¿Podrías llevar tu propia comida a conciertos en CDMX? Esto es lo que se propone
Sociedad
Por: Carolina De La Torre - 03/19/2026
Por: Carolina De La Torre - 03/19/2026
En la Ciudad de México, ir a un concierto o a un festival no solo implica elegir a quién ver, sino también cuánto estás dispuesto a gastar una vez que ya cruzaste la entrada. El acceso suele marcar una frontera clara: lo que traes de fuera se queda fuera, y lo que consumes adentro casi siempre cuesta más. Esa dinámica, tan normalizada que pocas veces se cuestiona, podría empezar a cambiar.
La diputada Elizabeth Mateos Hernández presentó una iniciativa para modificar la Ley para la Celebración de Espectáculos Públicos. La propuesta busca permitir que las personas puedan ingresar con alimentos y bebidas a eventos realizados en espacios abiertos. No se trata de abrir completamente la puerta a cualquier tipo de consumo, sino de establecer reglas claras sobre qué sí y qué no podría pasar.
La idea central es sencilla: permitir consumo personal. Es decir, que cada asistente pueda llevar una cantidad limitada de comida o bebida, sin fines de venta o distribución. Bajo esta lógica, lo que se contempla son porciones individuales, fáciles de transportar y listas para comerse en el momento. Botanas, fruta, galletas, barras o un sándwich entran en ese rango. Todo lo que implique volumen, preparación compleja o líquidos más elaborados quedaría fuera.
También hay un énfasis importante en el tipo de envase. Los productos tendrían que estar cerrados y sellados desde su origen, de modo que puedan revisarse fácilmente en los accesos. En el caso de las bebidas, solo se permitirían envases de materiales flexibles o irrompibles, como plástico o cartón. El vidrio, por razones de seguridad, seguiría prohibido.
La diputada Elizabeth Mateos Hernández propuso reformar la ley de espectáculos públicos para permitir el ingreso de productos comprados fuera, cuestionando un modelo que concentra el consumo interno y eleva costos. ¿Qué opinas de esta iniciativa? pic.twitter.com/wCKZcIpxXX
— Cassini (@cassinimx) March 19, 2026
Más allá de los detalles técnicos, la propuesta pone sobre la mesa algo que muchos asistentes ya han señalado durante años: el costo dentro de los recintos. Comprar comida o bebida en un concierto suele implicar precios considerablemente más altos que en el exterior. Para la legisladora, esta práctica termina generando una especie de consumo forzado, donde las opciones están limitadas y no siempre son accesibles.
El planteamiento también abre una conversación sobre el equilibrio entre la experiencia del público y los intereses comerciales de los organizadores. Los espectáculos no solo son negocios, también son espacios de հանդիպo cultural y social. Bajo esa mirada, las condiciones de acceso no deberían convertirse en una barrera económica adicional.
Eso sí, la iniciativa no aplicaría en todos los casos. Los eventos en recintos cerrados, como teatros, auditorios, museos o espacios con valor patrimonial, seguirían manteniendo las restricciones actuales. Además, cualquier evento podría limitar el ingreso de alimentos y bebidas si existe un dictamen de Protección Civil que lo justifique por temas de seguridad.
Por ahora, la propuesta está en discusión. No hay cambios inmediatos, pero sí una intención clara de revisar una práctica que, hasta ahora, ha operado sin demasiada regulación específica. Lo que está en juego no es solo si puedes entrar con una bolsa de papas o una botella de agua, sino cómo se define la experiencia completa de asistir a un evento en la ciudad.
En medio de conciertos cada vez más grandes y boletos que no siempre son baratos, la conversación empieza a moverse hacia lo que pasa después de comprar la entrada. Y ahí, en ese terreno que parecía fijo, comienzan a aparecer nuevas preguntas.