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¿Venderías a tus amigos? Si usas redes sociales, probablemente ya lo hiciste

Por: pijamasurf - 09/16/2015

Las relaciones e interacciones de tus redes sociales permiten conformar nuevos tipos de publicidad y mercadeo diseñados para darte a la vez la sensación de autonomía y ofrecerte formas de consumo "no materialistas"

 viral

La economía del compartir, los Creative Commons y la noción de que el Internet ha inaugurado una nueva era de las relaciones económicas entre las personas, sin duda tienen usos y aplicaciones maravillosas para la diseminación del conocimiento y la apertura de la conciencia; sin embargo, parafraseando a Walter Benjamin, "no hay afuera del capitalismo", y cualquier medio disponible para liberarnos de su magnetismo parece de antemano destinado a sucumbir a su exigencia.

La amistad no parece escapar a este influjo: esquemas aparentemente "amigables" como las tarjetas de regalo, los cafés prepagados o las latas de Coca-Cola con nombres, apelan a una economía basada en el comportamiento social y lo que se espera de este dentro de una comunidad. Aunque a la larga tal vez paguemos más del precio fijado por un producto, a nadie le gusta verse tacaño ("codo" o "marro", como decimos en México). Aunque la economía clásica (digamos, positivista) afirme que el individuo buscará maximizar la ganancia minimizando la inversión, en el esquema de la cortesía y la gratitud social esta lógica se ve desbancada por la expectativa social y el sentido de pertenencia a una clase social, para lo cual Facebook es también un poderoso aliciente.

Facebook introdujo una nueva significación de la palabra "amigo" al catalogar a tus contactos bajo esa categoría. Tempranas redes sociales como Metroflog, Hi-5 o MySpace no ponían un énfasis tan desmedido en la parte "social" de la experiencia en línea, y probablemente por eso sus utilidades se redujeron mientras Facebook creció como la espuma. Y es que la palabra "contactos" es muy impersonal, muy neutra, muy "profesional": la gente no quiere sentir que está trabajando mientras está en las redes sociales, pero lo cierto es que al compartir contenido en línea, nuestras interacciones sociales están siendo analizadas (clasificadas, vendidas, etc.) para realizar un nuevo tipo de marketing "a la medida", como los nuevos ads en Instagram (propiedad, recordemos, de Facebook): ¿no te gusta este comercial?, no te preocupes, tenemos muchos otros que mostrarte.

Cuando compartimos en redes sociales algo que comemos, algo que nos compramos o simplemente nos tomamos una selfie, no estamos compartiendo desinteresadamente una experiencia sino buscando el reconocimiento de otros como parte de una necesidad de identificación de clase. Mucho podríamos discutir sobre si nuestros gustos son realmente "nuestros" (pues cada vez más parece que vivimos en una distopía donde el gusto individual obedece a targets y tipos de público cuidadosamente delimitados por las marcas), pero en el ámbito práctico, "compartir" nuestros hábitos de consumo en las redes sociales no hace sino alimentarlas con el conocimiento de primera mano sobre la forma en que gastamos nuestro dinero --además de darles herramientas para llegar hasta nuestros bolsillos.

A nadie le gusta pensar en sí mismo como un "mero" consumidor, por lo que las marcas se esfuerzan más y más en parecer amigables: colocar ingredientes sociales a tu experiencia (como un sencillo botón de "compartir") funciona como publicidad gratuita para ellos, y a nosotros nos da la sensación de que no estamos comprando o consumiendo sino "compartiendo", lo cual es mucho más grato a nivel semántico. La marca no necesita invertir su presupuesto de publicidad en costosas campañas en medios: simplemente puede hacer un video viral que la gente quiera compartir "orgánicamente", o asociarse a personas ("influencers") o instituciones respetadas por cierta comunidad para capitalizar la asociación.

Un buen ejemplo de ese marketing orgánico que apela a valores sensibleros es el comercial/cortometraje My dad's story. Producido como una pieza de contenido viral-feel good, ha capitalizado casi 11 millones de visitas en YouTube para una importante compañía de seguros.

Pero si el altruismo y los buenos valores son así de rentables, ¿quiere decir que las corporaciones y las marcas son las "malas" en este juego? No necesariamente. Como afirma el sociólogo inglés William Davies, las redes sociales son tan adictivas porque nos permiten "experimentar la vida social despojada de todas sus frustraciones y obligaciones". Por eso nos sorprendemos a nosotros mismos revisando las notificaciones del celular en una fiesta con amigos: deseamos ese ápice de atención "gratuita" de los likes y favs en lugar de tener que invertir tiempo, esfuerzo y atención en nuestros camaradas del mundo real.

Para Davies, lo compulsivo de las redes sociales --lo que a su vez permite que las compañías capitalicen nuestro tiempo e interacciones en línea-- parte de que la gente "busca desesperadamente algún tipo de interacción social, pero de un tipo que no limite en absoluto su autonomía personal y privada", lo que va mucho en consonancia con la filosofía de los mejores mercadólogos del los social media: ataquemos la versión individualista y materialista del mundo actual mientras hacemos productos y servicios que la gente pueda consumir sin sentirse "consumidor". 

Tener una larga lista de amigos en Facebook puede hacerte sentir popular, pero el mayor beneficiado de tu popularidad, además de la red social misma, son las marcas que pueden analizar tus interacciones con "amigos" y saber más de ti. Lo más perturbador y sorprendente de esto es que en realidad somos los usuarios los que hemos permitido este estado de cosas, y además de dejar de participar en las redes sociales en línea, no parece que haya mucho que hacer para ir en contra.

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William Burroughs lee a Edgar Allan Poe para un juego de PC noventero

Por: pijamasurf - 09/16/2015

La voz del escritor beat William Burroughs usada en un viejo juego para PC

William-Burroughs

People often ask me if I have any words of advice for young people.

Well here are a few simple admonitions for young and old.

Never intefere in a boy-and-girl fight.

Beware of whores who say they don't want money.

The hell they don't.

What they mean is they want more money. Much more.

If you're doing business with a religious son-of-a-bitch,

Get it in writing.

His word isn't worth shit.

Not with the good lord telling him how to fuck you on the deal.

William Burroughs 

 

William Burroughs fue una de las figuras más importantes de la generación beat, además de ser uno de los espíritus más libres de su tiempo, participando en y experimentando con proyectos de diversa índole.

Una de las colaboraciones más peculiares de Burroughs se encuentra en el videojuego para PC The Dark Eye, un juego de terror lanzado en 1995, de la compañía ahora extinta Inscape.  

El juego está basado en algunos cuentos de Edgar Allan Poe en donde el jugador puede experimentar tres historias desde la perspectiva de la víctima y el asesino: "El barril de amontillado", "El corazón delator" y "Berenice".

En el juego Burroughs hace la voz del personaje Edwin, así como las voces en off de dos secuencias que ilustran el cuento "La máscara de la muerte roja" y el poema "Annabel Lee".

The Dark Eye no tuvo mucho éxito tras su lanzamiento; sin embargo, el tiempo lo ha vuelto un juego de culto.

En 1993 Burroughs realizó una colaboración postal muy conocida con Kurt Cobain; no obstante, esa no es la única colaboración musical en la que participó. En ese mismo año salió el disco Spare Ass Annie and Other Tales, una colaboración con la banda de hip hop norteamericana The Disposable Heroes of Hiphoprisy.

Spare_Ass_Annie_and_Other_Tales

En este disco Burroughs lee extractos de sus libros, sobre un fondo de música compuesta por la banda estadounidense. Aquí una de las colaboraciones de Spare Ass Annie and Other Tales: