*

X

La paradoja de Chile: el país más depresivo del mundo

Política

Por: pijamasurf - 04/21/2016

¿Por qué es Chile el país más infeliz de América Latina si los rankings internacionales dicen que es el que más "riqueza" tiene?

Diferentes medios chilenos han informado sobre un nuevo reporte de la OMS en el que la organización exhorta al gobierno chileno a invertir en combatir la depresión, enfermedad que padecen más del 17% de los chilenos, lo que los convierte, según este informe, en el país más depresivo del mundo.

La información también indica que Chile es líder en América Latina en suicidios y es junto con Corea del Sur una de las dos naciones que reporta una tasa de aumento en suicidios de niños y adolescentes. 

Paradójicamente, Chile suele encabezar los rankings sobre bienestar y desarrollo económico en la región y es citado internacionalmente como el gran caso de éxito latinoamericano. El reconocido índice Economic Freedom de la Heritage Foundation y el Wall Street Journal coloca a Chile como la séptima mejor economía del mundo, la mejor de América Latina por más de 25 lugares. El  índice de desarrollo humano de la ONU determinó que Chile es el mejor país para vivir de América Latina. Algo que suena como una puntada de humor negro, cuando se considera que Chile es el país que más suicidios y personas deprimidas tiene en la región. ¿El mejor país para vivir... o para morir?

El caso de Chile es sintomático de la enorme brecha que existe entre los indicadores económicos de un país y el bienestar real de las personas. Esto es casi como una alucinación del sistema capitalista global que pagan los individuos con su salud mental, víctimas de la presión de tener que aumentar los ingresos, comprando la idea (que viene con una alta tasa de intereses) de que la felicidad tiene que ver con el dinero y con el poder de adquisición.

Para explicar la infelicidad del chileno promedio, particularmente de los habitantes de ciudades como Santiago, donde en sólo 12 años aumentó 470% el consumo de antidepresivos, debemos señalar que Chile ha sido el país que ha abrazado con mayor determinación el neolberalismo en la región (o que ha sido el país que ha sido obligado a adoptar esta ideología). El neoliberalismo se ha convertido en la ideología global dominante, curiosamente sin que se mencione mucho que está gestionando todas nuestras relaciones económicas y políticas. Como señala George Monbiot en su extraordinaria revisión del neoliberalismo en The Guardian, el neoliberalismo se ha vuelto tan ubicuo que ya casi ni reconocemos que existe y que es una ideología (es como si los habitantes de la ex Unión Soviética ignoraran que el comunismo existiera): "Parece que aceptamos la proposición de que esta fe utópica, milenarista, describe una fuerza neutra; una especie de ley biológica, como la teoría de la evolución de Darwin. Pero esta filosofía surgió de un intento consciente de redefinir la vida humana y alterar los nodos del poder". Monbiot agrega:

El neoliberalismo ve la competencia como el factor definitorio de las relaciones humanas. Redefine a los ciudadanos como consumidores, cuyas elecciones democráticas son mejor ejercidas comprando y vendiendo, un proceso que recompensa el mérito y castiga la ineficiencia. Mantiene que "el mercado" reparte beneficios que nunca pudieron haber sido logrados con sólo planearse.

Esta supuesta fiesta abundante de la libertad produce una inversión de los valores, los cuales son dictados por el mercado (no sólo los valores económicos) y "la inequidad es reformulada como virtuosa" ya que en el libre mercado "cada quien obtiene lo que merece". A  su vez, para aspirar a obtener los bienes que promete esta ideología y mantener la máquina trabajando a un ritmo cada vez más acelerado, es necesario que el ciudadano asuma el rol esencial de consumidor y que la economía siga creciendo y siga entregando resultados estadísticos, los cuales se cree que pueden intercambiarse por la realidad material.

En Chile se ha implementado con singular devoción el mandamiento del neoliberalismo: el crecimiento económico a toda costa. Los chilenos sufren esta visión del mundo, y son algunos de los ciudadanos del mundo más endeudados (73% de los hogares vive endeudado). La deuda, ese tener que cumplir con los pagos y plazos, hace que una persona viva y dedique todas sus energías a ganar dinero, eleva el dinero a un nivel de importancia superior al que realmente tiene, equiparándola con la moneda de cambio de la felicidad y la libertad. Asimismo el neoliberalismo, al promover la ideología de que cada quien obtiene lo que merece, hace que "los ricos se convenzan de que han adquirido su riqueza por mérito --ignorando ventajas como la educación, la herencia y la clase" y por otra parte crea un tejido social de frustración en el que "los pobres se empiezan a culpar de sus fracasos, aun cuando no tienen los medios para alterar sus circunstancias". No es coincidencia que los países que más han asumido la ideología neoliberal son también los que más desigualdad tienen (otro ejemplo es México).

La "biblia" del neoliberalismo es el texto de 1944 El camino a la servidumbre, de Friedrich Hayek, en el cual se argumenta que la intervención y la planeación del gobierno tiende al totalitarismo. Esto fue recibido oportunamente por algunos millonarios que vieron en esta ideología una oportunidad para liberarse de las regulaciones e impuestos gubernamentales. De aquí se empezaron a generar "think thanks" financiados por empresarios e intelectuales de la casa como Milton Friedman y periodistas que abogaron por este sistema. Más tarde, cuando se anunció que la política keynesiana había fracasado, paradójicamente, se promovió la idea de que no había alternativa más que el neoliberalismo, una ideología que supuestamente parte del principio de la liberad de elección, de que siempre existen muchas alternativas (el mundo es un supermercado).

El neoliberalismo fue enarbolado particularmente por Reagan y Thatcher y por supuesto también por Pinochet, el aliado que tenían en la región. Monbiot explica:

Podría parecer extraño que una doctrina que promete la libertad y la libre elección fuera promovida con el slogan: "no hay alternativa" [Reagan y Thatcher utilizaron esa frase]. Pero como Hayek remarcó en una visita al Chile de Pinochet --una de las primeras naciones en las que el programa fue comprensivamente aplicado-- "mi preferencia personal se inclina a una dictadura liberal más que a un gobierno democrático desprovisto de liberalismo". La libertad que el neoliberalismo ofrece, que suena tan atractiva cuando se expresa en términos generales, acaba significando libertad para los ricos no para los pobres.

El crecimiento económico bajo el escudo de la libertad es también "libertad para envenenar ríos", explotar minas sin restricciones ambientales, saquear todo el valor que se pueda encontrar en la naturaleza para transformarlo en capital (sin ningún sentido de la sustentabilidad), "cobrar intereses inauditos y diseñar exóticos instrumentos financieros" con los que las personas que tienen dinero hacen dinero sólo por ya tener dinero... y también "libertad para burlar los impuestos, lo que significa libertad para no distribuir la riqueza que saca al pueblo de la pobreza".

Esta ideología llevada a su paroxismo, por varias décadas, debe estar mermando la psique de los chilenos. Y si bien seguramente existe una gran cantidad de factores que intervienen en este complejo depresivo (incluyendo los mismos antidepresivos que se recetan también "neoliberalmente"), parece que los chilenos han sido afectados gravemente por ser una "sucursal" de este modelo que es a fin de cuentas un taimado espejismo de la libertad. 

Te podría interesar:

Estas 40 megaciudades dominarán el mundo en 2025 (y no las naciones)

Política

Por: pijamasurf - 04/21/2016

Un mapa de la consolidación de las grandes zonas urbanas del mundo, entidades que amenazan con suplantar en importancia a las naciones

En su nuevo libro Connectography, el autor Parag Khanna argumenta que existe un giro global hacia la concentración en grandes cúmulos urbanos que en cierta forma desplazarán a las naciones como centros de poder económico, gobierno y atracción turística. Como sabemos, la tendencia a dejar el campo para irse a vivir a las ciudades parece ser irreversible y grandes megalópolis están convirtiéndose en poderosas entidades. Khanna visualiza está tendencia al alza y habla ya de concentraciones como la gran zona californiana de Los Ángeles-San Francisco, la cual incluye a Silicon Valley y puede considerarse una potencia mundial por sí sola.

La tesis esencial de Khanna es que estas ciudades pueden compararse en importancia con países enteros, debido a que "la conectividad es más importante que el tamaño".

Las ciudades que se incluyen en su mapa tienen la característica de representar buena parte del producto interno bruto de la nación a la que pertenecen, además de "jugar un rol" como un "boyante centro global". En 2025 estas ciudades operarán ya como nodos semiautónomos y ejercerán un papel de primer orden en el mapa político global. 

cities-gdp-population-global

En Estados Unidos, por ejemplo, el "corredor Boston-Nueva York-Washington y Los Ángeles-San Francisco aportan alrededor de la tercera parte del total de la economía del país. Asimismo tenemos monstruos como la Ciudad de México que, en conjunto con su área conurbada, tiene más población que todo Australia, o la megalópolis Tokio-Nagoya-Osaka, que significa dos terceras partes de la población de Japón.

En total estas urbes concentran 75% de las compañías más grandes del mundo y son, según Khanna, una especie de Formula Uno que recluta y absorbe el talento de otras partes para comprimirlo en estos enormes cúmulos de capital humano y económico. 

En su novela Snowcrash, el autor de ciencia ficción Neal Stephenson imaginó una humanidad en la que las ciudades y las corporaciones que las dominan son más poderosas que los países. Quizás algo así suceda y una confederación Google-Facebook en California podría convertirse en una entidad de injerencia geopolítica de primer orden. 

Después de conocer esto, el lector tal vez sienta una urgencia natural de alejarse de la ciudad y recluirse en el campo, como un acto de diversidad y sanidad fuera de la uniformidad globalizada.