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Maestros del ambient: Templos de silencio y paz/la música de Hiroshi Yoshimura

AlterCultura

Por: pijamasurf - 05/04/2019

Hiroshi Yoshimura, el padre del ambient japonés, fue un hombre refinado en todos sentidos

Música inspirada en el espacio. Música inspirada en el agua. En flotar. En no pensar. En la belleza de las cosas que caen. Escenas en ventanas. Escenas interiores. Una nada radiante, shunyata y la ontología negativa de Kioto. Una filosofía de la contemplación y la melancolía. El tiempo que pasa. La música que perdura. La música de Hiroshi Yoshimura es una de las grandes obras en la historia del ambient, una luminosa aportación a la vida contemplativa.

Yohsimura es considerado el pionero del ambient en Japón, uno de los países donde más tracción ha ganado esta corriente musical que incorpora la música electrónica a ciertos aspectos que antes se asociaban con la música culta o clásica para crear un nuevo género popular, melancólico y contemplativo. Yoshimura, quien murió a los 60 años de cáncer, en el año 2003, tomó influencias como Brian Eno y Erik Satie y creó sus propios paisajes silenciosos, llenos de delicadas melodías y sonidos naturales, a veces entrecortados por frecuencias electrónicas que sugieren presencias angelicales.

Yohsimura no sólo fue un gran "ambientalista"; fue un destacado artista visual y conceptual, y académico en diversas universidades. Su música revela esta cultura, un desarrollo no sólo de temas musicales, sino de ideas y de preguntas que abren espacios para nuevas perspectivas. Una selva minimal donde cada animal es parte de una perfecta y delicada sinfonía que lleva a contemplar algo intemporal.

Cuando compuso Music for Nine Post Cards, uno de sus álbumes clásicos, Yoshimura escribió: "Seré feliz si, cuando disfrutes de este disco, el escenario circundante puede ser visto bajo una luz sutilmente diferente". Cierta música revela el mundo bajo una nueva luz.

Discografía:

Music For Nine Post Cards (1982)
Pier & Loft (1983)
A・I・R (Air In Resort) (1984)
Green (1986)
Soundscape 1: Surround (1986)
静けさの本 (Static) (1986)
Flora (1987)
Wet Land (1993)
Face Music (1994)
Quiet Forest (クワイエット・フォレスト) (1998)
Four Post Cards (2004)
Soft Wave For Automatic Music Box (2005)

 

De esta misma serie, lee:

Maestros del ambient: Harold Budd

Maestros del ambient: Brian Eno y la música del infinito

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Todo aquello a lo que el ser humano realmente aspira, no puede medirse

Uno de los principios rectores que ha hecho que el Internet se convierta en el espacio fundamental de la economía y que haya seducido a tantos inversionistas y anunciantes se debe a que, en teoría, todo se puede medir. Todo arroja datos, todo es cuantificable, todo puede convertirse en una gráfica, en una estadística y en un algoritmo. Incluso los seres humanos, con sus perfiles en línea.

Al abrazar la cuantificación de todas las cosas, el Internet sólo sigue la lógica capitalista que ha embebido sus valores en su estructura y en su software. Douglas Rushkoff sugiere que uno de los principales problemas que enfrenta el ser humano en la actualidad es que los valores del sistema capitalista corporativo se han vuelto ubicuos y cada vez más incisivos al estar siendo programados en las plataformas que usamos todo el tiempo, pues el Internet ya no es un lugar al que nos conectamos de repente, es un estado o  ambiente en el que vivimos.  En su libro Team Human, Rushkoff señala que "el énfasis sobre las métricas y la cantidad en lugar de la profundidad y la calidad ha engendrado una sociedad que la da valor a la celebridad, al sensacionalismo y a las evaluaciones numéricas del éxito."

Esto es importante, porque aunque ciertamente los números nos ayudan a ser más eficientes y a acceder a ciertos aspectos de la realidad, no son el juego completo. De hecho, todo lo que más importa en el mundo no puede medirse y todo a lo que el ser humano realmente aspira -al menos, todo aquel que no está embrujado por los seudovalores del ultilitarismo y el consumo- no puede medirse. El amor, la belleza, la verdad, la bondad, las experiencias de comunión con otra persona o con el universo no pueden medirse, no pueden traducirse en un número o en un dataset. Y, sin embargo, los mercadólogos, los informáticos y los científicos materialistas nos quisieran hacer creer que si no se puede medir, no existe y no importa.

Una curiosa etimología sánscrita nos dice que la palabra "māyā", que generalmente se traduce como "ilusión" o "engaño", viene de la raíz "", que significa "medir". Esta es la gran ilusión en la que vivimos: creer que sólo lo que se puede medir es real y tiene valor. La ilusión, también, de que debemos comportarnos y aceptar como real sólo lo que entra dentro de lo medido, de las mediciones de ciertas estructuras socialmente aceptadas o de ciertas escuelas de pensamiento dominante.   


 

Foto: Bloomberg