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¿Quieres sabotear tu centro de trabajo? Este manual de la Segunda Guerra Mundial te dice cómo

Por: pijamasurf - 11/22/2015

Si tu trabajo es tu enemigo, quizá podrías aprovechar estas tácticas de la inteligencia estadounidense en tiempos de la Segunda Guerra Mundial para sabotearlo

16467626851_8e8e97c1b5_zEl trabajo puede ser la ocupación más satisfactoria o la más pesarosa de nuestra vida cotidiana, dependiendo las circunstancias en que nos encontremos. Hacer lo que nos gusta es sin duda placentero, pero pasar 8 horas continuas o más empleados en una actividad que nos desagrada bien puede considerarse una forma de tortura.

En tiempos de la Segunda Guerra Mundial, personal de la Oficina de Servicios Estratégicos del gobierno de Estados Unidos (el antecedente directo de la CIA) redactó un manual para sabotaje para el centro de trabajo. La premisa podría parecernos extraña o inusual ahora, pero no si pensamos que en contextos bélicos ha ocurrido que una población local termine trabajando para el bando enemigo porque, por ejemplo, sus tropas han tomado el control de su país. Así sucedió, por ejemplo, cuando el régimen nazi se extendió por buena parte de Europa central.

En ese sentido, el Simple Sabotage Field Manual guarda cierta coherencia con esa lógica de combatir al “enemigo”, atacarlo en todos los frentes posible y no sólo con las vistosas maniobras militares del campo de batalla, sino también con las acciones de todos los días que aunque pequeñas, también son importantes. O al menos ese es el discurso ideológico, la forma de convencer a los ciudadanos comunes y corrientes de que esa también es su guerra.

En su versión completa, el manual también instruye sobre el sabotaje de máquinas, cómo iniciar incendios en almacenes y otros edificios, cómo perturbar el sistema de transporte, y otras situaciones de la vida diaria. Las que compartimos a continuación son las ocho recomendaciones principales para dinamitar (figurativamente) desde dentro el lugar de trabajo: hacer que nada funcione y que poco a poco una empresa se vaya a pique, que fracase y quiebre. 

-Insista en hacer todo a través de canales. Nunca permita atajos para tomar decisiones expeditas.

-Pronuncie discursos. Hable tan frecuentemente como sea posible y con gran duración. Ejemplifique sus “argumentos” con anécdotas extensas y relatos de experiencias personales.

-Siempre que sea posible, remita todos los asuntos a comités para “su estudio y consideración”. Intente formar comités tan numerosas como sea posible, nunca menores a cinco integrantes.

-Aluda a asuntos irrelevantes con tanta frecuencia como sea posible.

-Discuta sobre la exactitud de las palabras en las comunicaciones, las minutas y las resoluciones.

-Refiérase a un asunto anterior decidido en la última reunión e intente reabrir la discusión sobre la conveniencia de dicha decisión.

-Aconseje “cautela”. Sea “razonable” y exhorte a sus compañeros a que sean también “razonables” y eviten la prisa que podría resultar después en situaciones vergonzosas o dificultades.

-Preocúpese por lo adecuado de cualquier decisión. Pregunte si la jurisdicción de ésta recae en el grupo o si tal vez entrará en conflicto con la política de una instancia superior.

Si alguno de estos comportamientos te parece conocido, quizá podrías comenzar a sospechar si alguno de tus colegas no es un espía encubierto con la misión secreta de minar la actividad productiva de tu país.

 

También en Pijama Surf: Si vas a renunciar a tu trabajo, hazlo con estilo: mira el ejemplo de Faulkner

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El efecto de viajar al espacio (experiencias místicas a gravedad cero)

Por: pijamasurf - 11/22/2015

En repetidas ocasiones, varios astronautas han reportado que contemplar la Tierra desde el espacio produce una sensación mística; un investigador busca determinar qué es lo que le sucede al organismo humano cuando viaja al espacio

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¿Es el espacio un droga cósmica? ¿El viaje del espacio, un viaje del espíritu? ¿Un desdoblamiento literalmente astral, de la matriz de la Tierra a las estrellas? Más allá de la belleza de contemplar las luces del universo o admirar nuestro planeta desde fuera de su atmósfera, existen reportes que señalan que viajar al espacio coloca a la conciencia humana en un estado alterado, descrito por algunos astronautas como un sentimiento oceánico de conexión cósmica. 

Algunos neurotransmisores del cerebro humano, como la melatonina, están estrechamente ligados a los campos magnéticos; esto permite especular que estar expuesto a un campo magnético distinto podría afectar la forma en la que se procesa la realidad. Algo que el mismo Stanley Kubrick parece sugerir en su película 2001: Odisea en el espacio, donde diferentes atmósferas –o la falta de ellas— alteran la conciencia de un astronauta.

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Diversos astronautas han descrito experiencias de  euforia e interconexión con el universo en el espacio. Rusty Schweikart tuvo una experiencia de conciencia cósmica al dar una caminata espacial en la misión del Apolo 9, como parte de una prueba de lo que sería el primer alunizaje. “Cuando das una vuelta por toda la Tierra en 1 hora y media, empiezas a reconocer que tu identidad es con el todo. Esto hace un cambio –llega a ti de forma tan poderosa que sientes que eres el elemento sensible del Hombre”, dijo Schweikart.

El astronauta Edgar Mitchell, el hombre que más tiempo ha estado en la Luna, reportó experimentar lo que llamó el “overview effect”, el efecto que ocurre al observar la Tierra desde arriba. Al igual que Schweikart, Mitchell sintió una profunda conexión entre todas las cosas y una sensación de euforia intemporal. Otros astronautas han narrado experiencias similares –las cuales han tenido secuelas ya de regreso en la Tierra.

El neurocientífico Andy Newberg se encuentra justamente investigado si este efecto de viajar al espacio en la conciencia es solamente el resultado de la magnitud de la impresión que causa en los astronautas dejar la atmósfera de la Tierra, o si en realidad es un fenómeno fisiológico. Newberg planea medir los cambios en el cerebro de los primeros turistas espaciales con algún lector encefalográfico, para poder determinar si el espacio altera la función cerebral del ser humano o si las experiencias reportadas son subjetivas.

¿La gravedad cero crea nuevas conexiones neurales? ¿O la simple vastedad y belleza del espacio generan naturalmente una respuesta psicológica que llega a traducirse en una experiencia mística? Estas son algunas de las preguntas que Newberg planea responder.