que las nostalgia nos invada o ron para que un inconmensurable éxtasis nos conduzca por el sendero del placer.

Graham Roumieu

Los bebedores de alcohol aseguran que el whiskey, ron, vodka, o cualquier otra bebida embriagante, determinan el estado de ánimo.

Bajo esta premisa, recientemente se realizó una encuesta a varios hombres en la barra de un bar, en la que el 100% de los participantes aseveraron esta idea relacionada a los diversos licores. 

Según los científicos y especialistas en salud, el etanol es etanol, así que los efectos no son diferentes si se consume una botella de vino o una de bourbon. Aunque donde sí pueden existir variaciones es en la cantidad que se requiere para emborracharse: no es lo mismo un litro de cerveza que un litro de absenta. Además, los distintos ingredientes con que se fabrican las bebidas alcohólicas permiten que el metabolismo del consumidor responda de formas distintas. Sin embargo, y aun bajo estas circunstancias, el efecto de embriaguez es el mismo.

En 1984, en un estudio que pretendía responder incógnitas acerca del alcohol, se inyectó a decenas de ratas con diferentes tipos de bebidas (ron, whiskey, vodka, coñac, principalmente). Después de un tiempo determinado se consultó el comportamiento de los roedores. Más allá de las afectaciones motrices, las ratas a las que se les inyectó vodka no variaron su comportamiento respecto a las que por su torrente sanguíneo corría whiskey.

Damaris Rhsenow, profesor de ciencias y comportamientos sociales de la Universidad Brown, mencionó otro estudio acerca de la relación alcohol-comportamiento. En él se comprobó que los diferentes efectos entre una bebida y otra no existen. Sin embargo, el común denominador fue que la ansiedad, la hostilidad y la depresión afectaron a todos los participantes.

El fundador del Hospital Center for Behavioral Helath, William Oswald, mencionó que otro factor que desmiente la relación entre la bebida y el comportamiento es la cantidad que se ingiere y las circunstancias en las que se bebe. Si una persona generalmente consume whiskey, al momento en que lo sustituya por ginebra, las reacciones serán distintas, pero su comportamiento y los efectos del alcohol etílico no modificarán los efectos de su embriaguez, simple y llanamente su estado de ánimo será el mismo estando ebrio.

Sólo falta esperar a que un estudio con sustentos 100% científicos asegure de manera fehaciente que no existe una relación entre el tipo de bebida y el estado de ánimo. 

[The Atlantic]

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Los festivales de rock para yoguis y su naturaleza contradictoria

Buena Vida

Por: pijamasurf - 08/24/2012

Wanderlust es un festival de música totalmente opuesto a la idea usual que tenemos de estos eventos, uno donde el exceso y el desenfreno se cambian por conductas y prácticas que buscan un beneficio tanto individual como colectivo y comunitario.

 

Cuando se piensa en un yogui, los primeros conceptos que acuden a la mente son de tranquilidad, de austeridad, de un cierto aislamiento voluntario y provechoso y, en general, una atmósfera semántica compartida de paz espiritual.

Por otro lado, si de lo que se trata es de pensar en festivales de música, particularmente de rock, la realidad es diametralmente opuesta: ruido, alegría estentórea, excesos de los sentidos, desenfreno.

De ahí que hablar de un “festival de rock para yoguis” parece, de entrada, un contrasentido. Sin embargo, existe.

Se trata de Wanderlust, una celebración musical que se lleva a cabo en Squaw Valley, California, y en Bondville, Vermont, en donde se combinan las presentaciones de músicos como Ani DiFranco, Ziggy Marley, Michael Franti y Spearhead, con una dinámica propia de los retiros de yoga, solo que a una escala relativamente masiva.

Iniciado originalmente como una especie de “experimento sociológico” (hace 42 años, en la ciudad californiana de Monterrey), Wanderlust se presenta como una especie de movimiento contracultural opuesto a la tendencia usual de los festivales de música y las prácticas corrientes que ahí se realizan, tanto las evidentes como las tácitas: la convivencia más o menos desordenada y caótica de un festival tradicional se presenta en Wanderlust como una más pacífica y comunitaria; el gasto de energía igualmente se intenta paliar con opciones mucho más amigables con el medio ambiente.

Jeff Krasno, uno de los fundadores del festival, piensa que promover las condiciones para este tipo de conductas propicia también la generación de “valores progresivos”. “Mira algo como el reciclaje. Hace unos años se le consideraba poco en eventos en vivo, pero ahora es completamente mainstream”, asegura.

Y es que justo una de las intenciones principales de acontecimientos como Wanderlust es “crear un evento en el que las personas puedan tomar lo que pasó en el festival e incorporar esos valores y prácticas en la vida diaria”.

En cierto modo, se trata de un objetivo totalmente opuesto no solo al de los festivales de rock tradicionales, sino al de cierta concepción occidental de la fiesta como excepción de la vida cotidiana, una interrupción de su ritmo diario y una irrupción de un ritmo extremo, desenfrenado y dionisiaco, una tradición que se remonta a las raíces mismas de nuestra civilización y que recorre todas las épocas y culturas. Una liberación, también, de nuestra vena autodestructiva y caótica que quiere arrasarlo todo por el simple placer de “ver arder el mundo”.

En este sentido, un esfuerzo como el de Wanderlust (de corte apolíneo, para preservar la comparación) es mucho más constructivo, hedonista también pero con fines que trascienden dicho goce. Con asistentes que son, casi en su totalidad, sobrios, vegetarianos, corteses y recelosos del lujo y los privilegios, el exceso de la carne y los sentidos parece imposible de germinar en un medio como este.

“La gente no regresa a casa la mañana de un lunes con una resaca tremenda. Nuestros festivales son los únicos en que las personas se van sintiéndose mejor que cuando llegaron”, dice al respecto Krasno, resumiendo la paradójica naturaleza de estos festivales de rock para yoguis.

[The Atlantic]