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3 claves para evitar enojarte, según la neurociencia

Salud

Por: Pijama Surf - 05/22/2017

Bloquear el enojo es contraproducente, pero existen otros métodos para cambiar este sentimiento que puede hacer que se nos nuble el panorama

El enojo, la rabia, la ira, son sentimientos en distintos niveles que pueden sacarnos de lo racional para convertirnos en seres reaccionarios, desde un lugar que carece de claridad. Si bien está comprobado que dejar ser a las emociones negativas (no estancarte en ellas sino dejar que se disuelvan) es benéfico para la salud, lo cierto es que un sentimiento como la ira puede hacerte pasar un muy mal rato con consecuencias lamentables, incluso a largo plazo.

Por ello, aprender a manejar el enojo es imprescindible en el camino de conocimiento de uno mismo. Cada día podemos acceder a herramientas que nos permitan lidiar con momentos malos, y, según la neurociencia, la clave yace bajo el hermoso velo de la compasión. Cuando una persona se sobrepasa con otra, por ejemplo (una de las principales situaciones que generan enojo), esta actitud (según dictan muchas tradiciones como el budismo) tiene su origen en la ignorancia. Es decir, alguien que comete una falta contra otro (incluso aunque sepa que está haciendo daño o disfrute del daño infringido) en realidad está siendo ignorante respecto a la propia naturaleza de la sabiduría, que es la compasión.

En lo anterior coinciden tradiciones espirituales y la ciencia, y para lograrlo distintos estudios sugieren que puedes calmar la ira haciendo un cambio de enfoque al momento de experimentar este sentimiento. Y aunque quizá lo primero que pienses es que esto es imposible, ya que te encuentras en un estado irracional, las siguientes recomendaciones podrían ayudarte a conseguirlo:

1. Distráete: si bien es cierto que cuando estás inmerso en un gran enojo es casi imposible, piensa cualquier otra cosa, como una operación matemática.

2. Ahora, no reacciones.

3. Cambia de enfoque: ten compasión por esa persona que te agrede o por los actores que provocan tal situación; piensa que el origen de su actitud es la ignorancia y sus propios problemas. Está comprobado que cambiar de enfoque hacia uno compasivo hace que tu mente experimente sentimientos más positivos.

Estudios neurocientíficos señalan que lo importante es que reenfoques la situación, no bloquear la ira, ya que ello puede ser contraproducente, pues esos sentimientos se guardan y pueden desembocar en enfermedades futuras. Así como el budismo y otras tradiciones lo señalan, la empatía y la compasión son la clave para modificar el sentimiento de ira. Recuerda: siempre hay ignorancia detrás de aquel que desemboca una situación que nos indigna. De hecho, está comprobado que cuando la mente experimenta compasión se produce la frecuencia vibratoria más alta en la mente.

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¿Por qué es bueno dejar que los niños se aburran?

Salud

Por: Pijama Surf - 05/22/2017

La sobrestimulación genera más ansiedad; los niños están perdiendo la oportunidad de entretenerse con su propia imaginación

Todos los males de los hombres vienen de una sola cosa: de no saber quedarse tranquilos en una habitación.

Blaise Pascal

Ya en el siglo XVI el famoso físico, matemático y pensador Blaise Pascal había advertido que uno de los grandes lastres de la cultura occidental es la poca tolerancia al aburrimiento, y quizás jamás imaginó que la abrupta necesidad de producir y estar entretenido llegaría a los niveles actuales, donde el aburrimiento es un sinónimo ineludible de estrés, ansiedad e incluso depresión.

El problema se alimenta de múltiples fuentes: la publicidad que nos invita a consumir como signo de progreso, la cultura del entretenimiento cada vez más sofisticada, e incluso Internet, donde la información y su premura nos hacen sentir que nunca estaremos completamente “al día”. Lo anterior se manifiesta desde la infancia; cada vez más niños son diagnosticados con ansiedad y los padres, para que sus niños no sufran, les proveen de las miles de herramientas que hacen que su hijo “haga muchas cosas a la vez” y se mantenga entretenido.

El problema es que sin cierta tolerancia al aburrimiento, la vida, paradójicamente, resulta mucho más aburrida. Hace menos de medio siglo, cuando ni la televisión ni los dispositivos habían llegado a la mayoría de las familias, los niños debían hacer uso de su imaginación con el fin de “no aburrirse”, pero hoy los hemos despojado de este reto y a largo plazo, del desarrollo de esta capacidad.

Recientemente, un profesor español publicó un exitosísimo post en Facebook, retomado por Verne, acerca de un juguete que se ha hecho viral en escuelas de todo el mundo (sí, aún sigue ocurriendo que se ponen de moda artefactos inesperados, como memes). Se trata de una especie de trompo con forma de una flor de tres pétalos que gira en su eje y permite hacer con él cuantiosos trucos. Al respecto el profesor hace una reflexión, sobre todo a partir del abrumador dato de que prácticamente el 100% de los niños de su escuela están diagnosticados como ansiosos.

En relación con esto, más allá de ahondar en este juguete, cuyo nombre es Spinner, se invita a que se profundice en el daño que le estamos haciendo a nuestra niñez permitiéndoles nunca aburrirse. Rafael Santandreu, psicólogo y autor de Las gafas de la felicidad, ha llegado incluso a sugerir que en las escuelas se enseñe a los niños a “no hacer nada, a mirar la pared durante 1 hora”. Lo anterior hará que puedan hacerse cargo de lo que ocurre en su mente sin querer evadirse necesariamente; luego llega, después de la ansiedad, una calma, la misma que hemos perdido.

Según Peter Toohey, autor de Boredom: A Lively History, el aburrimiento “puede contener un potencial de reflexión importante y puede ser un estímulo a la creatividad”. El aburrimiento, si no se intenta combatirlo, nos permite soñar despiertos, hacer uso de la imaginación, volver a asimilar el tiempo y nuestro lugar en él desde otro ángulo, entre otros hermosos beneficios.

Ya lo había advertido también Bertrand Russell:

Para llevar una vida feliz es esencial una cierta capacidad de tolerancia al aburrimiento. La vida de los grandes hombres sólo ha sido emocionante durante unos pocos minutos trascendentales.