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El origen del Día de la Bicicleta y el primer viaje de LSD del doctor Hofmann, un 19 de abril de 1943

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 04/19/2019

El extraño festejo mundial del primer viaje en LSD

Algunos ciudadanos de países occidentales estarán hoy un poco confundidos, pues quizá recordarán que en los últimos años el 19 de abril era el Día Mundial de la Bicicleta. En esta fecha incluso se podía ver a candidatos políticos y gobernantes haciendo proselitismo yendo a trabajar en bici y demás, todo lo cual era un poco extraño y divertido, pues el día en realidad celebra el primer viaje (intencional) de LSD de la historia, el cual llegó a su apogeo en el doctor Albert Hofmann cuando éste regresaba a casa en su bicicleta un 19 de abril de 1943 en Sandoz, Suiza. 3 días antes, Hofmann había ingerido sin querer LSD en pocas cantidades.

El Día de la Bicicleta se celebraba como tal desde 1985, luego de que Thomas B. Roberts, profesor de la Universidad de Illinois, tuviera la ocurrencia de celebrarlo un 19 de abril siguiendo aquel evento epifánico del doctor Hofmann. Para este año, sin embargo, la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante la resolución A/72/272, decidió hacer oficial el 3 de junio como Día Mundial de la Bicicleta, quizá en reacción al origen "pagano" de la fecha.

Hacemos ahora un recuento de la memorable jornada en la que el doctor Hofmann probó por primera vez una droga que luego alimentaría todo el movimiento psicodélico, especialmente debido al entusiasmo de Tim Leary. Hofmann lamentó mucho que esta sustancia fuera prohibida y se vetara toda investigación científica con LSD, y seguramente hoy estaría contento de ver que la medicina psicodélica tiene un renacimiento. Leary quería darle LSD a todo el mundo, sin distinción; Hofmann sabía que el LSD era sólo para algunas personas en ciertos momentos, idealmente bajo supervisión médica, y que de otra forma podía ser peligroso. 

El 19 de abril de 1943 el doctor Albert Hofmann decidió probar una nueva droga que había desarrollado en sus laboratorios en Suiza años antes trabajando con el ergot, un hongo que se genera en el pan de centeno (y que, se dice, habría sido usado en los misterios griegos de Eleusis) en la búsqueda de encontrar un estimulante circulatorio. Los accidentes son la materia prima de la creación, y el 16 de abril de 1943 Hofmann ingirió accidentalmente un poco de LSD -"Todo hombre derrama la sustancia que ama”, decía Robert Anton Wilson parafraseando a Oscar Wilde-. Esta pequeña dosis fue suficiente para desatar a su imaginación y preparar el histórico primer viaje de dietilamida de ácido lisérgico.

El día que ahora conocemos como Día de la Bicicleta, Hofmann decidió tomar 250mg de LSD-25 (el umbral de la dosis son 20mg). Después de ingerir la ominosa sustancia, el doctor Hofmann fue presa de un momento inicial de pánico, lo que se explica por la gran cantidad de ácido que consumió sin tener referencias, coqueteando con un malviaje que al final no dominó la experiencia, abriendo de esta forma una brecha en beneficio de la psicodelia: después de una examinación médica superficial, Hofmann comprobó que estaba bien y decidió explorar la sustancia. Aquí se cifraba la plantilla del viaje psicodélico de primero tener que enfrentar dificultades -un simbólico descenso al inframundo- para luego resurgir avante con las mieles de la catarsis. Le pidió a su asistente que lo llevara a casa en bicicleta porque no se podía usar vehículos motorizados, debido a la guerra. En el viaje en bici, al entrar en contacto con la luz del Sol y la naturaleza, despertó el primer momento de conciencia psicodélica que luego llamarían sunshine acid:

Poco a poco empecé a disfrutar una serie sin precedente de colores y formas jugando persistentemente detrás de mis ojos cerrados. Imágenes fantásticas surgían, alternándose, variando, abriendo y cerrándose en círculos, explotando en fuentes, reacomodándose e hibridizándose en un flujo constante...

Tuve la sensación de que veía la tierra y la belleza de la naturaleza como era cuando fue creada. Fue una experiencia maravillosa. Un renacimiento, ver la naturaleza bajo una luz nueva…

 

* Una versión de esta nota fue originalmente publicada el 19 de abril de 2010 (la historia es un fractal que se repite).

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Tao Lin, uno de los escritores jóvenes más inquietantes de los últimos años, ha ganado notoriedad por su escritura basada en la experiencia psicodélica

Tao Lin, uno de los escritores jóvenes más inquietantes de los últimos años, ha ganado notoriedad por su escritura basada en la experiencia psicodélica. Estadounidense de ascendencia china taiwanesa, combina los referentes de la cultura pop y los anhelos profundos que remiten a la filosofía oriental. Entre sus libros más famosos se encuentran Trip (Viaje) y Tai Pei (Taipéi), en donde comparte, desde sus álter egos, su experiencia en horas de vuelo:

En la primavera de 2010, cuando tenía 26 años, comencé a usar Adderall, Xanax, oxicodona y otras drogas farmacéuticas. Durante 2 años traté constantemente de usar menos drogas mientras usaba cada vez más. Sentía cada vez más desesperación, preocupación y desesperanza. Para el año 2012, las situaciones sociales requerían por lo menos de cafeína, un estimulante farmacéutico o una benzodiazepina. Sabía que al día siguiente me sentiría terrible, suicida. Parecía que ya no podía disfrutar de nada a menos que tomara dos o más medicamentos fuertes, si me encontraba solo.

Durante esos años oscuros, utilicé LSD y psilocibina unas 20 veces. Sus efectos me sorprendieron y alentaron. Ellos me sacaron de mis hábitos temporalmente (como revolcarme en la depresión y usar píldoras para sentirme menos mal), me hicieron sentir más sano. Pero mi problema con las drogas y mi sombría visión del mundo (me había suscrito vagamente al existencialismo, que me dijo que debía crear mi propio significado en un universo indiferente) superó mis experiencias psicodélicas y todavía me sentía atrapado en una confusión indefensa. Me sentía incapaz de dejar de usar píldoras o encontrar un significado convincente en la vida.

En septiembre de 2012, me encontré con el difunto promotor de psicodélicos Terence McKenna en YouTube. McKenna promovió específicamente los psicodélicos de las plantas, que han sido probados por siglos: cannabis, psilocibina, DMT, ayahuasca, salvia divinorum. Alentó a las personas a usar psicodélicos en soledad, en la oscuridad silenciosa, después de mucha planificación y lectura, lo opuesto a lo que yo había hecho pues los probaba en público, con amigos, después de poca o ninguna investigación.

11 meses más tarde, en agosto de 2013, solo en mi estudio en Manhattan, a las 12:50am, con más intención y conocimiento que en mis viajes anteriores, tomé mi primera dosis pesada de psilocibina: 2.5 gramos de una especie desconocida y seca. La tomé sabiendo que, al menos, cambiaría severamente mi perspectiva durante unas horas, me haría sentir menos deprimido, compulsivo y neurótico durante días y me interesaría en la vida durante 1 semana o más. También sabía que podría motivarme a hacer las cosas que quería hacer, y que, por algún motivo, incluida la falta de inspiración, todavía no había hecho.

A la 1:44am, me sentí saliendo de la Tierra de una manera inquietante, como si estuviera en un barco que partía de un lugar que asumí como el único lugar. Me senté con las piernas cruzadas en el suelo y bajé los párpados. Me sorprendió gradualmente, durante unos 20 segundos, encontrarme en una extensión desconocida, reluciente y celestial. Queriendo explorar, traté de mover mi perspectiva como si tuviera un cursor, pero parecía que no podía moverme. Reconocí que probablemente podría explorar mejor este lugar con una dosis mayor, en un viaje futuro, con una mente y un cuerpo más sanos.

Alrededor de las 2:40am, me moví a mi cama, donde me senté con las piernas cruzadas y sollozando, dándome cuenta de que finalmente iba a terminar años de un abuso de drogas cada vez menos placentero. Me había dado cuenta de esto antes, pero nunca con confianza. Lloré pensando en cómo me iba a distanciar de todo, excepto de los libros y quizás de las películas para vivir solo en un área rural. Me sorprendió poder decidir qué hacer en términos de años y décadas, en lugar de horas y días, como si las decisiones fueran literarias.

A las 3:46am, tuiteé: “Estoy dejando atrás toda esta mierda de juego. Estoy riendo. No sé qué es lo que estoy dejando atrás en términos específicos, pero lo estoy eliminando”. Mi tercera novela, Taipéi, había sido publicada 2 meses antes. Pensé en la fiesta de lanzamiento, donde recibí regalos de botellas de medicamentos a medio llenar que quería dejar de usar. Al principio, mi recuperación se centraría en la eliminación de estos medicamentos farmacéuticos, pero se propagaría gradualmente a otros elementos ambientales que no me sirvieron de nada: radiación electromagnética, alimentos nocivos, pesticidas y otras toxinas, anuncios.

Alrededor de las 5:40am, casi 5 horas después de comer hongos, regresé del viaje y me sentí un poco frenético porque quería apresurarme mientras aún me sentía motivado para “abandonar la sociedad”, ése fue el mensaje principal de mi viaje. Eliminé Tumblr y Facebook de mi empresa editorial, luego mi cuenta personal de Twitter y Facebook. Una parte de mí se sentía sorprendida y la otra no. A menudo había querido hacerlo, pero nunca logré eliminar mis cuentas en esos sitios web.

A las 6:01am, eliminé mi blog y el sitio web principal, taolin.info, reemplazándolo con cuatro párrafos en letras mayúsculas. El primer párrafo fue el más largo:

“BORRÉ LA PÁGINA PRINCIPAL DE MI CUENTA DE GMAIL... TODOS LOS CORREOS ELECTRÓNICOS. OFICIALMENTE NO TENGO MEMORIA... AMO A MI FAMILIA, MIRARÉ HACIA ADELANTE AL PASAR EL TIEMPO CON ELLOS Y UNOS POCOS AMIGOS. TODOS LOS DEMÁS: JAJAJA ADIÓS, JESÚS... NO EN UN MAL SENTIDO... OK. JESÚS…”.

Consideré eliminar mi cuenta de Gmail por completo. Sentí que necesitaba apresurarme para cumplir mi plan o, de lo contrario, no sucedería. Como mi determinación y mi visión se irían, probablemente racionalizaría que era mejor no hacerlo. Entonces, puse mi MacBook en una bolsa de basura y puse la bolsa en un contenedor público de basura a dos cuadras de distancia.

Más tarde ese día, después de una siesta, comencé a sentirme melodramático y falso. ¿Por qué me sentía avergonzado por intentar dejar una vida que cada vez más temía y odiaba? La eliminación de mi computadora, la eliminación de partes de mi presencia en Internet y la publicación de un mensaje similar a la jubilación en mi sitio web eran comportamientos preciosos y raros que no quería disminuir, menospreciar o ignorar. Quería premiarlos y no olvidar cómo me hacían sentir.

En los siguientes días y dado mi deseo de dejar inmediatamente a la sociedad, dudé de la sabiduría de mi plan. Parecía más sabio, más efectivo, serio y considerado, menos frenético, beligerante y enloquecido, que esto se fuera dando de forma lenta, paciente y cuidadosa. Comencé a ver que mi deseo no se debilitaba, sino que se transformaba de un arrebato aislado a un tema importante y de toda la vida.

Dejaría la sociedad (sus drogas, lenguaje, ideas, hábitos, opiniones y sitios web) en un proceso gradual de evolución. Usaría psicodélicos, libros, mi historia, mi mente y mi cuerpo para seguir aprendiendo. Llenaría mi inconsciente con más de mis experiencias de la naturaleza y menos de la cultura y sus jerarquías para no hundirme. Como en arenas movedizas, pero sin una lucha direccional, volví a la vida que una vez quise dejar.

1 mes después, en septiembre de 2013, comencé a consumir cannabis a diario. Comencé a usar menos Adderall y Xanax, más psilocibina y LSD. En 2014 comencé a escribir mi cuarta novela, Leave Society (Dejar la sociedad). En 2016, cuando ya había dejado de consumir drogas farmacéuticas y me había vuelto adicto a aprender de libros de no ficción, cambié mi dieta y mi consumo cultural y otros hábitos y continué alimentando mi interés cada vez mayor en la naturaleza y los psicodélicos. Puse la novela en espera y escribí Trip, donde examiné mi viaje de psilocibina en detalle, dándole más poder para seguir influyendo en mi vida.

Los psicodélicos catalizan el cambio, pero no indefinidamente y no sin estrategias. Para mí, eso significa tomar apuntes, escribir autobiográficamente, amigos, nutrición, desintoxicación, ejercicio, dormir, leer y volver a examinar ideas que inconscientemente había absorbido de la sociedad. Pero sin ese viaje de psilocibina que me ubicó tan lejos en un solo día y que me llevó a un lugar donde pude decidir qué hacer con los siguientes 5 o más años de mi vida, habría tardado en llegar a mi camino otros 10 o 20 años, o quizás no habría llegado nunca.

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Imágenes de Tao Lin: https://highexistence.com/tao-lin-interview-trip/