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5 campos de acción para revertir la crisis de ansiedad en que vivimos

AlterCultura

Por: pijamasurf - 03/11/2018

¿Por qué el progreso de la humanidad no se ha transformado en bienestar para todos?

"De la nada, nada", dijo hace siglo Parménides, o al menos eso afirma la tradición filosófica, y la afirmación es válida especialmente para todo aquello que atañe al ser humano, la única especie en este mundo que para sobrevivir inventó una cultura y probablemente también la única que elevó la invención a calidad de verdad.

En efecto: aunque a veces parece muy difícil pensarlo, todo lo que conocemos del mundo es producto de nuestra cultura, de las relaciones que creamos en el tiempo y de las interpretaciones que hacemos de los hechos que observamos. Y aunque a veces parezca que la realidad es la realidad, no deberíamos perder de vista que es la realidad que nos permiten ver nuestros ojos actuales, bajo las ideas y los conceptos en los que hoy creemos.

Bajo esa luz, ¿qué decir de la aparente crisis de ansiedad y depresión en que se vive ahora? En los medios, en la calle, acaso en nuestras conversaciones cotidianas o en la soledad de nuestra habitación nos encontramos con esos monstruos, que se dice que millones de personas traen a cuestas. ¿Pero por qué? ¿No se supone que estamos en un momento histórico en el que hay más bienestar que nunca? ¿Por qué a pesar de todo el "progreso" el ser humano no puede ser simplemente feliz o, mejor aún, estar tranquilo?

A continuación compartimos cinco factores que pueden estar fomentando dicha crisis en nuestra época, enlistados originalmente por Sarah Hunter del sitio wisdompills. En nuestro caso hemos agregado algunos artículos publicados en Pijama Surf que, consideramos, pueden ayudar a entender mejor el momento en que vivimos.

 

La tecnología de conexión 24/7

Entre todos los filósofos, pensadores, escritores y demás personajes que imaginaron el futuro, ninguno imaginó la docilidad y aun cierta alegría aparente con que nos pondríamos a nosotros mismos las cadenas de la sujeción y la obediencia. La tecnología que nos mantiene "conectados" en todo momento se alimenta de nuestra propia ansiedad: la falsa necesidad de estar "siempre" informados, la adicción a las recompensas fugaces e instantáneas, la estimulación permanente, el miedo al aburrimiento y el vacío de la existencia, y más. En una palabra: nuestras propias inseguridades. 

En Pijama Surf: Por qué ejecutivos de Google, Twitter y Facebook están apagando sus aparatos y desconectándose de la red

 

Las redes sociales

La relación entre el uso excesivo de las redes sociales y estados mentales y emocionales como la depresión y la ansiedad ha sido ampliamente documentada. Por la manera en que funcionan y fueron diseñadas, las redes sociales pueden minar la autoestima de una persona, haciéndole creer que su vida es menos valiosa que la vida de los demás, pueden contribuir a la sensación de soledad y, en general, alimentar pensamientos negativos sobre la vida. Como dijo recientemente uno de los fundadores de Facebook, esta red en especial fue creada para explotar una vulnerabilidad humana: el deseo de sentirnos acompañados, de saber que formamos parte de una comunidad y, en última instancia, la validación no siempre benéfica que buscamos en los otros. 

El problema es que las redes sociales se utilizan para resolver dichas necesidades, en vez de enfrentarlas en el contexto de la existencia propia. ¿Por qué necesitamos tanto la aprobación de los demás? ¿Por qué nos asusta tanto sentirnos solos? ¿Por qué nos parece indispensable conocer la vida de los otros? Responder esas preguntas quizá nos lleve a comprender mejor nuestras propias emociones y estados mentales; estar en las redes sociales sólo contribuye a evadirlas y, por lo mismo, postergar el momento de posible resolución.

En Pijama Surf: Esta mujer predijo en 1994 el lado oscuro de las redes sociales de forma increíblemente lúcida

 

Presión laboral

El mundo que hemos construido ha hecho necesario el trabajo. ¿Es posible que esto fuera diferente? Por el momento no lo sabemos, o al menos no a escala global. Pero por si esto no fuera suficiente, en cada momento de la historia dicha dinámica se "perfecciona" un poco más para hacernos sentir que el trabajo es cada vez más necesario pero cada vez más escaso. En consecuencia, el trabajo se impone poco a poco sobre la vida, consumiéndola, pero sin un sentido verdadero. "Tenemos empleos que odiamos para comprar cosas que no necesitamos", dice Chuck Palahniuk en El club de la pelea, una frase que resume a la perfección esa carrera absurda en la que perseguimos un "mejor" trabajo para supuestamente tener una "mejor" vida. Cabría preguntar, sin embargo: ¿mejor vida para quién?

En Pijama Surf: ¿Por qué aceptamos tan fácilmente trabajos que nos enferman, nos endeudan y nos esclavizan?

 

Alimentación

La alimentación es uno de los campos más sencillos en donde puede comenzar la liberación de patrones mentales que nos dañan tanto emocional como físicamente. Más allá de las investigaciones que señalan la relación de ciertos aditivos y sustancias de la comida industrializada con condiciones como la depresión o la ansiedad, en un nivel simplemente cotidiano podemos responder una pregunta muy simple: ¿por qué, si podemos elegir comer saludablemente, no lo hacemos?

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Sedentarismo

Nuestro cuerpo y aun nuestra mente evolucionaron a partir de la actividad física. El movimiento y el asombro son dos sensaciones indisociables en la necesidad de explorar el mundo que se impuso a nuestra especie. No obstante, ahora la vida de muchas personas es más bien pasiva, e incluso sus campos de acción están de algún modo estancados en la inactividad: trabajar 8 horas del día en un mismo sitio, llevar una rutina cotidiana más o menos idéntica siempre, entretenerse con actividades que demandan poco o nulo esfuerzo físico. ¿A dónde se va toda esa energía que circula por nuestro cuerpo y nuestra mente pero no se usa? Con cierta frecuencia, a los lugares menos deseables: nuestras adicciones, la agresividad acumulada, el sentimiento de inferioridad, etc. Como han demostrado los artistas, investigadores, deportistas y aun personas admirables que pueblan este mundo aunque no se hable de ellos y ellas en los noticieros, reconducir esa energía desperdiciada es una de las claves de la plenitud existencial.

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"Censo de hadas" revela que no es tan raro tener contacto con las hadas

AlterCultura

Por: pijamasurf - 03/11/2018

Una investigación documenta 500 experiencias donde se asegura haber tenido con contacto con un hada

Las hadas son criaturas que aparecen en los relatos folclóricos, particularmente de Europa, aunque tienen su contraparte en otros lugares. Las hadas tradicionalmente son vistas como espíritus femeninos que encantan, que revelan tesoros, llevan a realidades alternas o que confunden a las personas. Según la tradición, ciertas personas especialmente sensibles, poetas, místicos y demás, suelen llegar a estar poseídos o inspirados por un hada. Suelen ser pequeñas como mariposas, pero en ocasiones pueden aparecer de tamaño humano.

Uno pensaría que dentro de los anales de lo sobrenatural y lo fantástico en la época actual, los OVNIs y los extraterrestres han desplazado a estos seres, pero al parecer las hadas siguen irrumpiendo en la naturaleza o en la conciencia de las personas.

Recientemente se publicó un monumental documento llamado Fairy Census 2014-2017 (PDF) en el que se recuentan unas 500 experiencias de interacción con hadas en los últimos años. En el documento se incluyen detalles de estas interacciones, como los lugares en los que ocurrieron, la hora y cosas más interesantes como la descripción del cuerpo de estas hadas o incluso su humor durante el encuentro (ya que se sabe que las hadas suelen ser muy volátiles y veleidosas). También se recopila si el testigo ha tenido experiencias psíquicas o paranormales antes o si éstas se dieron bajo la influencia de alguna sustancia o alguna circunstancia especial. El autor de la investigación sostiene que no intenta comprobar la existencia de estos seres, sino sólo estudiar este fenómeno

Notablemente las experiencias tienen ciertos elementos que se reiteran, como escuchar "dulces murmullos"  (de aquí la idea de "campanita"), sentir cosquilleos o ver nubes brillantes.