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México cuenta con más de 145 mil taquerías y un consumo anual que supera los 500 tacos por persona: esta es la numeralia que explica su impacto cultural y económico

Hay algo casi invisible en la vida cotidiana de México: la manera en la que el taco aparece, sin pedir permiso, en todos los mapas posibles. En el económico, en el cultural, en el afectivo. Pero también en uno menos evidente: el de los números.

Porque sí, el taco también se puede leer en cifras. Y lo que revelan no es menor.

De acuerdo con datos del Directorio Estadístico Nacional de Unidades Económicas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México existen alrededor de 145,634 establecimientos registrados como taquerías o puestos de tacos y tortas. Es decir, una red inmensa que sostiene no solo antojos, sino economías enteras, muchas veces familiares, muchas veces informales en espíritu aunque no en registro.

En la Ciudad de México, esa presencia se intensifica hasta volverse parte del paisaje inmediato. Colonias como la Doctores concentran cerca de 131 taquerías, mientras que Roma Norte ronda las 119, y la Central de Abasto se acerca a las 98. No es casualidad entonces que, en la capital, alrededor del 94 o 95% de las personas vivan a menos de 400 metros de una taquería. Traducido a la vida diaria: cinco minutos bastan para llegar a un taco.

Y si se amplía la mirada, hay territorios donde esta concentración se vuelve todavía más evidente. Iztapalapa encabeza la lista como la alcaldía con más taquerías, concentrando aproximadamente el 16% del total en la CDMX. Le siguen Cuauhtémoc y Gustavo A. Madero, donde el flujo de gente y la vida urbana hacen del taco una constante.

Pero el dato que quizá mejor dibuja esta relación es el consumo. Según estimaciones de la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (CANIRAC), una persona en México come entre 500 y 510 tacos al año. Es decir, más de uno al día. Y no como excepción, sino como ritmo. De hecho, 9 de cada 10 mexicanos comen tacos al menos una vez por semana.

En conjunto, esto se traduce en una cifra difícil de dimensionar: más de 22 millones de toneladas de tacos consumidas al año en el país. Un volumen que habla de producción, distribución y hábitos, pero también de algo más difícil de medir: la costumbre.

Ahora bien, no todos los tacos son el mismo taco. La diversidad también tiene su propia escala. Convencionalmente se reconocen cerca de 60 tipos base, pero si se consideran variaciones regionales, ingredientes locales y formas de preparación, la cifra supera las 50,000 variedades. Una expansión que no responde a la novedad, sino a la adaptación: cada lugar ajusta el taco a su territorio.

Algunos incluso tienen momentos muy específicos en el tiempo. El taco al pastor, por ejemplo, encuentra su forma más reconocible en 1966, en El Tizoncito, aunque su historia viene de mucho antes, ligada a la migración libanesa y al shawarma. Los tacos de canasta se formalizan hacia 1950 en San Vicente Xiloxochitla, como respuesta a una crisis económica. Y las carnitas aparecen desde la época colonial, cuando la introducción del cerdo transformó por completo la cocina del territorio.

Incluso hay una fecha para detenerse a mirar todo esto con más atención: el 31 de marzo, cuando se celebra el Día del Taco desde 2007.

Pero más allá de los números, lo que estas cifras terminan mostrando no es solo magnitud, sino cercanía. El taco no necesita buscar su lugar porque ya lo ocupa. En la calle, en la rutina, en la memoria. Y quizá por eso, cuando se traduce a datos, lo único que hace es confirmar algo que ya se intuía: que está en todas partes, incluso donde no lo estamos contando.


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Imagen de portada: Minube