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Un estudio en la Amazonía revela que la pérdida de bosques está apagando los colores de las mariposas, una señal directa del deterioro de los ecosistemas y la biodiversidad

Las alas de una mariposa no solo llaman la atención: contienen información vital. En sus colores se codifican señales para encontrar pareja, advertencias para depredadores y formas de desaparecer en el entorno. Durante millones de años, esa paleta se afinó junto con la selva. Hoy, ese equilibrio empieza a desvanecerse.

Un estudio realizado en la Amazonía por científicos brasileños, en colaboración con universidades locales y europeas, encontró un patrón claro: en zonas donde el bosque ha sido talado, las mariposas pierden intensidad en sus colores. Donde antes dominaban azules eléctricos, rojos encendidos o transparencias delicadas, ahora prevalecen tonos marrones y grisáceos.

El cambio no es casual. Las mariposas están profundamente ligadas a su entorno. Dependen de ciertas plantas para alimentarse, reproducirse y resguardarse. Cuando la selva se transforma en un terreno abierto o en monocultivos como el eucalipto, ese entorno complejo se simplifica. Y con él, también lo hacen las condiciones que favorecían la diversidad de formas y colores.

Para entenderlo mejor, los investigadores analizaron cerca de 60 especies en distintos puntos de la Amazonía, comparando áreas conservadas con zonas intervenidas. El resultado fue consistente. En los bosques intactos, las comunidades de mariposas mostraban una amplia variedad cromática. En los espacios deforestados, en cambio, predominaban especies de colores opacos, mejor adaptadas a un paisaje más uniforme.

Esta transformación tiene una lógica evolutiva. En un entorno más expuesto, con menos vegetación y más luz directa, los colores llamativos pueden convertirse en una desventaja. Las mariposas más visibles quedan más expuestas a los depredadores. En ese nuevo escenario, sobrevivir implica mimetizarse. Ser discreta deja de ser una opción y se vuelve una necesidad.

Por eso, muchas de las especies más coloridas son también las primeras en desaparecer cuando el hábitat se degrada. Es el caso de la mariposa azul Morpho menelaus, una de las más emblemáticas de la región, cuya presencia está cada vez más amenazada por la pérdida de su entorno natural.

Los científicos no buscaban inicialmente estudiar el color. Sin embargo, al avanzar en la investigación, notaron que la transformación era evidente. La coloración de las alas reflejaba, casi como un espejo, el estado del ecosistema. Lo que parecía un detalle estético terminó revelando una dimensión profunda del impacto ambiental.

Este fenómeno forma parte de algo más amplio que algunos investigadores ya llaman “decoloración” de la naturaleza. No se limita a las mariposas. También se observa en arrecifes que pierden su color, en océanos que cambian de tonalidad o incluso en la forma en que percibimos fenómenos como los arcoíris en entornos más contaminados.

Las mariposas, por su sensibilidad a los cambios y su rápida respuesta al entorno, funcionan como indicadores. Cuando su diversidad de colores disminuye, también lo hace la complejidad del ecosistema. Es una señal de alerta. Algo más profundo está cambiando.

En algunos experimentos, los investigadores encontraron que en plantaciones de eucalipto —ecosistemas artificiales, más secos y con menos diversidad— las comunidades de mariposas estaban dominadas casi por completo por especies marrones. Además, la cantidad total de especies era menor en comparación con los bosques naturales.

La sensación que describen quienes trabajan en campo es difícil de ignorar. En la selva, todo parece en movimiento, lleno de estímulos. En las plantaciones, en cambio, el ambiente se percibe vacío. Menos sonidos, menos insectos, menos vida. Y también, menos color.

Sin embargo, no todo está perdido. En zonas donde el bosque ha comenzado a regenerarse, incluso después de décadas de haber sido utilizado para actividades como la ganadería, los investigadores han observado un regreso progresivo de la diversidad cromática en las mariposas. Es una señal de que los ecosistemas pueden recuperarse si se les da tiempo y condiciones.

La pérdida de color en las mariposas no es solo una cuestión visual. Es una forma silenciosa en la que la naturaleza está mostrando lo que está ocurriendo. Un cambio que, aunque sutil a primera vista, habla de transformaciones más profundas en la vida que sostiene a estos ecosistemas. En ese sentido, mirar una mariposa hoy puede ser también una forma de leer el estado del mundo que habitamos.


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Imagen de portada: Oronoticias