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El nombramiento como Patrimonio Mundial Cultural y Natural obliga a México a proteger Wirikuta, frenar el saqueo de peyote y atender las demandas del pueblo wixárika frente a la minería y la agroindustria

El reconocimiento de la Ruta Wixárika por los Sitios Sagrados de Wirikuta como Patrimonio Mundial Cultural y Natural llegó el 12 de julio, pero su peso real apenas empieza a sentirse. Para el pueblo wixárika no es un premio: es una herramienta. Una manera de ponerle un freno, por fin con respaldo internacional, a décadas de amenazas sobre un territorio que para ellos es vida, memoria y futuro.

En conferencia de prensa en el Centro Prodh, integrantes del Consejo Regional Wixárika por la Defensa de Wirikuta explicaron que esta inscripción ante la Unesco no entrega su cultura al turismo ni la vuelve paisaje de postal. Al contrario: la protege. Evita que su espiritualidad, sus plantas sagradas y sus rutas ancestrales se conviertan en recurso explotable o en mercancía para quien quiera apropiarse de algo que no le pertenece.

Las autoridades tradicionales y comunales recordaron que este logro tomó años de trabajo, alianzas y resistencia. No es un reconocimiento aislado: implica compromisos concretos para el Estado mexicano. Entre ellos, garantizar opciones de desarrollo sostenible para las comunidades y frenar el avance de la agroindustria y los proyectos extractivos que han puesto en riesgo a Wirikuta durante tanto tiempo.

Uno de los puntos más urgentes es el peyote. La planta sagrada está en peligro por la extracción descontrolada de grupos externos al pueblo wixárika. Con esta inscripción, México queda obligado a reforzar su protección y evitar el saqueo que ha llevado a la especie a una situación crítica.

Maurilio Ramírez Aguilar, coordinador general del Consejo Regional, fue directo: si México aceptó este nombramiento, tiene que actuar en consecuencia. Eso incluye cancelar las concesiones mineras que siguen vigentes en la Sierra de Catorce, el bajío de Wirikuta y otras zonas cercanas. Recordaron que en 2010 se registraban 78 concesiones dentro del territorio sagrado. También insistieron en que es momento de que Wirikuta sea reconocida como Área Natural Protegida de rango federal y cuente con las herramientas legales, científicas y técnicas necesarias para su conservación

Los representantes del Consejo —entre ellos Aurelio Torres Carrillo, Felipe Seriochino y Sofía García Mijarez— subrayaron que esta defensa ha tenido costos dolorosos. No solo han enfrentado campañas de difamación en su contra; también han perdido compañeros que murieron por proteger los lugares sagrados. Por eso, dijeron, no se trata de una lucha ideológica: es una defensa del territorio, de la vida comunitaria y de una tradición que ha sobrevivido siglos.

La importancia ecológica de Wirikuta también fue parte central de la conversación. Se trata de un sitio con una biodiversidad enorme y servicios ambientales esenciales, pero constantemente amenazado por la minería a cielo abierto y los modelos de explotación intensiva. Las recomendaciones de la Unesco van en línea con lo que el pueblo wixárika ha pedido por años: prohibir la actividad minera, garantizar el libre tránsito para las peregrinaciones y asegurar que el trabajo en la región no ponga en riesgo la salud ni el entorno.

El INAH, institución encargada del patrimonio cultural, recordó que ya existen leyes que protegen estos territorios, aunque su aplicación sigue siendo el gran desafío. Francisco Vidargas, director de Patrimonio Mundial Punto Focal Cultural ante la Unesco, informó que en 2026 se entregará el certificado oficial de inscripción. A partir de ahí se definirá qué comunidad trabajará directamente con el INAH y los gobiernos estatales para elaborar el plan de gestión de la ruta.

La peregrinación wixárika atraviesa más de 400 kilómetros desde Jalisco, Nayarit, Durango y Zacatecas hasta San Luis Potosí. No es un ritual simbólico; es un recorrido que sostiene su visión del mundo. Por eso, este reconocimiento no cierra un proceso, lo abre. Coloca a México bajo una nueva responsabilidad y deja claro que ya no basta con discursos: ahora hay obligaciones internacionales, acuerdos que deben cumplirse y un pueblo que seguirá exigiendo que su territorio sagrado se respete.

Para el Consejo Regional, el mensaje es simple: la defensa de Wirikuta no es negociable. Y con el respaldo de la Unesco, tienen un camino más firme para exigir que el Estado actúe y proteja uno de los territorios espirituales y ecológicos más importantes del país.


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Imagen de portada: Turimexico