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Experimento muestra que existen 2 realidades diferentes al mismo tiempo

Ciencia

Por: pijamasurf - 03/24/2019

Un experimento cuántico que sugiere que el mundo es sumamente extraño

Un paradójico experimento de pensamiento fue ideado en 1961 por el físico Eugene Wigner. Similar al gato de Schrödinger, el llamado "amigo de Wigner" postula que dos personas pueden experimentar dos realidades distintas de un mismo fenómeno físico.

Para empezar, se tiene un sistema cuántico con dos estados en superposición. El amigo de Wigner está en un laboratorio haciendo un experimento con un sistema de fotones entrelazados; una vez que hace una medición, el sistema colapsará y el fotón existirá en uno de dos estados: una polarización vertical o una horizontal. Pero, para Wigner, quien está fuera del laboratorio, sin saber el resultado de la observación, el estado cuántico seguirá en superposición. Incluso puede realizar un experimento  de interferencia y verificar que los fotones siguen en superposición. Así que Wigner y su amigo tendrán dos realidades objetivas coexistentes.

Este experimento teórico no es fácil de ejecutar pero, aparentemente, el físico Massimiliano Proietti y sus colegas han logrado poner la paradoja de Wigner a prueba -y parece ser que el Premio Nobel de Física tenía razón-. Los físicos lograron construir un experimento de seis fotones entrelazados para crear dos realidades alternativas. En el experimento, un físico que toma el papel del amigo de Wigner realiza la medición de la polarización del fotón y almacena el resultado. Otro físico, vicario de Wigner, luego hace la medición de interferencia.

El experimento produce un resultado perturbador: ambas realidades coexisten, pese a que producen resultados irreconciliables. Como dice la revista del MIT:

los resultados de Proietti y compañía sugieren que la realidad objetiva no existe. En otras palabras, el experimento sugiere que una o más de las asunciones -la idea de que existe una realidad en la cual podemos estar de acuerdo, la idea de que existe el libre albedrío o la idea de la localidad- deben de estar equivocadas.

De cualquier manera, nos dejan en un universo extraño: ya sea un universo que depende de nuestra conciencia observadora, un universo determinista o un universo donde las cosas están conectadas a distancia.

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Incluso en enfermedades como el Alzheimer, la memoria musical posee un grado sorprendente de conservación

La memoria es una de las cualidades cognitivas más enigmáticas; tanto, que incluso en nuestros días no se conoce bien a bien su funcionamiento. Si acaso, uno de los descubrimientos más sorprendentes de la neurociencia contemporánea es que todo parece indicar que nuestros recuerdos no se crean y se almacenan una sola vez, sino que el cerebro "rehace" una nueva versión de aquello que recordamos en el momento mismo en que nuestra memoria la requiere, un proceso fascinante que a su vez plantea nuevas preguntas sobre esta capacidad.

Pero eso no es todo. Como también se ha observado, la memoria posee diferentes registros de acuerdo a los sentidos que perciben un hecho y, en consecuencia, los grados de memorización y fidelidad de un recuerdo varían en función de éstos. El escritor francés Marcel Proust no se equivocó cuando a lo largo de su monumental En busca del tiempo perdido ofreció distintos ejemplos de la asociación que puede tener un recuerdo con un sabor específico, con una fragancia, con el sonido tan particular de la pisada de un tacón contra un adoquín o de la textura de una servilleta de tela sostenida entre los dedos. Cada una de esas sensaciones deja un recuerdo particular, que depende también del contexto en el cual se produce, y como Proust también notó, el recuerdo queda atrapado en esa red que es al mismo tiempo como un cristal que lo contiene.

Recientemente, un estudio publicado en la revista especializada The Journal of Prevention of Alzheimer's Disease dio cuenta del vínculo especialmente estrecho que existe entre la música y los recuerdos, al grado de que incluso en etapas avanzada de dicha enfermedad (que, como se sabe, mina poco a poco la memoria de una persona, incluso sus recuerdos más íntimos y estructurales), los pacientes son capaces de identificar la música que escucharon en etapas previas de su vida.

En el marco de esta investigación se analizó sobre todo la reacción conocida como respuesta sensorial meridiana autónoma, que quizá sea conocida por nuestros lectores por sus siglas en inglés: ASMR (Autonomous Sensory Meridian Response). Este fenómeno cerebral se popularizó en Internet desde hace unos años a raíz de bloggers y sitios que publican videos que lo propician a través de sonidos como el murmullo de una voz o el golpeteo suave de una mano contra un micrófono. Ante estos estímulos (que muchas personas consideran relajantes, incluso para dormir, de ahí la otra razón de su celebridad), en el cerebro se desencadena una respuesta involuntaria que se experimenta como hormigueo a lo largo del cuerpo o en zonas específicas como el cuero cabelludo o la cabeza en general y, de hecho, la música también puede generarlo, en especial cuando se trata de una tonada que por motivos puramente sensitivos nos gusta y nos conmueve: si la música estremece tu cuerpo, esto es signo de que tu cerebro se encuentra en estado óptimo. Otros testimonios asocian la RSMA con experiencias como el culto religioso o la lectura (y en general la experiencia estética).

En el caso de las personas que padecen Alzheimer, dicha respuesta tiende a confundirse. Los pacientes con Alzheimer pueden sentir el estímulo y quizá también la respuesta, pero para ellos el punto de contacto entre uno y otra no es claro.

No es así, sin embargo, en el caso de la música. Según el estudio conducido, entre otros, por Jeff Anderson (médico y profesor de radiología en la Universidad para la Salud de Utah, Estados Unidos), en el caso de las memorias musicales y la RSMA asociada con éstas, ciertos pacientes con Alzheimer son capaces de identificar tanto la pieza musical en cuestión como las razones por las cuales ésta les produce escalofríos o los conmueve. Al menos durante ese instante, los pacientes recuperan un fragmento de lo que vivieron. 

De acuerdo con Anderson y tomando en cuenta otros estudios que asocian los beneficios de la música con la memoria, tal parece que la práctica y aun el mero disfrute de esta disciplina tienen un impacto positivo amplio en la salud cerebral y específicamente en la memoria, al grado de que valdría la pena considerarlos como una medida preventiva para combatir el aumento de enfermedades como el Alzheimer.

¿Qué te parece? Una razón más para amar la música, ¿no crees? Bien decía Nietzsche que "Sin música, la vida sería un error".

 

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Imagen de portada: videoclip de la canción "Feels Like We Only Go Backwards" (Tame Impala, 2012), dirigido por Joe Pelling y Becky Sloan