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El universo es una red de redes. Conectamos esta red de filamentos galácticos con nuestro proceso cognitivo: somos una red que conoce a otra red, que se hipervincula, que se refleja, que espejea el cielo con la mente

El filósofo Manly P. Hall alguna vez dijo: "si podemos sacar la unidad donde la podamos ver puede hacer mucho bien", esto bajo el entendido de que la unidad indivisible es la realidad subyacente de todas las cosas y que la separación es una ilusión que genera sufrimiento. El proyecto Network Universe ha puesto su "píxel de arena" para de alguna manera sacar a relucir a esta unidad, que debemos ser capaces de ver.

La fundación Illustris y la diseñadora Kim Albrecht han materializado esta visión construyendo una simulación en 2D de la llamada red cósmica en la cual se visualizan la densidad gaseosa, la temperatura y la velocidad de filamentos de hidrógeno interconectados, los cuales forman la mayor parte de la materia en el universo y trazan también la distribución de la materia oscura. Sabemos que la mayor parte de la materia del universo no está en las concentraciones de galaxias y estrellas sino en el espacio intergaláctico, en lo que aparenta ser la vacuidad del espacio. Sobre el aparente vacío se teje esta madeja, esta red cósmica.

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Esta visualización matemática no sólo tiene alta fidelidad científica; es también una experiencia inmersiva e interactiva que permite tener una aproximación a la experiencia de recorrer la red cósmica, de estar entreverado en sus entrañas de luz y viajar hacia el corazón de esta telaraña intergaláctica cuyo centro está en todas partes y cuya circunferencia no está en ninguna parte (visita este link para seguir los hilos de la red cósmica). El verdadero camino (el Tao) es una red de caminos.

Es esta red de filamentos galácticos la misma que anteriormente había sido visualizada con un misterioso parecido a las redes sinápticas del cerebro animal (VER IMAGEN). Al parecer, como es arriba es abajo, y la forma en la que se conectan las neuronas es similar en su complejidad a la forma en la que se conecta el tejido cósmico. 

A algunos les parecería que proponer una visión unitaria del cosmos de esta magnitud es "estirar la liga" demasiado, pero en realidad no es ni siquiera una metáfora o una hipérbole que nos sirve de poético consuelo ante la inmensidad. Físicos han encontrado que la naturaleza fundamental del espacio es el entrelazamiento cuántico, la propiedad que une a dos partículas --como si fueran una misma-- no obstante la distancia a la que se encuentren y de la cual emerge la geometría del espacio-tiempo. Es decir, incluso más esencial que toda la materia y las fuerzas físicas conocidas es esta concatenación entre los diminutos y fluctuantes ladrillos que constituyen todas las cosas. Quizás de la misma manera en que los electrones están unidos por una misteriosa red de conexiones instantáneas, en el espacio macrocósmico se extiende una red de tenues filamentos galácticos que conforma el sutil esqueleto del universo. En los Vedas se dice que primero fueron los sampad, los vínculos. El tejido es lo primigenio, eso que mantiene por siempre la unidad. 

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Se produce la sensación de que cuando miramos a la profundidad del espacio estamos mirando un inmenso entramado mental y cuando miramos hacia dentro, en nuestra mente, estamos mirando un pequeño andamiaje celestial. Como si de una primera radiación, de un arquetipo de la emanación de la energía todas las cosas tomaran patrón, en forma y función, y todo lo que ocurre aquí es un eco de lo que ha ocurrido antes, allá. La mente es idéntica al espacio, dicen muchos de los más grandes maestros del budismo tibetano, como Longchen Rabjam:

La mente en sí misma es la vasta expansión, el reino del espacio incambiable.

Su despliegue indeterminado es la expansión de la expresión mágica de su responsividad.

Todas las cosas son sólo los adornos del espacio básico y nada más.

Hacia adentro o hacia afuera, las cosas proliferando y resolviéndose son la energía dinámica de la mente despierta.

Porque esto no es nada en realidad y sin embargo surge como todo lo que puede ser, es su expresión maravillosa y mágica, asombrosa e insuperable.

Esta red cósmica me hace pensar en las grandes imágenes de interconexión que se han ideado en la antigüedad, quizás tan válidas, en su poder intuitivo, como estas visualizaciones científicas. Pienso en el famoso collar de perlas del dios Indra:

Lejos en la mansión celestial del gran dios Indra hay una fabulosa red que ha sido colgada por un astuto artífice, de tal manera que se extiende infinitamente en todas direcciones. En sintonía con los gustos extravagantes de las deidades, el artífice ha colgado una joya resplandeciente en cada “ojo” de la red, y como la red es en sí misma infinita en dimensión, las joyas son infinitas en número. Ahí cuelgan las joyas brillando como estrellas de primera magnitud, una suprema visión que sostener. Si seleccionamos arbitrariamente una de estas joyas para inspeccionar y la analizamos de cerca, descubriremos que en su superficie azogada se reflejan todas las demás joyas de la red, infinitas en número. No sólo eso, sino que cada una de las joyas reflejadas en esta joya también está reflejando todas las otras joyas, así que hay un número infinito de procesos de reflejo ocurriendo. (Francis Harold Cook en su libro Hua-Yen Buddhism: The Jewel Net of Indra)

La red de Indra es una metáfora del concepto budista de originación dependiente, el cual sostiene que todas las cosas dependen de otras, y así sucesivamente sin llegar a una esencia independiente, y por lo tanto no tienen sustancia, son meramente como despliegues mágicos (los reflejos perlados) sobre el vacío. "Según Parménides el propio ser está rodeado por los 'vínculos de cuerda' de la poderosa Ananké [la necesidad]. Y en la visión platónica aparece una inmensa luz 'ligada al cielo como los cañamos que fajan las quillas de las trirremes, abarcando así su completa circunferencia'", escribe Roberto Calasso. El cuerpo de Ananké, la diosa de la necesidad cuyas hijas tejían los destinos, puede observarse como una concatenación de hyperlinks, una vasta red "que ciñe circularmente el mundo, está cubierto por una faja coloreada, que podemos ver en el cielo como una Vía Láctea, o también en perfecta miniatura, en el cuerpo de Afrodita".  

Sólo queda el acto esencial de maravillarnos y celebrar poder ser parte de este misterioso organismo cósmico. El modelo presentado ciertamente es un avance en la visualización de eso que los antiguos sostuvieron como una noción indisputable: que todas las cosas estaban conectadas por una red de simpatías y afinidades y que era el sello de la unidad que en cada parte podían observarse todas las otras partes del cosmos. Esta arquitectura del gran edificio cósmico empieza a vislumbrarse también para la ciencia moderna que inevitablemente llegará, después de mucho esfuerzo y extravío, al origen, a la visión rutilante de la armonía universal.  

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Twitter del autor: @alepholo

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3 hábitos creativos que podemos aprender de las grandes mentes de la historia

AlterCultura

Por: pijamasurf - 04/20/2016

¿De dónde viene esa chispa de genialidad y creatividad que parecen poseer las grandes mentes de la historia? El psicólogo organizacional Adam Grant explica cómo todo podría ser fruto de 3 hábitos

Cuando hablamos de creatividad y originalidad debemos enfrentar ciertas creencias muy difundidas al respecto. Por ejemplo, una de ellas es esa que dicta que hay personas que nacen con poderes creativos superiores y están destinados a la grandeza, de tal forma que esos son los líderes y el resto estamos predestinados a ser simples seguidores. El psicólogo organizacional Adam Grant reta estas nociones en su libro Originales: cómo los inconformistas mueven al mundo. Según Grant, todos podemos incrementar nuestra creatividad y aprender de estas grandes mentes aquellos hábitos que los hacen quienes son y les han permitido transformar el mundo en que vivimos de una forma u otra. De acuerdo con él hay tres características o hábitos de estas grandes mentes a quienes da el nombre de “originales” y que pueden decirnos mucho sobre la creatividad. 

 

1. Los originales procrastinan

Procrastinar es dejar las cosas para después y Edward Young describió esta costumbre como como “el ladrón del tiempo”; sin embargo, según Grant, muchos de los individuos que consideramos como las grandes mentes de la historia fueron procrastinadores. ¿Entonces cómo lograron algo si siempre dejaban todo para después? Bueno he ahí el quid del asunto: básicamente, en ésta como en muchas otras cuestiones, ningún extremo es bueno. Por un lado la gente que espera hasta el último minuto está demasiado apresurada para tener ideas y aquellos que en lugar de procrastinar, precrastinan, es decir que realizan las tareas inmediatamente, están demasiado estrellados como para tener ideas. De tal manera que hay un punto de equilibrio, un camino de en medio, algo que el psicólogo califica como “procrastinación moderada”, la cual ciertamente permite incrementar la creatividad. 

El mecanismo funciona de la siguiente manera: la persona en cuestión recibe una tarea, que por supuesto decide postergar y mientras esto sucede la idea es como una semilla en el fondo de su mente que germina mientras realiza otras actividades. Entonces, en el devenir de su cotidianidad va teniendo ideas al respecto; esto es como un tiempo de incubación creativa que finalmente lleva a un hallazgo creativo. Por ejemplo, Leonardo da Vinci se tardó 18 años en terminar su famosa Monalisa, pero  su trabajo resultó visionario y marcó un parteaguas en la historia del arte. De acuerdo con Grant, dejar la tarea hasta el último minuto les permite a los creativos mantenerse abiertos a nuevas ideas. Martin Luther King encontró la inspiración de último minuto para dar su famoso discurso en el que empieza diciendo “Tengo un sueño…”.

 

2. Los originales buscan opciones

Frecuentemente las ideas más originales no vienen de las mentes más especializadas, sino de aquellas que están dispuestas a abordar los problemas desde una perspectiva más amplia. Según Grant, “el sello distintivo de la originalidad es rechazar el estándar y explorar si existe una mejor opción”. Las personas creativas tienen montones de malas ideas y unas cuantas buenas, que son las que finalmente los hacen célebres, por lo cual el psicólogo recomienda dejar ir la ansiedad que nos puede provocar el pensamiento de ser juzgados por nuestras malas ideas. Por regla general,  las grandes mentes producen muchos trabajos para lograr unas cuantas obras maestras. El escritor Ray Bradbury, por ejemplo, nunca fue a la universidad pues su familia carecía de los recursos económicos para costearlo; se quedó en su pequeño pueblo, pero no por eso sin opciones. Fue a la biblioteca y se enamoró de los autores detrás de los libros. Decidió ser escritor y se dedicó a escribir una historia diaria. Algunas fueron aprobadas para ser publicadas, otras no, algunas más ganaron premios años después. El punto es que el monto de obra que creó fue mucho mayor que el que finalmente alcanzó reconocimiento. Así que el corazón de esta enseñanza es que si queremos tener mejores ideas o resultados tendremos que probar muchas malas ideas, porque esto es parte del proceso creativo que nos lleva a encontrar respuestas diferentes.

 

 3. Los originales fracasan

Puede ser que las mentes maestras mostraran mucha seguridad al proyectarse al mundo exterior o que simplemente el gesto de retar lo establecido nos dé esa impresión. Pero en realidad, en su fuero interno tienen tantas dudas como cualquier otra persona. Sin embargo, dado su carácter creativo esto no los detiene sino que los lleva a realizar una serie de planes de alternos que cubran diferentes escenarios y emergencias, un respaldo. 

La cuestión es que los originales no se dejan aplastar o detener por sus dudas. No permanecen en el miedo hasta que éste los paraliza sino que continúan avanzando, de tal manera que cruzan esa parte del proceso en el que se dicen cosas como “¿qué diantres estoy haciendo?” o “¡esto es una basura!” a la parte del proceso en el que la creatividad repunta y entonces vuelve el entusiasmo por el proyecto y la certeza de que se debe realizar. El punto medular es que a pesar de sus dudas “los originales” toman riesgos, es decir que la idea de fracasar no les resulta tan terrible como la idea de no intentarlo. Es justamente este último punto el que deja muy claro por qué las grandes mentes son tales, porque para ser original o creativo no tienes que ser el mejor, sólo tienes que ser fiel a ti mismo y por lo tanto, diferente.