*

X
Parece cada vez más usual que la condición del trabajo sea sustraer vida a las personas que lo realizan

El trabajo es una condición inevitable de la vida. Dicho esto no como una condena, tal y como se entiende en el imaginario judeocristiano, sino más bien como una circunstancia propia de la existencia. Sea por la finitud de la vida, por el modelo económico en que vivimos o por la cultura en que nos desarrollos, por razones existenciales o de otro orden, es necesario trabajar, e incluso en las fantasías utópicas de quienes han imaginado un mundo sin jornadas laborales, el trabajo no desaparece, en buena medida porque éste representa un medio de realización para el ser humano, es decir, una forma de materializar su deseo, su propósito en la vida, el sentido que ha encontrado a la existencia y más. Por eso el trabajo es indisociable de la vida.

Con todo, en nuestra época y ya desde hace algún tiempo, el trabajo ha virado hacia las antípodas de esos fines trascendentes. La industrialización de la vida y la dinámica entre la producción incesante y el consumismo exacerbado han exponenciado la vacuidad de los trabajos. La conocida enajenación del proletariado notada por Karl Marx –el distanciamiento entre el trabajador y su labor cotidiana, el hecho de considerarse únicamente como una pieza más de la maquinaria– se ha acentuado en las últimas décadas, además con otro efecto: la enajenación de la propia vida.

No es sólo que el trabajo ha dejado de ser un medio de realización, sino que además parece ser ahora uno de los principales obstáculos para poder cumplir dicha realización en otros ámbitos de la vida. Para muchos, el trabajo es como un risco frente al cual están parados y que les impide regocijarse con el resto del panorama.  

 

Trabajos que enferman

Para muchas personas, el primer precio que pagan por tener un trabajo es su salud. El cuidado del cuerpo decae poco a poco por la vía de una alimentación descuidada y la falta de actividad física. Comida rápida o chatarra, golosinas, bebidas azucaradas, son en muchos casos la dieta básica del trabajador promedio y, por otro lado, el ejercicio físico se desestima, se le llega a considerar algo prescindible, por más que nuestro cuerpo, por naturaleza o evolución, necesita moverse. ¿Te has preguntado qué efectos tendrán, de aquí a 10 años, los hábitos de salud asociados a tu vida laboral?

 

Trabajos que endeudan

Un elemento decisivo del capitalismo contemporáneo es la deuda, en prácticamente todos los niveles del sistema. El dinero ha consolidado su condición ilusoria al grado de que ahora es posible vivir sin ni siquiera verlo, por decirlo de alguna manera. A nivel personal y cotidiano, esto ha provocado el efecto un tanto irreal de vivir no con el dinero que se tiene, sino con aquel que se espera tener. La deuda, en un sentido simbólico, es asegurar para el futuro las condiciones presentes, negarnos por voluntad propia cualquier posibilidad de cambio.

 

Trabajos que esclavizan

El filósofo de origen coreano Byung-Chul Han ha llamado a la nuestra la “sociedad del rendimiento”, tomando esta palabra en el doble sentido de rendimiento como ganancia económica pero también como sinónimo de fatiga. Vivimos ahora agobiados, en apariencia, por el trabajo al cual nos dedicamos, por salir temprano de casa y regresar bien entrada la noche, por los pendientes que se acumulan y las tareas que no cesan.

Sin embargo, a decir de Byung-Chul Han, no es eso lo que nos rinde, sino algo más profundo: la autoexplotación a la cual nos sometemos voluntariamente. En su forma contemporánea, el capitalismo encontró la manera de que la explotación cuyo ejercicio antes recaía en un “amo” –un jefe, un patrón, un empresario, un gerente, etc.–, ahora esté en la conciencia misma del individuo, quien trabaja bajo la idea de que si no tiene lo que quiere es porque no se esfuerza lo suficiente –y bajo esa dinámica nunca se detiene a preguntar si de verdad desea aquello por lo cual dice estar trabajando.

Vivir bajo ese mandato deriva en fatiga y angustia. El sujeto que se cree “empresario de sí mismo”, que es amo y esclavo a la vez, vive aprisionado entre dos barreras: una, la de sus propias condiciones, que parecen siempre insuficientes; y otra, la de las condiciones externas, que lo animan a esforzarse por tener lo que nunca podrá alcanzar. Y no porque sea imposible tener lo que queramos, sino porque es imposible por definición en los términos que plantea el capitalismo.

El fin de la esclavitud –es decir, el comienzo de la libertad, de la vida auténtica– ocurre cuando podemos sacudirnos la dominación del amo, la lógica bajo la cual aprendimos a vivir, a desear, a amar, y descubrimos que tenemos lo necesario para ser no empresarios de nuestra vida, sino artífices de nuestra existencia, sujetos que viven en sus propios términos.

 

¿Por qué aceptamos tan fácilmente trabajos nos enferman, nos endeudan y nos esclavizan? ¿Será porque no estamos dispuestos a realizar el trabajo que implica la construcción de nuestra propia libertad?

 

Ilustraciones: John Holcroft

 

Twitter del autor: @juanpablocahz

5 evidencias que muestran que vivimos ya en el Antropoceno (para detrimento de todas las especies no humanas)

AlterCultura

Por: - 01/25/2017

5 puntos que denotan el vergonzoso legado que el ser humano está dejando al planeta

Diversos científicos piden declarar oficialmente que estamos ya en una nueva era: el Antropoceno, la era que se caracteriza por la influencia humana. Según el International Geological Congress que se reunió en Ciudad del Cabo esta semana, esta nueva era empezó como tal en 1950 con la dispersión de elementos radioactivos a lo largo del planeta. Otros rasgos que definen a esta era son la contaminación de plástico, el hollín dejado por las plantas de energía, el uso de concreto e incluso la proliferación de los huesos de pollos domésticos.

Hasta hace unos años se consideraba que vivíamos en el Holoceno, la época que inició hace cerca de 12 mil años con la última glaciación. La enorme aceleración de nuestra tecnología y sus efectos sobre el medio ambiente han hecho que los científicos argumenten que el nivel de transformación planetaria amerita un nuevo término.  

El filósofo Manly P. Hall dijo alguna vez que la Tierra nos había entregado un paraíso "y nosotros estamos devolviendo un basurero". La frase es dura, pero la evidencia tristemente la confirma. En la ceguera de la expansión económica a través de la tecnología es posible que llevemos a la mayoría de las especies del planeta a la destrucción, modifiquemos tanto la atmósfera que tendremos que abandonar nuestras ciudades y quizás, como sugieren algunos transhumanistas, incluso debamos confiar en colonizar otro planeta. Tal vez podremos seguir existiendo, pese a este desastre, y entonces seremos siempre aquellos que cargarán un oscuro pasado. Triste, sin duda, que estemos definiendo la historia planetaria por una serie de actividades tan destructivas, siendo que nuestra capacidad es proporcionalmente tan o más creativa y positiva. 

The Guardian ha compilado cinco puntos que evidencian la llegada del Antropoceno:

1. Un incremento en la extinción de plantas y animales por sobre el promedio histórico del planeta. La Tierra está en curso de ver cómo se extingue el 75% de todas las especies en los siguientes siglos si las tendencias se mantienen.

2. Un incremento en las emisiones de CO2 en la atmósfera, lo cual ha resultado en un calentamiento global que podría ser el más dramático desde la extinción de los dinosaurios. Esto a la vez se ha acentuado aumentando las emisiones de 280 partes por millón antes de la era industrial a 400 partes por millón actualmente.

3. Hemos llenado nuestros ríos, lagos y mares de tanto plástico que partículas de microplástico pueden observarse en todas partes y dejarán rastros fósiles por numerosas generaciones.

4. Se ha duplicado el nitrógeno y el fósforo en nuestras tierras de cultivo en el último siglo por el uso de fertilizantes. Esta podría ser la principal modificación al ciclo de nitrógeno en más de 2 mil millones de años.

5. Hemos dejado partículas aéreas como carbono negro en sedimentos y glaciares debido a la quema de combustibles fósiles, literalmente manchando nuestro planeta.