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Algunas señales de que tu 'espiritualidad' es new age y no realmente religiosa

AlterCultura

Por: pijamasurf - 12/30/2018

¿Una espiritualidad supuestamente libre de la religión, alineada a valores modernos del libre albedrío y el individualismo, es realmente "espiritual"?

Vivimos en una era que se define sobre todo por su idea de qué es la libertad. Para la modernidad, la libertad tiene que ver casi exclusivamente con el ejercicio del libre albedrío; con una profusión de derechos y opciones, más que con la responsabilidad y con los límites que conducen a la virtud. Esta idea de la libertad se ha gestado progresivamente en relación a la pérdida de una filosofía moral centrada en un estándar trascendente, esto es, en una definición de lo que es bueno, bello y verdadero que no es solamente relativa a cada hombre, sino que está apoyada en principios universales eternos o al menos que tienen una validez a lo largo del tiempo, independientemente de la época. Como señala David Bentley Hart, en nuestra época se asume que una voluntad soberana es aquella "que no obedece a nada más". De manera implícita, nuestra sociedad asume que no hay nada superior a esta autodeterminación, lo cual implica que confiamos en que:

no hay ningún criterio sustancial por el cual juzgar nuestras elecciones que esté por encima del bien incuestionado del libre albedrío en sí mismo, por lo cual todo juicio, divino no menos que humano, es en cierto sentido una violación de nuestra libertad. Esta es nuestra ideología principal. Para decirlo sin adornos, el ethos de la modernidad es -con toda precisión- el nihilismo.

Hart razona que una ideología que no acepta ninguna trascendencia, ninguna verdad que exista más allá de la que el propio ser humano pueda autosignificar, se demuestra como nihilista. No es que el hombre moderno se haya liberado de las creencias y ya no crea en nada, considerando sólo lo "objetivo"; más bien, la nueva fe fundamental de nuestra era es la nada, por más contradictorio que esto parezca. Fe en que su destino es la nada, en que el universo no tiene propósito ni descansa en un soporte absoluto:

El ideal más alto de la modernidad -la autonomía personal- requiere que coloquemos nuestra confianza en una ausencia original que subyace a toda la realidad, un fértil vacío en el que todas las cosas son posibles, y del cual no emerge ningún impedimento para nuestras voluntades, y ante el cual podemos consecuentemente elegir hacernos a nosotros mismos lo que sea que elijamos.

Para el libre albedrío como máximo y único valor es necesario que el ser humano no tenga esencia, ninguna auténtica naturaleza o imagen divina a la cual aspirar o actualizar.

Evidentemente, muchas personas tienen numerosas creencias que establecen ideales trascendentes. Sin embargo, este es el ethos que guía a la sociedad secular como tal -la cual se ha convertido, como ha notado lúcidamente Roberto Calasso, en la gran religión de nuestra época, una religión en la que lo único sagrado es justamente poder elegir- y con el cual corre la economía de libre mercado. Incluso la mayoría de las personas que se dicen religiosas, en realidad viven bajo estos principios más que bajo los de su religión, siendo hijos de su tiempo y de sus circunstancias. Bajo estas condiciones es que se gesta lo que se ha llamado la espiritualidad new age y la nueva gran tendencia en el mundo de personas que se consideran "espirituales pero no religiosas". Bentley Hart describe este tipo de espiritualidad con una implacable verbosidad:

Esto es especialmente obvio en la religión occidental moderna con sus márgenes color pastel, en esas regiones del new age donde los dioses de la boutique reinan sin rival. Aquí uno puede cultivar una atmósfera privada de "espiritualidad" de una manera tan poco exigente y terapéuticamente cómoda como uno quiera comprando un atrapasueños, algunos bonitos cristales, algunos libros sobre la Diosa, una rueda de oración tibetana, un volumen de Joseph Campbell, Carl Jung o Robert Graves, una escultura de Nataraja [Shiva danzante], una bolsa con runas grabadas, un juego de imágenes prerrafaelitas bañadas en luz crepuscular celta, una flauta andina y así sucesivamente, hasta que la creciente acumulación de hilo, cuarzo sin valor, incienso barato, cerámica, kitsch, iconografía prestada y estudios fraudulentos llega a un punto de misteriosa saturación en el que la religión se vuelve indistinguible de la decoración. Entonces uno puede abandonar a sus propios dioses por algo nuevo o quedarse un rato más con ellos, pero en cualquier caso sin real reverencia, amor, o terror. Difícilmente podría haber una forma de religión más moderna que esta. Ciertamente no guarda semejanza con las honorables idolatrías de viejos tiempos o con el feroz eclecticismo del Imperio romano. Las personas de la antigüedad temprana y tardía de hecho creían en, adoraban y temían a sus dioses. Nadie realmente cree en los dioses del new age, son dioses no de la jerarquía celestial superior sino del estante de la esquina y su único divino oficio es darle expresión simbólica a los lados más oníricos de la personalidad de sus devotos. Son dioses comprados, dioses como accesorios, y por esto son meramente máscaras a través de las cuales el dios verdadero -la voluntad- a la vez se oculta y se revela.

Hart claramente cree que la espiritualidad moderna no es un "retorno al paganismo", como se suele decir en los medios. Es más bien algo como lo que Chögyam Trungpa llamó "materialismo espiritual". Al fin de cuentas no es ni siquiera realmente una "espiritualidad", es un tibio, antojadizo, consumista y veleidoso interesarse por cosas exóticas con aires de espiritualidad, por "experiencias" paliativas o inflacionarias. La ideología de que el ser humano es el único referente, el efímero monarca de un cosmos vacío y sin sentido y que por lo tanto su propio ego es lo más parecido a algo divino, no favorece el cultivo de la auténtica espiritualidad, que es necesariamente una religión, es decir, una reconexión con el origen, con la naturaleza prístina, con el espíritu que es cubierto por los velos de la materia y el deseo mundano; la religión es por definición aquello que vincula con lo divino y lo trascendente. En contraste con la ideología moderna está la idea antigua de la libertad, que era entendida como "algo inseparable de la propia naturaleza: ser realmente libre... era tener la libertad para realizar la propia 'esencia' y así florecer como el tipo de ser que uno es". Mientras que ahora la libertad es vista simplemente como el poder de elegir, esta idea clásica más bien se orienta a saber elegir lo bueno, considerando que lo bueno no es algo meramente subjetivo que depende únicamente del propio libre albedrío. Existen, se pensaba antes, principios y valores universales.

El hombre moderno considera que ha evolucionado y superado estas ideas, a las cuales juzga como supersticiosas o basadas en ciertos atavismos. La religión es considerada como una forma de explicar lo desconocido y aplacar el miedo y la angustia que generan cosas como la muerte. Pero, como señala Hart, quizá esta supuesta libertad -libre de dogmas y creencias- no es más que una nueva forma de adoctrinamiento, con la muy clara función de hacernos perfectos consumidores: "¿Son la libertad y la racionalidad valores distintivamente modernos, o meramente hemos sido adoctrinados para creer que sólo la modernidad es libre y racional? ¿Y cuán libres somos? ¿Y de qué nos hemos liberado?".

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Solsticio de invierno 21 de diciembre 2018: la muerte y el renacimiento del Sol

AlterCultura

Por: pijamasurf - 12/30/2018

Este 21 de diciembre de 2018, a las 4:23pm (hora del centro), sucederá el solsticio de invierno, una fecha que era considerada sagrada por las culturas antiguas por conjugar un profundo simbolismo

Este viernes 21 de diciembre ocurrirá el solsticio de invierno en el hemisferio norte, a las 4:23pm de la Ciudad de México (9:23pm, tiempo universal). Al mismo tiempo, en el sur se celebrará el inicio del verano con el solsticio vernal. En el norte tendremos el día más oscuro del año, en medio de frío y melancolía natural y en el sur la máxima luminosidad, la plenitud y el calor.

Como siempre hacemos en este sitio en cada uno de los cuatro pivotes cósmicos del año -los solsticios y equinoccios-, describiremos aquí algunas de las costumbres tradicionales y el simbolismo espiritual de estas fechas que permiten entrar en resonancia con el ritmo del cosmos, una especie de teúrgia, como era tan importante para las tradiciones que el cristianismo designaría como "paganas".

En términos astronómicos, el solsticio marca el punto en el que el Sol aparenta llegar a su punto máximo sur o norte, dependiendo de si es invierno o verano, en su excursión anual en relación al ecuador celeste. El término "solsticio" significa literalmente "sol quieto" y sugiere el momento de quietud o detenimiento que ocurre en los solsticios cuando el movimiento estacional del Sol, visto desde la Tierra, se detiene en su límite norte o sur y revierte su dirección​. Una especie de pausa cósmica que marca un cambio estacional. En el norte, este será el día más oscuro del año y el inicio oficial del invierno. 

En términos astrológicos, el solsticio marca el ingreso a la constelación de Capricornio, el signo asociado a lo frío, a lo seco y a Saturno, la divinidad que rige la tierra y también el más alto intelecto y a la que en la astrología new age se le conoce como el Señor del Karma, una forma suavizada de hacer referencia al hecho de que en la astrología clásica Saturno es el poder que limita, que pasa juicio y que asigna lo que es merecido. La influencia de Saturno en este caso es doblemente enfática, ya que este planeta se encuentra además actualmente en Capricornio, el signo al cual rige, que transita por un período de cerca de 2 años y medio.

Mucho se ha dicho sobre el tema un tanto polémico y especulativo de que el nacimiento de Jesús fue asignado en estas fechas como una forma de sincretismo asociada al solsticio que, después de todo, no sólo es la muerte simbólica del Sol sino también, de alguna manera, su renacimiento. Esta tesis se basa en gran medida en que los romanos también celebraban las fiestas de Saturno, las Saturnalias, en el solsticio de invierno o en las fechas próximas. El filósofo neoplatónico Porfirio mantiene que la fecha se debía justamente a que Saturno entraba a Capricornio, lo que tenía un significado esotérico, ya que Capricornio es llamado "la puerta de los dioses", o, la puerta a través de la cual las almas ascienden o se liberan del mundo material (lo cual es incluso ciertamente paradójico, porque Capricornio es astrológicamente el planeta más ligado con la densidad material). Esto era recreado por la tradicional práctica que se realizaba en la Saturnalia, de liberar temporalmente a los esclavos e invertir el orden establecido de la sociedad (los esclavos eran servidos con banquetes, regalos y demás).

El solsticio de invierno ha sido, durante milenios, una de las fechas del calendario religioso de las más diversas culturas. Una constante era la noción del mito del dios solar, el Sol Invictus, quien atravesaba un proceso de muerte y renacimiento. Siendo el Sol el gran símbolo del Sí mismo, del alma humana, es factible ver en esto un proceso microcósmico de muerte y renacimiento o al menos de una especie de proceso de silencio y recogimiento, de una meditación que da a luz una nueva fase. Como escribió Camus: "En mitad del invierno encontré en mí un verano invencible". Una incursión hacia la profundidad más sombría para encontrar ahí la luz inextinguible del espíritu, la vida misma que se mueve por los abismos para renovarse. Siempre el Sol ha sido considerado el símbolo de la vida y la conciencia. El filósofo y ocultista Manly P. Hall dijo sobre esto:

El Sol es vida, y esta vida es la propiedad común en todas las cosas, el poder del cual dependemos. Desde el más pequeño átomo hasta la más grande estrella, la luz es un símbolo de la presencia de la vida...

​En todos lados encontramos símbolos, y en donde hay símbolos encontramos la historia del Sol Victorioso, la misteriosa luz universal que iluminó el ser de todas las cosas, y esta luz y este poder es la vida de los hombres. Es la vida de toda la creación, distribuida a través de las hojas de pasto, atravesando toda forma en el vasto árbol de la vida; por ello, en el análisis final, toda la vida es una sola vida, y esa vida es la eterna Luz-Vida en sí misma, el poder de la divinidad en toda la creación.

Como siempre, los solsticios y los equinoccios nos recuerdan que el tiempo no sólo es Cronos, el tiempo del reloj, de cantidades discretas, todas idénticas, sino que es también Kairós, el tiempo oportuno, el tiempo cualitativo. Hay un tiempo para cada cosa, incluyendo la muerte. Esto además nos permite sintonizar los ritmos y patrones naturales y, por ende, conservar energía.

 

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