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La hermosa serie de mandamientos de los samuráis

De la mano del código bushido o "el camino del guerrero", basado en siete ideales que servían como una guía moral, los samuráis se regían también por una serie de mandamientos o principios, los cuales muestran una hermosa filosofía sintética que combina el zen, el taoísmo y el sintoísmo en un zurcido invisible.

Como veremos, el samurái basa su poder en el poder que ya existe y oculta su individualidad para dejarse atravesar por la ley moral universal. Su férrea disciplina va acompañada de un profundo compromiso ideal, pues de otra forma sería insostenible.

Este era el credo que recitaban los samuráis:  

No tengo parientes, yo hago que la Tierra y el Cielo lo sean.

No tengo hogar, yo hago que el Tan T’ien lo sea.

No tengo poder divino, yo hago de la honestidad mi poder divino.

No tengo miedos, yo hago mis medios de la docilidad.

No tengo poder mágico, yo hago de mi personalidad mi poder mágico.

No tengo cuerpo, yo hago del estoicismo mi cuerpo.

No tengo ojos, yo hago del relámpago mis ojos.

No tengo oídos, yo hago de mi sensibilidad mis oídos.

No tengo extremidades, yo hago de la rapidez mis extremidades.

No tengo leyes, yo hago de mi autodefensa mis leyes.

No tengo estrategia, yo hago de lo correcto para matar y de lo correcto para restituir la vida mi estrategia.

No tengo ideas, yo hago de tomar la oportunidad de antemano mis ideas.

No tengo milagros, yo hago de las leyes correctas mis milagros.

No tengo principios, yo hago de la adaptabilidad a todas las circunstancias mis principios.

No tengo tácticas, yo hago del vacío y la plenitud mis tácticas.

No tengo talento, yo hago que mi astucia sea mi talento.

No tengo amigos, yo hago de mi mente mi amiga.

No tengo enemigos, yo hago del descuido mi enemigo.

No tengo armadura, yo hago de la benevolencia mi armadura.

No tengo castillo, yo hago de mi mente inamovible mi castillo.

No tengo espada, yo hago de mi no-mente mi espada.