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Tras dos siglos desaparecido de la región, el bisonte americano volvió a Sonora como parte de un proyecto de conservación que ya registró el nacimiento de 10 crías

Después de dos siglos sin presencia en el territorio, el bisonte americano volvió a habitar el estado de Sonora como parte de un proyecto de restauración ecológica que busca recuperar ecosistemas de pastizal en la frontera norte del país. El regreso de la especie no ocurrió de manera espontánea, sino dentro de una estrategia coordinada entre el Gobierno de Sonora y la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Semarnat, enfocada en la conservación de biodiversidad y la reconexión de hábitats.

Un regreso histórico al norte de México

El proyecto se desarrolla en la región de Cuenca Los Ojos, en el municipio de Agua Prieta, una zona de pastizales que históricamente formaba parte del corredor natural del bisonte en el norte de México. Durante una visita de supervisión, el gobernador Alfonso Durazo y la titular de Semarnat, Alicia Bárcena, revisaron los avances del programa, que incluye manejo de fauna, monitoreo sanitario y acciones para restaurar el equilibrio ecológico del área.

Traslado y adaptación de la especie

En febrero de 2026 se realizó el traslado de 29 bisontes desde la Reserva de la Biósfera de Janos, en Chihuahua, hacia la UMA Rancho Los Ojos Calientes, en Sonora. El grupo está conformado por 10 machos y 19 hembras, con el objetivo de formar nuevas manadas de conservación que puedan adaptarse al entorno y reproducirse de forma controlada. Este tipo de reintroducción busca evitar la desaparición definitiva de la especie en México y, al mismo tiempo, recuperar funciones ecológicas que se habían perdido.

Primeros nacimientos en la manada

Uno de los primeros resultados del proyecto ya es visible. Las autoridades ambientales han confirmado el nacimiento de crías dentro de la población reintroducida. En un primer corte se reportaron al menos 10 nuevos ejemplares, nacidos pocas semanas después de la temporada de parición. Posteriormente, los monitoreos han ampliado la cifra, con registros que apuntan a un crecimiento mayor de la manada, lo que confirma que los bisontes se están adaptando a las condiciones del hábitat.

Un ecosistema que comienza a recuperarse

La Secretaría de Medio Ambiente ha señalado que este proceso marca un momento relevante para la conservación en México, ya que el bisonte había desaparecido de la vida libre en esta región desde hace aproximadamente 200 años. Su ausencia no solo significó la pérdida de una especie emblemática, también implicó cambios en los ecosistemas de pastizal, que dependen de grandes herbívoros para mantener su equilibrio natural.

Especialistas explican que estos animales cumplen una función clave en la regeneración de suelos y en la dinámica de la vegetación nativa. Su movimiento constante ayuda a dispersar semillas, abrir espacios en la vegetación y favorecer la diversidad de plantas, lo que a su vez fortalece la resiliencia del ecosistema frente a sequías y cambios climáticos.

Supervisión y conectividad del hábitat

Durante el recorrido por la zona de manejo, las autoridades también revisaron acciones de conectividad de hábitat, es decir, la posibilidad de que los bisontes puedan moverse entre áreas naturales sin quedar aislados. Este punto es importante porque la fragmentación del territorio es una de las principales amenazas para la conservación de especies de gran tamaño en la actualidad.

Un proyecto de restauración a largo plazo

Alicia Bárcena destacó que el proyecto representa uno de los esfuerzos más importantes de restauración ecológica en el norte del país. Por su parte, el gobernador Alfonso Durazo señaló la importancia de trabajar en conjunto con organizaciones ambientales y comunidades locales para proteger el patrimonio natural de la región.

El plan no se limita al traslado inicial de animales. Incluye un seguimiento constante del estado de salud de la población, control de su crecimiento y evaluación del impacto que tienen en el ecosistema. La meta es que, con el tiempo, se consoliden manadas estables que puedan expandirse de forma gradual dentro de áreas seguras.

Un indicador de equilibrio ambiental

El retorno del bisonte a Sonora no solo se interpreta como un logro biológico, sino también como un intento de restaurar una relación interrumpida entre el territorio y una especie que fue parte de su historia ecológica. En los pastizales del norte, su presencia vuelve a convertirse en un indicador de equilibrio ambiental, en un recordatorio de que la conservación también implica reconstruir lo que durante siglos desapareció.


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Imagen de portada: N+