Rumbo al Mundial, la CDMX se transforma para el mundo, pero no para quienes la habitan
Sociedad
Por: Yael Zárate Quezada - 05/26/2026
Por: Yael Zárate Quezada - 05/26/2026
La Ciudad de México, a unos días del arranque de la Copa del Mundo 2026, ha apostado por un cambio visual: estaciones de Metro remodeladas, una ciclovía de 34 kilómetros que cruza el sur de la capital, puentes peatonales pintados de morado, axolotes en cada esquina y cempasúchil floreciendo en pleno verano. Así es el escenario que se está montado, mientras los turistas están por llegar y la ciudad luce, en muchos sentidos, mejor que nunca.
Pero detrás del maquillaje urbano hay una historia menos fotogénica y esa es la de los miles de trabajadores que durante meses tuvieron que pagar pasaje doble porque su estación estaba cerrada. La de los ciclistas esquivando motocicletas en una ciclovía que nadie respeta. La de quienes llevan años conviviendo con un Metro lento, y con vagones en condiciones precarias —y que ahora ven cómo la ciudad se moderniza, sí, pero justo cuando el mundo viene a mirarla.
Desde noviembre pasado, la estación Auditorio de la Línea 7 del Sistema de Transporte Colectivo Metro inició obras de remodelación con miras a recibir a los 5 millones de turistas que se espera arriben a la capital durante el Mundial de Futbol. Tras 41 años de operación continua, la estación que articula puntos neurálgicos como el Bosque de Chapultepec, el Auditorio Nacional, Paseo de la Reforma y la colonia Polanco, cerró sus puertas de manera temporal.
El problema es que por esta estación transitan diariamente más de 40 mil personas en un día laboral ordinario, según cifras oficiales. Su cierre obligó a miles de trabajadoras y trabajadores a desviarse por las estaciones Polanco o Constituyentes, lo que en muchos casos implicó pagar un pasaje doble. Las adecuaciones del Mundial se convirtieron, así, en un costo más que recae sobre quienes menos pueden pagarlo —y que, paradójicamente, difícilmente podrán ver un partido.
El fenómeno también se ha vivido en estaciones como Hidalgo, Taxqueña, San Antonio Abad y Balderas, entre otras, las cuales también experimentaron cierres totales o parciales durante meses para llevar a cabo sus propias remodelaciones.
En el sur de la ciudad, la calzada de Tlalpan —arteria que conecta el centro histórico con el Estadio Banorte, otrora Estadio Azteca— alberga desde hace poco más de un mes la ciclovía "Gran Tenochtitlán".
Con 34 kilómetros de extensión —17 por sentido—, el proyecto fue celebrado como una apuesta de movilidad activa de cara al Mundial.
Sin embargo, ciclistas que ya han recorrido la ruta reportan serios problemas: peatones y motociclistas invaden con frecuencia el carril dedicado, especialmente en las paradas de transporte público. Incluso en varios tramos se observan camiones, unidades de transporte y vehículos particulares estacionados sobre o junto a la ciclovía. El resultado es un riesgo constante de colisiones. Un logro de infraestructura que aún espera resolver su mayor reto y que es la cultura vial.
En el último mes, el color morado y la figura del axolote han inundado la ciudad. Paredes, vagones del Metro, puentes, espectaculares, peluches y decenas de objetos de merchandising exhiben al icónico anfibio originario del Valle de México.
No obstante, la iniciativa de pintar de morado varios espacios urbanos, no ha estado exenta de críticas, pues diversas voces han señalado que la jefa de Gobierno, Clara Brugada, no contempló que los puentes peatonales deben contar con colores de alta visibilidad —como el amarillo— para prevenir accidentes. Esto no es una ley pero es una recomendación pero pintar esas estructuras de morado, reduce su contraste con el entorno y puede representar un riesgo para las personas que los utilizan.
A la par, se instalarán 26 baños públicos inteligentes en las zonas turísticas y públicas más importantes de la Ciudad de México.
Aunque la siembra de cempasúchil comienza tradicionalmente en junio, este año el calendario de la flor de muertos se adelantó con un propósito y ese fue el de decorar la ciudad para el Mundial. Productores de Xochimilco ya trabajan en la preparación de cientos de miles de plantas ornamentales que transformarán avenidas, camellones y espacios públicos de la capital durante los días del torneo.
Según la Secretaría de Obras y Servicios, se planea instalar más de un millón de flores y plantas provenientes del Suelo de Conservación de la CDMX, entre ellas cerca de 480 mil piezas de cempasúchil. Paseo de la Reforma, Insurgentes, Tlalpan y otras vialidades importantes serán intervenidas con paisajes florales, topiarios gigantes y figuras alusivas al futbol y a la identidad mexicana.
Aunque cada uno de estos proyectos representa, en mayor o menor medida, una mejora tangible para la ciudad, el malestar de muchos capitalinos radica en la pregunta sobre ¿por qué las obras llegan cuando viene el mundo, y no cuando las necesita quien vive aquí todos los días?
Por años, la clase trabajadora de la CDMX ha convivido con un transporte lento, infraestructura vulnerable a lluvias e inundaciones y vagones en condiciones precarias. Si las mejoras se ejecutan al ritmo de la turistificación —la transformación del espacio urbano para adaptarse al turismo masivo—, la siguiente gran pregunta es cuánto tiempo habrá que esperar para que la ciudad mejore en favor de quienes la habitan, y no solo de quienes vienen a visitarla.