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El sismo de magnitud 8.8 frente a Kamchatka provocó olas en el Pacífico y puso en alerta a varios países, incluido México. Esto fue lo que pasó, por qué se encendieron las alarmas y qué tanto riesgo hubo realmente

Después del terremoto de magnitud 8.8 registrado frente a las costas de Kamchatka, en Rusia, durante la madrugada del 30 de julio, se encendieron las alarmas en gran parte del océano Pacífico. Países como Japón, Estados Unidos, Chile, México y otros activaron protocolos de prevención ante la posibilidad de un tsunami.

En México, la Secretaría de Marina (SEMAR) confirmó que la alerta fue emitida como medida precautoria, y que las olas detectadas en el país no superaron los 35 cm: se registraron máximos de 30 cm en Ensenada y 20 cm en Isla Clarión. Hasta ahora no hay reporte de daños ni afectaciones mayores. A pesar de ello, la alerta técnica se mantiene activa para monitoreo y vigilancia de corrientes anómalas en puertos y zonas costeras.

El impacto en otras regiones

No todos los países corrieron con la misma suerte. En Severo-Kurilsk, Rusia, las olas alcanzaron entre 3 y 4 metros, causando inundaciones en zonas portuarias. Más de 2,000 personas fueron evacuadas. En Japón, la Agencia Meteorológica reportó olas de hasta 1.3 metros y ordenó la evacuación preventiva de más de 1.9 millones de personas en Hokkaido y Fukushima.

En Estados Unidos, las sirenas sonaron en Hawái y zonas de la costa oeste como California y Alaska. Algunas olas alcanzaron 1.8 metros en zonas portuarias, pero no se han reportado daños estructurales importantes.

¿Por qué no se puede predecir exactamente el tamaño de un tsunami?

Aunque hoy existen sistemas sofisticados de detección, como las boyas DART y redes sísmicas internacionales, sigue siendo extremadamente difícil predecir con precisión la altura exacta de un tsunami en cada punto costero.

  • La razón es simple: el tsunami no se comporta igual en todas partes.
  • En mar abierto, la ola puede pasar casi desapercibida: mide poco y viaja rápido.
  • Cuando se acerca a la costa, su comportamiento cambia drásticamente dependiendo de la geografía del litoral, la pendiente del fondo marino, las bahías o entrantes, la marea, e incluso el estado del clima en ese momento.
  • Una misma onda puede amplificarse o disiparse según cómo interactúe con la costa.
  • Además, el efecto de refracción puede concentrar la energía del mar en zonas específicas. Por eso, mientras en una playa apenas se nota el fenómeno, otra más adelante puede verse afectada por una corriente potente o una ola elevada, incluso sin haber sido el punto más cercano al epicentro.

En México, precaución sin pánico

Aunque las olas no fueron significativas, SEMAR y Protección Civil han pedido evitar playas, muelles y actividades marítimas en zonas afectadas, hasta nuevo aviso. El monitoreo continúa, especialmente en áreas de riesgo por marea y cambios repentinos del nivel del mar.

La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que el tema fue tratado en el Gabinete de Seguridad, y que, hasta el momento, no hay daños registrados. Sin embargo, reiteró que la activación de la alerta fue adecuada dada la magnitud del evento y su potencial impacto.

La lección: no se trata de alarmar, sino de entender el riesgo

El caso del tsunami tras el sismo de Kamchatka deja claro que este tipo de fenómenos siguen representando un desafío para la predicción científica. No basta con conocer la magnitud del terremoto o su epicentro: lo que realmente define el impacto es cómo y dónde toca tierra esa energía acumulada en el mar.

Aunque la alerta en México no derivó en un evento destructivo, sirve para reforzar lo esencial: cuando suena una alarma de tsunami, el objetivo no es generar pánico, sino ganar tiempo.

Porque si algo hemos aprendido de tsunamis pasados, es que subestimar una ola —aunque parezca menor— puede costar vidas.


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Imagen de portada: Tribuna de México