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Historia y orígenes del "Ojo que todo lo ve": mucho más que el símbolo Illuminati

Por: pijamasurf - 08/13/2014

El símbolo aparece en playeras, tazas y por todo internet: pero los orígenes del "Ojo que todo lo ve" van mucho más atrás en el tiempo que el billete de un dólar, y ha formado parte de la iconografía de todas las religiones

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El "Ojo que todo lo ve" ha impregnado desde hace muchos años la cultura popular como un símbolo que remite inevitablemente a los Illuminati, la supuesta secta secreta que controla las vidas y destinos de los seres humanos a través de sus conexiones políticas, económicas y culturales.

Pero la historia de este signo se remonta mucho más atrás en el tiempo. El investigador David Percival ha trazado una minuciosa historia de los orígenes de este símbolo, el cual, como muchos otros (la cruz, sin ir más lejos) ha sufrido cambios históricos importantes en cuanto a su sentido iniciático original --significados que muchas veces invierten las doctrinas de quienes le otorgaron poder.

Y es que, aunque no seamos creyentes de las numerosas religiones y disciplinas esotéricas que componen la vida espiritual de nuestro planeta, lo cierto es que la fe otorga relevancia a ciertos símbolos por encima de otros. El "Ojo que todo lo ve", sin ir más lejos, es hoy una especie de recordatorio del poder de la élite financiera a través de su impresión masiva en los billetes de un dólar; pero su primera aparición se remonta a mucho tiempo antes de la existencia de los billetes verdes.

Hinduismo

El Rigveda (uno de los más antiguos textos de la humanidad, que data del año 3000 a. n. e.) hace referencia al Sol y otras deidades "oculares" a través de la mirada.

Shiva tiene tres ojos, el tercero en mitad de la frente, en referencia a un conocimiento ilimitado, que destruiría todo lo que viera cuando se abra.

Sin embargo, el ojo de Shiva también está ligado a la sabiduría divina, que arrasa con el mal y la ignorancia.

Budismo

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Para el budismo, Buda es "el Ojo del Mundo", y la iconografía de los textos y templos de Nepal suele presentar el símbolo de un ser que mira hacia el frente con un ojo de oro en el centro de la frente (otra referencia al tercer ojo).

Las estatuas de Buda en toda Asia también lo muestran con esta tercera mirada iluminada, símbolo del despertar final.

Egipto Antiguo

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Egipto tiene el Ojo de Horus (también conocido como el Ojo de Ra), el cual también está ligado a las deidades solares. Se decía que el ojo izquierdo de Horus es la Luna y el derecho es el Sol.

Según una interpretación más moderna, el Ojo de Horus sería una especie de mapa de la corteza cerebral, con el tálamo y las glándulas pineal y pituitaria representadas por las aristas, cejas y pestañas del ojo.

Medio Oriente

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En el judaísmo y otras religiones de Medio Oriente, el Ojo que todo lo ve aparece en la forma de un símbolo llamado Hamsa, Khamsa o Hamesh. Se trata de un ojo en la palma de una mano, que suele colocarse en casas o llevarse como amuleto de protección contra el "mal de ojo" (enfermedades provocadas por la envidia del ojo de los enemigos.)

Sus orígenes se remontan a Mesopotamia, donde la mano de Ishtar era un poderoso signo de protección divina. También se le conoce como "la mano de Fátima" en el Islam. En Grecia y Turquía existe un símbolo similar, el Nazar, usualmente sin la mano: se trata de círculos concéntricos azules y blancos de vidrio que dan la apariencia de un ojo.

 Cristianismo

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Para el cristianismo, el Ojo que todo lo ve es "el Ojo de la Providencia", y apareció en el siglo XVI. El ojo se encuentra dentro de un triángulo, representando la ubicuidad de la Santísima Trinidad, así como la omnipresencia divina y su vigilancia constante sobre su creación.

Representaciones del Ojo de la Providencia como la de la Iglesia de San Juan Bautista en Alsacia, Francia (1763) parecen estar relacionadas con la fundación de los Illuminati bávaros en 1776; la influencia masónica y su gusto por la geometría sagrada podría aportar otra relación interesante.

Cultura popular y teorías de conspiración

El Ojo que todo lo ve ha sido interpretado en tiempos recientes como un eufemismo para referirse a la vigilancia global, promovida especialmente por el gobierno de Estados Unidos a través de la CIA, y más recientemente por el proyecto PRISM.

El símbolo aparece sugerido en la portada de uno de los más recientes álbumes del músico y virtuoso John Zorn, Psychomagic.

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Un hombre dio Like a todo lo que vio en Facebook durante 48 horas: el resultado es aterrador

Por: pijamasurf - 08/13/2014

Tratar de saturar el algoritmo de Facebook convirtió el feed de noticias de este hombre en el equivalente de un periódico que en lugar de noticias mostrara únicamente publicidad: una pesadilla hacia la que lenta e inexorablemente parecen dirigirnos nuestras interacciones online
[caption id="attachment_82584" align="aligncenter" width="630"]like-facebook Imagen via www.trendyshout.com[/caption]

Matthew Honan, reportero de Wired, emprendió una investigación potencialmente suicida para sus propias redes sociales: durante 48 horas (según él, no pudo soportar más) dio like a todas las publicaciones que aparecieron en sus Noticias de Facebook. No importa que se tratara de un bombardeo en Gaza repleto de propaganda pro-israelí, un artículo sobre las vacas transgénicas o un mal chiste de un contacto con el que no habla desde la primaria: durante 48 horas, Honan decidió que le gustaría todo lo que Facebook pusiera en su camino.

Las consecuencias fueron desagradables.

Dar “Me gusta” es un acto económico

Los likes son una nueva referencia métrica tanto de éxito individual como corporativo: las campañas de publicidad y su penetración en las redes sociales cuentan solamente con este acto solitario de solidaridad (el like) para medir qué tan bien funcionan sus estrategias de comunicación.

En otras palabras, los likes no son solamente un gesto de aprobación de cosas que efectivamente nos gustan, sino que tienen consecuencias económicas importantes para las empresas y marcas; es por eso que se pelean desesperadamente nuestros pulgares arriba.

¿Pero cómo se comporta el algoritmo de Facebook cuando comienzas a comportarte como un ser inseguro que miente y afirma que le gustan cosas que no le gustan? Comienzas a comportarte como un robot; y los robots lo notan, haciéndote parte de ellos.

Y es que según Honan:

Facebook utiliza algoritmos para decidir qué mostrar en tus noticias. No es solamente un desfile de actualizaciones secuenciales de tus amigos y de cosas por las que has expresado algún interés. En 2014, el News Feed es una presentación curatorial estilizada, que se te entrega según una complicada fórmula basada en las acciones que realizas en el sitio y a través de la red.

like

La meta de Honan era tratar de ver qué pasaba con este algoritmo cuando el usuario parecía gustar de todo absolutamente, “como si le dijera continuamente ‘Muy bien, robot, me gusta esto'”.

Antes de las primeras 24 horas, Honan notó las primeras consecuencias. De hecho, “luego de revisar y dar like a un montón de cosas en el curso de la primera hora, ya no había seres humanos en mis noticias. Todo se volvió marcas y sus mensajes, en lugar de humanos y sus mensajes”.

La secuencia con la que aparecían los posts después de las primeras 24 horas fue esta:

Huffington Post, Upworthy, Huffington Post, Upworthy, un comercial de Levi’s, Space.com, Huffington Post, Upworthy, The Verge, Huffington Post, Space.com, Upworthy, Space.com.

Para Honan, “los robots de Facebook decidieron que la manera de conservar mi atención era esconder a toda la gente y mostrarme solamente las cosas que otras máquinas hacían. Extraño”.

Las consecuencias propiamente “sociales” (es decir, de interacciones propiamente humanas, en un sentido que tal vez en 2014 ya sea anacrónico) fueron que los amigos de Honan comenzaron a quejarse con él o preguntarle si había sido hackeado, pues sus Noticias estaban llenas de cosas a las que que Honan había dado Like.

“Al darle Like a todo, convertí mi Facebook en un lugar donde no había nada que me gustara”.

El botón “Me gusta” probablemente será recordado por las generaciones futuras como un acuerdo civilizatorio que le quitó a los humanos la responsabilidad sobre sus gustos individuales en favor de las máquinas; la historia de Honan es solamente un experimento inofensivo de en lo que podrían convertirse las interacciones sociales en un futuro cercano, si dejamos que nuestra actividad online se vuelva una serie de automatismos inconscientes.