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La casa Zemanek-Münster sólo logró vender 8 de 39 piezas arqueológicas en Múnich tras el reclamo del gobierno mexicano y la campaña Mi Patrimonio No Se Vende

Una subasta en Múnich terminó con más preguntas que ganancias. La casa alemana Zemanek-Münster puso a la venta treinta y nueve piezas arqueológicas mexicanas, pero sólo logró colocar ocho. El resto se quedó sin comprador en medio de un reclamo directo del gobierno de México, que volvió a señalar que este tipo de ventas son ilegales cuando se trata de patrimonio cultural.

El catálogo incluía objetos de cerámica, barro y figuras rituales atribuidas a culturas como la mezcala, xochipala, olmeca, mexica y maya. No eran piezas menores. Entre ellas destacaba una figurilla masculina con cabeza de trofeo que se esperaba vender en cerca de cuatro millones de pesos. La expectativa contrastó con el resultado final.

En total, las piezas vendidas reunieron alrededor de 30 mil 600 euros. La cifra queda lejos de lo que suele mover el mercado internacional de antigüedades y, sobre todo, del valor histórico que representan estos objetos. La pieza mejor pagada fue una urna de altar que alcanzó 13 mil euros. Después apareció una representación de Tláloc, el dios de la lluvia en la cosmovisión mexica, vendida en 7 mil 500 euros. Ambas provenían de colecciones privadas en Alemania.

Otras piezas tuvieron precios más bajos: una figura masculina sentada se vendió en 3 mil 500 euros, mientras que objetos de regiones como Colima y Guerrero oscilaron entre poco más de mil y unos cuantos cientos de euros. Incluso una máscara antropomorfa de la cultura chontal se colocó en mil euros. La disparidad en los precios refleja algo más que el interés del mercado. También deja ver el desgaste de este tipo de subastas frente a la presión internacional.

 

El 8 de abril, la Secretaría de Cultura de México ya había rechazado públicamente la venta. Lo hizo a través de la campaña "Mi Patrimonio No Se Vende", que en los últimos años se ha convertido en una herramienta constante para denunciar la comercialización de bienes arqueológicos fuera del país. El argumento es claro: las piezas no son objetos decorativos ni mercancía, son parte de la historia colectiva.

Lo ocurrido en Alemania no es un caso aislado, pero sí marca un pequeño giro. Que más de tres cuartas partes de las piezas no se hayan vendido sugiere que algo está cambiando, ya sea por la presión diplomática, por el cuestionamiento ético o por la creciente visibilidad del tema.

Detrás de cada cifra hay una discusión más profunda. No se trata sólo de cuánto paga alguien por una pieza, sino de quién tiene derecho a poseerla. México insiste en que estos objetos deben regresar a su lugar de origen, no sólo como un acto legal, sino como una forma de reconstruir su memoria.

La subasta cerró sin el éxito esperado. Y en ese fracaso parcial también se abre una posibilidad: que el mercado deje de ver estas piezas como trofeos y empiece a reconocerlas como lo que son, fragmentos vivos de una historia que todavía busca volver a casa.


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Imagen de portada: IMER Noticias