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La interpretación que hizo Joaquin Phoenix del Joker, el archienemigo de Batman, arroja nueva luz sobre la historia de sus adaptaciones

***Este texto contiene información sobre la trama y los personajes de la película Joker de Todd Phillips (2019), protagonizada por Joaquin Phoenix***

Como es sabido, la cinta Joker de Todd Phillips (2019) generó una enorme expectativa dentro de los estrenos cinematográficos de este año. Si ya de por sí este personaje del universo Batman se ha convertido en uno de los que más atracción generan entre el público de nuestra época (posiblemente como consecuencia del aura de talento y tragedia que dejó sobre él Heath Ledger, quien lo interpretó en 2008, poco antes de morir prematuramente), en esta ocasión el proyecto fílmico pareció imponerse el desafío de dejar una nueva impronta en esta historia de por sí destacada. 

Recordemos brevemente que además de Ledger, cuya actuación fue aplaudida y celebrada por el público y la crítica, por el personaje del Joker también han pasado otros grandes actores como Jack Nicholson (en 1989) o Mark Hamill (quien le ha dado su voz en diversos momentos desde la década de 1990 y hasta la actualidad).

En este sentido, la cinta de Phillips despertó el interés cuando se supo que Joaquin Phoenix sería el protagonista. Phoenix a su vez se ha vuelto en los últimos años un actor sumamente celebrado por su talento y en particular por su capacidad para abarcar un gran abanico de emociones humanas y, por ende, dar vida a los personajes más diversos, en todos los casos haciendo gala de una notable comprensión psicológica y de las profundidades en las que nada a veces la existencia humana. 

Fue particularmente luego de trabajar bajo la dirección de Paul Thomas Anderson en The Master (2012) y al año siguiente con Spike Jonze en Her (2013), que Phoenix despuntó una carrera que después de ciertos altibajos ha ido sólo en ascenso. Cabe mencionar además que ambas películas cautivaron al menos dos tipos de audiencia muy distintos: el espectador un tanto más exigente, crítico y formado, que celebra The Master como una joya del cine de nuestro siglo; y, por otro lado, el espectador un tanto más laxo, no forzosamente severo, que acude al cine más bien por mero entretenimiento, y que encontró en Her una película romántica, quizá un tanto sofisticada pero a fin de cuentas accesible. Esto es importante porque fue sin duda gracias a esta combinación que Phoenix comenzó a ser conocido por un público cada vez más amplio.

Joker, entonces, llegó precedida por la incógnita en torno al resultado que tendría con la interpretación de Phoenix. ¿Qué agregaría él a lista admirable de actores que han pasado por el personaje? ¿Superaría lo realizado? ¿Añadiría una nueva faceta? Por lo demás, vale la pena tomar en consideración que, en este caso, la cinta se planteó retomar la historia del personaje en un punto anterior a la existencia de Batman, es decir, contando más bien la formación del personaje, los hechos que dieron origen a su elección por la criminalidad y por qué y cómo se convirtió en un villano. Ya tan sólo por esta característica, para nada menor, la cinta se prefiguraba con cierta singularidad de la que carecieron las otras, en las que el Joker ha sido siempre la antítesis del superhéroe.

En ese sentido, y una vez estrenada la cinta, es claro y manifiesto que ésta se encuentra organizada en torno a Joaquin Phoenix. Es decir, es obvio que la película contaría la historia del Joker, pero además de eso, todo en la historia y la dirección sirve al propósito de hacer destacar la labor actoral de Phoenix.

Esta afirmación es sin duda atrevida, pues qué pruebas se podrían aportar para sustentarla, sin embargo, no hay nadie más en la cinta que compita o siquiera quite por un momento la relevancia en escena a Phoenix. Ni siquiera Robert De Niro con toda su trayectoria a cuestas.

Por fortuna para la cinta, la apuesta por el actor triunfa y con creces. Phoenix ha elaborado una interpretación digna de figurar en la historia del personaje. En su caso particular, porque ha sumado una faceta poco explorada hasta ahora en las adaptaciones cinematográficas o animadas: el personaje del Joker como expresión de un trastorno mental cuyas raíces se encuentran en la psique del sujeto. 

En muchas otras cintas o series se nos presenta al Joker en su “estado conocido”, esto es, como un villano afectado ya por cierta forma de psicosis que le permite dañar a otros con impunidad y sin ningún tipo de cargo de conciencia. ¿Pero qué hay de su pasado? ¿Quién era el Joker antes de ser el terror de Ciudad Gótica y el enemigo acérrimo de Batman? En Batman: The Killing Joke (Sam Liu, 2016) se exploran dichos antecedentes, pero aun esa película adolece del defecto de otras explicaciones que se dan en otros lugares: hacer de un accidente físico la causa única de locura de un hombre más bien común y corriente. Es decir, el hombre sufre un accidente y por ello enloquece (a la sazón, una caída en un tanque con un químico que lo desfigura y afecta sus capacidades mentales).

Sin embargo, en el mundo real la locura no funciona de esa manera. Aquello que en la literatura especializada se conoce como brote psicótico o “pasaje al acto”, es el resultado de un historial en el que intervienen factores como el tipo de crianza recibida, el entorno familiar y social en el que se vivió, el tipo de infancia vivida y en algunos casos también la herencia genética. 

Si bien el ser humano ha experimentado a lo largo de su historia la enfermedad mental sin todavía terminar de comprenderla, si algo parece claro (aunque muchos todavía se resisten a aceptarlo) es que el entorno es un factor decisivo en la formación de la locura y, dentro de éste, las relaciones que se tienen con figuras clave como la madre, el padre o, en su defecto, la figura cuidadora del infante. 

Es hasta cierto punto obvio que en un período tan trascendental como los primeros años de vida, todo lo que se haga sobre el niño o la niña tendrá una repercusión inimaginable para el resto de su existencia. Y si podemos convenir ya en esto, ¿qué podemos pensar entonces de aquellos niños que sufren abusos severos? Niños a quienes a lo largo de su infancia se les golpea, o se les repite una y otra vez que no sirven para nada, que son tontos o inútiles, que nunca saldrán adelante, y en quienes esa represión se refuerza con castigos corporales o de otro tipo. ¿Cómo puede ver el mundo una persona formada bajo esas ideas y esas prácticas sino con miedo, con rencor o con desesperanza? ¿Qué entusiasmo puede tener por la vida alguien a quien se le han cortado las alas tan violentamente?

Esa es una de las facetas más interesantes que explora la cinta de Phillips. No sólo la formación del Joker como persona afectada por la locura, sino muy especialmente las consecuencias que al abuso puede tener sobre la formación psicológica y subjetiva de una persona. 

A este respecto y desde un punto de vista fílmico, la cinta parece recuperar uno de los referentes obligados en el retrato que se ha hecho en el cine de la locura psicótica: la relación entre Norman Bates y su madre en Psycho, de Alfred Hitchcock (1960). Ya desde las primeras escenas de Joker, cuando Arthur Fleck llega al apartamento donde habita y la voz de su madre suena de fondo (pero sin que salga a cuadro) preguntando si es él quien ha entrado, el intercambio parecería tomado de esos momentos en que Bates habla con su madre en la película sin que el espectador conozca aún la terrible realidad en torno a ella.

En la película también se ofrecen elementos para hacerse una idea del peso que la madre tiene en el devenir de Arthur, no sólo por el trauma severo que le inflige, sino sobre todo por la imposición que hace de su deseo (después de todo es ella quien lo llama “Feliz”, a manera de apodo cariñoso pero contradictorio). En este sentido, la risa incontrolable de Arthur bien puede tomarse como el síntoma creado por la angustia que le causa hacer algo que sale del deseo de la madre. Esa madre suya tan vulnerable, tan necesitada de él, tan incapaz de valerse por sí misma si no es través del hijo. En este rasgo de nuevo parece asomarse Psycho: en algo se parecen este Arthur Fleck que baña a su madre y baila con ella para acostarla, y el Norman Bates que igualmente se ocupa de su madre al grado de cargarla para llevarla de una habitación a otra.

En el personaje de Phoenix hay sin embargo una característica que lo hace único, tanto en el marco de la interpretación que hace del Joker, como por lo que toca a sus cualidades actorales. Esta es el dominio notable que tuvo de su cuerpo para esta película. 

Acaso inspirado por la base de maquillaje blanco que tienen en común cierto tipo de payasos y cierto tipo de mimos, Phoenix ocupa varias secuencias del filme realizando rutinas que bien podrían considerarse las de un mimo callejero o de un mimo profesional y artístico como Marcel Marceau. La elocuencia silenciosa de sus movimientos corporales también evoca en parte los inicios del cine, cuando éste era mudo y mucha de su expresividad recaía en los gestos faciales o de otro tipo que los actores pudieran hacer (por ejemplo, el levantar de cejas de Charlie Chaplin, el pataleo exagerado de Buster Keaton, etcétera). 

Es un gran acierto visual y estético entregarse al seguimiento que la cámara da a los bailes “improvisados” del Joker, frente al espejo o en la calle, como si se tratara de los pocos momentos en que su mente atribulada se permite flotar en la liberación de cierto bienestar. En ese sentido, es un tanto lamentable que la película no haya sido más silenciosa, pues sin duda hay escenas que pudieron prescindir de la música que las acompaña, para volver aún más notoria la expresividad corporal y el talento de Phoenix.

Como nota final vale la pena señalar que Joker de Phillips recoge respetuosamente la herencia gráfica y fílmica de la cual su cinta también proviene. Hay ciertos cuadros (que sin duda los fanáticos reconocerán y apreciarán) que remiten al Joker de Ledger en The Dark Knight (Christopher Nolan, 2008) o al de Frank Miller de The Dark Knight Returns (1986). Asimismo, en un aspecto similar, otras escenas sirven para inscribir este Joker en el universo general de Batman, por ejemplo, al incluir el asesinato de Thomas y Martha Wayne en las circunstancias ya de sobra conocidas. 

De ese modo, el director evitó caer en el error en el que incurren algunos, de querer reinterpretar casi por completo un personaje que claramente tiene su propia historia y sus referencias bien asentadas.

Se trata en suma de una cinta sumamente bien lograda, en casi todos los aspectos, que sin duda colmará las expectativas aun de los más exigentes.

 

Twitter del autor: @juanpablocahz

 

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