Huei Tzompantli: el muro de cráneos que Isabel Díaz Ayuso usó para defender la Conquista
Política
Por: Yael Zárate Quezada - 05/14/2026
Por: Yael Zárate Quezada - 05/14/2026
Hay un bumerán en la ciudades que, al lanzarlo, inevitablemente regresa para golpear a quien lo arrojó. Eso es, en esencia, lo que hizo Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, cuando intentó usar el hallazgo arqueológico del Huei Tzompantli —un muro de cráneos humanos ubicado bajo el centro histórico de la Ciudad de México— como justificación retroactiva de la Conquista española.
Tras regresar de una visita fallida a México, Díaz Ayuso publicó en sus redes sociales un mensaje dirigido a la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, instándola a explicar qué es lo que existe bajo la calle Guatemala número 24 y a "decirle la verdad a su pueblo".
El tono inquisitorio tenía la intención de señalar la violencia de las sociedades prehispánicas para presentar la llegada de los españoles como algo comprensible, si no directamente deseable. Para rematar, añadió que "México no existió hasta que llegaron los españoles", una afirmación que no resiste ni el análisis histórico más básico.
Lo más llamativo es la trampa lógica en la que cae su propio argumento. Si el problema con los mexicas era su recurso a la violencia, ¿cuál es exactamente la virtud de una conquista que arrasó ciudades, esclavizó poblaciones enteras y mató a decenas de miles de personas? La respuesta implícita parece ser que la violencia era aceptable, siempre y cuando viniera avalada por la corona española.
Pregunten a la presidenta mexicana qué hay bajo tierra en la calle Guatemala nº 24 de Ciudad de México.
— Isabel Díaz Ayuso (@IdiazAyuso) May 14, 2026
Y por qué no lo abre al público, cuenta la verdad a su pueblo y se disculpa por tanta mentira. pic.twitter.com/3mwBwcGidp
Debajo del Museo del Cacao y Chocolate, en el número 24 de la calle República de Guatemala, en el corazón del Centro Histórico de la Ciudad de México, se encuentra una de las estructuras arqueológicas más significativas que ha revelado el subsuelo de la antigua Tenochtitlán: el Huei Tzompantli, una plataforma ceremonial mexica construida con cráneos humanos.
El nombre proviene del náhuatl: "tzontli" refiere a cabeza o cráneo, y "pantli" significa hilera o fila. Juntos, forman una palabra que se traduce aproximadamente como "muro de cráneos". El prefijo "Huei" simplemente indica que se trata de la versión mayor o principal de esta estructura, que en el mundo mexica tenía antecedentes en distintas escalas.
INAH
De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la estructura estaba dedicada posiblemente al culto de Huitzilopochtli, deidad solar y patrono de la guerra. Los arqueólogos la ubican cronológicamente entre 1486 y 1502, es decir, durante el período de gobierno del tlatoani Ahuízotl, hacia el final del siglo XV y el inicio del XVI.
El INAH señaló que "el edificio debió haber sido tan sagrado para los mexicas, que requería del trabajo de personas especializadas para intervenir y conservar los cráneos colocados en él". Se trata, en otras palabras, de una obra de arquitectura ritual de alta complejidad.
Durante el virreinato, una casona colonial fue levantada directamente sobre los restos de la estructura, sepultándola durante siglos hasta que las excavaciones recientes la devolvieron a la superficie.
Hay un dato que suele omitirse y que rodean a este hallazgo, y es que la práctica de incorporar cráneos y huesos humanos en construcciones no es exclusiva de la civilización mexica ni de las culturas mesoamericanas. La Capilla de los Huesos en Portugal y las Catacumbas de París son dos ejemplos europeos bien documentados de esta misma práctica, con sus propias lógicas simbólicas y sus propios contextos históricos. La diferencia está en el uso que se hace de estos hallazgos: en un caso, se estudian como parte del patrimonio cultural de la humanidad; en el otro, se convierten en munición para debates que tienen más que ver con el presente político que con la comprensión del pasado.