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Guelaguetza 2025: el ritual vivo que celebra la identidad y generosidad de Oaxaca

Arte

Por: Carolina De La Torre - 07/23/2025

Mucho más que una fiesta folclórica, la Guelaguetza es una ceremonia ancestral de intercambio, danza y comunidad que conecta a los pueblos oaxaqueños con sus raíces más profundas. Te contamos su origen, significado y por qué sigue latiendo con fuerza cada julio.

Hay celebraciones que no se explican, se sienten. Y la Guelaguetza, el corazón ritual de Oaxaca, es una de ellas. Cada julio, la ciudad se convierte en un epicentro de colores, trajes, danzas y música que no solo homenajean al pasado, sino que lo hacen vibrar en el presente.

La palabra Guelaguetza proviene del zapoteco y significa “ofrenda”, “ayuda mutua” o “dar para recibir”. Pero su sentido va mucho más allá del intercambio material: es un acto simbólico de reciprocidad comunitaria, de dar lo mejor de uno al otro. Y eso incluye danzas, alimentos, bebidas, música, semillas, tiempo y presencia.

¿Cuándo se celebra?

La Guelaguetza se celebra los dos Lunes del Cerro posteriores al 16 de julio, en el majestuoso auditorio del Cerro del Fortín. Estas fechas coinciden con la festividad católica de la Virgen del Carmen, pero su raíz es mucho más profunda y prehispánica.

¿Por qué destaca?

No es un festival turístico, aunque atrae a miles de visitantes del mundo. Es una ofrenda viva. Durante la Guelaguetza, delegaciones de las ocho regiones del estado (Valles Centrales, Sierra Norte, Sierra Sur, Cañada, Tuxtepec, Mixteca, Istmo y Costa) presentan sus danzas tradicionales, vestimentas únicas y música regional. Cada comunidad sube al escenario no para competir, sino para compartir su identidad. Lo que se baila no es coreografía; es historia, resistencia y orgullo.

Su origen histórico

Aunque el nombre “Guelaguetza” como lo conocemos es posterior a la colonización, la ceremonia tiene raíces ancestrales. En tiempos prehispánicos, los zapotecos rendían culto a la diosa Centéotl, deidad del maíz tierno, con danzas y rituales agrícolas. Tras la llegada de los españoles, la celebración se transformó, adaptándose al calendario cristiano sin perder su esencia indígena.

En 1932, con motivo del cuarto centenario de la ciudad de Oaxaca, se institucionalizó la Guelaguetza como fiesta oficial, integrando expresiones culturales de todo el estado. Desde entonces ha crecido y evolucionado, pero sin romper con su espíritu comunitario y ceremonial.
Más que una fiesta: un acto de comunión

 Cada participante lleva productos de su tierra —panes, frutas, mezcales, textiles— que son entregados al público al final de cada presentación. No como souvenir, sino como ofrenda. Un gesto que encarna la lógica ancestral del dar sin medida, del compartir por el simple hecho de pertenecer. Porque algún día, en otro momento o en otro lugar, alguien más también compartirá contigo. Ese es el espíritu de la Guelaguetza: el tejido invisible que nos une, que sostiene a la comunidad desde lo cotidiano y lo simbólico.


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Imagen de portada: El Central