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«Llamarse Olimpia»: el documental que llevó la violencia digital a la ley en México

Arte

Por: Carolina De La Torre - 02/23/2026

El documental Llamarse Olimpia, dirigido por Indira Cato, llega a la Cineteca Nacional este 6 de marzo para contar la historia de Olimpia Coral Melo y la lucha que dio origen a la Ley Olimpia, un parteaguas contra la violencia sexual digital en México y América Latina

Hay nombres que cargan una historia. Y a veces, una herida.

El próximo 6 de marzo llega a la Cineteca Nacional el documental Llamarse Olimpia (México, 2025), dirigido por Indira Cato. La película pone el foco en la vida y la lucha de Olimpia Coral Melo, la mujer que impulsó la primera ley contra la violencia sexual digital en América Latina. Una historia que comenzó con un acto de violencia íntima y terminó cambiando el marco legal de todo un país.

Cuando Olimpia tenía 18 años, su entonces pareja difundió en internet un video sexual sin su consentimiento. En las imágenes solo se veía su rostro. Eso bastó para que el material se viralizara y para que la humillación pública cayera sobre ella. Lo que siguió no fue solo el dolor personal, sino la revictimización social e institucional: burlas, negligencia de las autoridades, silencio.

Durante trece años, esa experiencia se transformó en una lucha colectiva. Desde Huauchinango, en la Sierra Norte de Puebla, Olimpia comenzó a exigir que la violencia digital fuera reconocida como delito. El camino fue largo, lleno de puertas cerradas y trámites interminables. Pero también estuvo acompañado por otras mujeres, como su madre y activistas como Prania Esponda y Marcela Hernández Oropa, quienes fueron clave para que la iniciativa avanzara primero en la Ciudad de México y después en todo el país.

El 29 de abril de 2021, la llamada Ley Olimpia se consolidó a nivel nacional. Hoy contempla penas de tres a seis años de prisión y multas que van de 50 mil a 110 mil pesos para quienes difundan, compartan o comercialicen contenido íntimo sin consentimiento en espacios digitales. No se trata solo de castigo. Se trata de reconocer que la violencia en internet también es violencia real.

El documental no solo reconstruye los hechos. A través de testimonios directos y momentos íntimos, muestra el costo emocional de convertirse en símbolo. Llamarse Olimpia es también una pregunta sobre la identidad: qué pasa cuando tu nombre se vuelve tendencia por una agresión y cómo se reaprende a habitarlo sin vergüenza.
La película tuvo su estreno el 11 de junio de 2025 en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, donde obtuvo el Premio Mezcal a Mejor Película. Más tarde fue parte de DocsMX y ganó el Premio Ojo a Mejor Documental Mexicano en el Festival Internacional de Cine de Morelia. Un recorrido que confirma su potencia narrativa y política.

Detrás del proyecto está Chumbera Producciones, fundada por Indira Cato, quien debuta aquí como directora. Con el respaldo de fondos e instituciones como FOCINE y EFICINE, el documental articula memoria, denuncia y transformación social sin perder de vista lo más humano: la historia de una joven que nunca buscó convertirse en ícono feminista.

Según datos de la ONU, el 35% de las mujeres en el mundo ha sufrido violencia digital. En ese contexto, la Ley Olimpia no solo abrió un precedente en México, también detonó discusiones legislativas en países como Argentina, Ecuador y Panamá, entre otros. Lo que comenzó como una tragedia íntima terminó siendo una herramienta legal que hoy protege a miles.

Llamarse Olimpia dura 75 minutos, pero la historia que contiene atraviesa más de una década de resistencia. Es un documental necesario, claro, pero también es un espejo incómodo sobre cómo entendemos el consentimiento, la justicia y la responsabilidad en la era digital.
A veces cambiar la ley empieza por atreverse a decir tu nombre en voz alta. Y sostenerlo.

Hoy, la Ley Olimpia no solo sanciona, también transforma la conversación pública. Ha obligado a replantear qué entendemos por intimidad, consentimiento y responsabilidad en un país donde la violencia contra las mujeres sigue siendo una realidad cotidiana. Consumir y hablar de documentales como Llamarse Olimpia no es un gesto cultural aislado, es una forma de mantener viva la discusión, de incomodarnos, de recordar que detrás de cada cifra hay historias concretas. En México y en toda la región, miles de mujeres y personas han vivido violencia sexual y digital. Volver a estas historias desde el cine es también una manera de no normalizarla, de exigir justicia y de construir nuevos paradigmas donde la dignidad no sea negociable.


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