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No se trata de trabajar menos por trabajar menos, sino de trabajar mejor, de recuperar tiempo para existir, de equilibrar, de producir sin sacrificar salud, vínculos ni estabilidad mental.

En México seguimos atrapados en un modelo laboral que nos pide “darlo todo”, pero que rara vez devuelve algo a cambio. Mientras en otros países se discuten semanas de cuatro días, aquí todavía debatimos si reducir la jornada a 40 horas “afectará la productividad”. La verdad es más simple y más dura: la productividad ya está afectada por el cansancio, la precariedad y la vida que se nos escurre entre horarios imposibles. No se trata de flojera: se trata de entender que 40 horas son para vivir, no 48 para sobrevivir.

Latinoamérica avanza. Chile ya está en su transición hacia las 40 horas; Colombia reducirá gradualmente hasta llegar a 42; y en República Dominicana se ensayan semanas laborales de 36 horas. Mientras tanto, México se mantiene en uno de los límites más altos de la región: las 48 horas semanales. Un análisis de Serviap Group señala que este tope coloca al país entre los más rezagados del continente. Y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha documentado que uno de cada cuatro trabajadores mexicanos rebasa incluso ese máximo, convirtiendo el exceso laboral en un problema estructural, no anecdótico.

Pero, ¿cómo puede un país exigir productividad si lo que fomenta es agotamiento? México no puede seguir pidiendo más horas a cambio de menos vida.Sin embargo, en otras partes del mundo spí se ha comprendido lo que aquí tanto seguimos resistiendo. 

Europa no discute si las 40 horas “alcanzan”; discute cómo mejorarlas: Francia trabaja 35 horas semanales. Alemania ronda las 34. Finlandia experimenta semanas de cuatro días sin afectar el rendimiento. Son datos que Eurostat viene documentando año con año.

Incluso en Estados Unidos, lejos del mito de las jornadas eternas, muchas empresas están migrando hacia esquemas flexibles que reducen el burnout y elevan el desempeño, como reflejan los informes recientes de Gallup sobre bienestar laboral.

La tendencia global indica que el futuro del trabajo no se exprime sino todo lo contrario, se debe cuidar. No se trata de trabajar menos por trabajar menos, sino de trabajar mejor, de recuperar tiempo para existir, de equilibrar, de producir sin sacrificar salud, vínculos ni estabilidad mental.

Porque al final la respuesta es muy clara: no queremos privilegios, queremos tiempo.


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Imagen de portada: Getty Images 

IG de la autora: @pati.carreonj