Descubren un laberinto subterráneo de 15 km en Roma que amenaza sus calles
Sociedad
Por: Carolina De La Torre - 04/01/2026
Por: Carolina De La Torre - 04/01/2026
Bajo el ritmo cotidiano de Roma, donde todo parece sostenerse sobre siglos de historia, algo menos visible empieza a cobrar peso. No se trata de templos ni de restos arqueológicos. Es una red de túneles que, lejos de alimentar el imaginario turístico, está alterando la vida diaria de quienes habitan la ciudad.
El hallazgo más reciente apareció durante una obra aparentemente rutinaria. A unos nueve metros de profundidad, bajo la Via degli Angeli, trabajadores que reparaban una tubería se encontraron con una serie de cavidades conectadas entre sí. No eran estructuras recientes. Eran túneles excavados hace siglos para extraer puzolana, un material volcánico clave en la construcción desde la antigüedad.
Lo que sorprendió no fue solo su existencia, sino su escala. Estas cavidades forman parte de un entramado subterráneo que ya alcanza, al menos, 15 kilómetros. Una extensión suficiente para obligar a las autoridades a mirar hacia abajo con más atención que nunca.
Roma siempre ha convivido con múltiples capas. Debajo de sus calles es común encontrar vestigios del pasado: antiguas construcciones, cisternas, catacumbas. Pero este caso introduce una diferencia importante. No se trata solo de historia enterrada, sino de espacios vacíos que comprometen la estabilidad del terreno.
En el este de la ciudad, especialmente en el llamado Municipio V, esta realidad ya tiene nombre propio. Se le conoce como el “municipio de las cavidades”. Ahí, lo subterráneo dejó de ser una curiosidad para convertirse en un problema urbano.
Las consecuencias se sienten en la superficie. Calles cerradas durante meses, obras que se prolongan sin fecha clara de término y vecinos que conviven con la posibilidad constante de que el suelo ceda. La Via degli Angeli, por ejemplo, permanece cerrada desde febrero de 2025 tras detectarse nuevas anomalías bajo tierra.
Otros puntos reflejan un escenario similar. En Via Buie d’Istria, un socavón obligó a cerrar la calle durante más de una década. Las excavaciones revelaron túneles en mal estado que tuvieron que ser estudiados, rellenados y reforzados. En Via Sestio Menas, el problema fue más visible: un hundimiento llegó a tragarse dos coches antes de que se asegurara el subsuelo y se reabriera la vía.
Descubren un laberinto de 15 kilómetros bajo los edificios de Roma: la red subterránea más extensa hallada en la capital italiana https://t.co/NgNmVNvh6Q
— Infobae España (@infobaees) March 31, 2026
Para entender lo que ocurre, hay que mirar la composición del terreno. Gran parte de esta zona de Roma está formada por materiales de origen volcánico. Entre ellos, la puzolana, ampliamente utilizada durante siglos en la construcción.
La extracción constante de este material dejó una red de galerías que, con el paso del tiempo, se han deteriorado. A eso se suma el peso de la ciudad moderna: tráfico intenso, vibraciones continuas y sistemas de infraestructura envejecidos.
El resultado es una combinación silenciosa pero efectiva. Los túneles pierden estabilidad y el riesgo de hundimientos aumenta. La ciudad, en ciertos puntos, no solo está construida sobre su pasado, sino también sobre espacios vacíos que siguen cambiando.
El impacto no es abstracto. Afecta la movilidad, retrasa proyectos y modifica la forma en que se habita el espacio. Cada nueva obra puede revelar más cavidades. Cada inspección abre la posibilidad de encontrar algo que complique aún más la situación.
Frente a esto, las autoridades han comenzado a actuar de forma preventiva. En el Municipio V se creó un comité técnico especializado en socavones y cavidades subterráneas. Su trabajo consiste en monitorear, mapear y anticipar riesgos antes de que se conviertan en incidentes mayores.
El objetivo es claro: identificar las zonas más vulnerables, intervenir a tiempo y, si es necesario, limitar el acceso a ciertas áreas. Una estrategia que mezcla tecnología, estudios geofísicos y seguimiento constante del subsuelo.
Este hallazgo cambia la forma de entender la ciudad. En Roma, excavar ya no solo significa descubrir el pasado. También implica enfrentar lo que ese pasado dejó como herencia física.
La red de túneles no es un episodio aislado. Es un recordatorio de que las ciudades construidas durante siglos cargan con estructuras invisibles que siguen activas, aunque no siempre de forma evidente.
Y en un lugar donde cada capa cuenta una historia, también hay otra narrativa en curso. Una que no se ve, pero se siente. Una que obliga a mirar el suelo con otra conciencia. Porque debajo de Roma no solo hay historia, también hay incertidumbre.