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En 1973, Chile vivió un golpe militar contra Salvador Allende, con apoyo de Estados Unidos, que abrió una dictadura marcada por represión y memoria aún inconclusa.

El 11 de septiembre suele asociarse de inmediato con la tragedia en Nueva York de 2001. Sin embargo, la historia guarda otro hecho doloroso en esa misma fecha. En 1973, Chile vio derrumbarse su democracia en un golpe de Estado que terminó con la vida del presidente Salvador Allende y abrió un periodo de violencia y represión que marcaría a generaciones enteras.

Allende llegó a la presidencia en 1970 como un símbolo de esperanza al convertirse en el primer mandatario socialista elegido democráticamente y su proyecto de la Unidad Popular buscaba construir un país más justo. Durante tres años impulsó reformas profundas como la nacionalización de la industria del cobre, amplió la reforma agraria, aumentó los salarios y aplicó medidas para reducir las desigualdades. Para muchos, era la posibilidad de un futuro distinto; para otros, dentro y fuera de Chile, una amenaza. 

Desde Washington, el gobierno de Richard Nixon observaba con recelo este experimento democrático. Documentos hoy desclasificados muestran cómo Estados Unidos financió intentos de desestabilización y alentó a sectores militares chilenos a interrumpir el orden constitucional. El desenlace llegó aquel 11 de septiembre, cuando las Fuerzas Armadas, bajo el mando de Augusto Pinochet, rodearon el Palacio de La Moneda.

Antes de que las armas silenciaran su voz, Allende pronunció por Radio Magallanes un discurso que se mantiene como un legado ético:

“¡Trabajadores de mi patria! ¡Tengo fe en el futuro, en el porvenir de Chile... mucho más temprano que tarde se abrirán de nuevo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor!”.

Ese mismo día, acorralado y sin rendirse, decidió quitarse la vida. Su muerte marcó el inicio de una dictadura militar que se extendió hasta 1990, dejando tras de sí un historial de violaciones a los derechos humanos, desaparecidos, exiliados y un modelo económico neoliberal que transformó la estructura del país.

Recordar este 11 de septiembre es confrontar la memoria de América Latina: la sombra de las intervenciones extranjeras, el costo humano de los proyectos de poder y la fragilidad de la democracia frente a la violencia.

 


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Imagen de portada: Serge Plantureux