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15 lecciones sobre el amor que vale la pena aprender pronto en la vida

Buena Vida

Por: pijamasurf - 12/02/2018

Las relaciones de amor, en el sentido amplio del término, son indispensables, pero también arduas

Las relaciones son fundamentales en la vida, pero no por ello son lo más fácil de establecer. De hecho, lo contrario es más bien la norma. 

A pesar de que el ser humano es un ser social, que encuentra su fortaleza en su capacidad de tejer vínculos con sus semejantes, tal pareciera que a lo largo de nuestra historia nos hemos desentendido cada vez más de ese elemento imprescindible en el desarrollo de nuestra existencia, de modo tal que ahora pareciera que se ha instalado una dificultad generalizada para conocer gente, hacer amigos, entablar relaciones sentimentales sinceras, quererse, ayudarse, hablarse, etcétera. 

En cierta medida, esto puede explicarse porque entendemos tarde en la vida que amar también requiere de un aprendizaje. Uno que además debe experimentarse en cabeza propia. Ello, sin embargo, no impide que seamos capaces de tomar algunos cuantos atajos (así sean teóricos) para la práctica del amor. 

A continuación compartimos este listado de lecciones sobre las relaciones, inspirado en una nota publicada en el sitio Tiny Buddha, pero con una elaboración original.

 

Vemos la vida como somos, no como es

La perspectiva que tenemos de la vida suele estar determinada por nuestra percepción. La realidad como tal existe, pero en el caso del ser humano es prácticamente imposible disociarla de los códigos con los cuales la volvemos comprensible. Y esos códigos tienen siempre una dimensión subjetiva. En el caso de la subjetividad y las emociones, esto es todavía más evidente en la manera en que una persona se coloca frente a la vida. Hay quienes la viven como un desafío emocionante, mientras que a otros les parece una carga insufrible. Hay quien se alegra aun en medio de la adversidad, y otros que encuentran motivo de queja incluso en los detalles más banales. Y no obstante, hasta cierto punto podría decirse que la vida es la misma para todos. Sus condiciones cambian, en efecto, pero el hecho de estar vivos, la energía que circula en todo aquello que tiene vida, es en cierta forma una misma esencia, de la cual obtenemos aquello que estamos dispuestos a pedir y a recibir a cambio de nuestro esfuerzo, nuestro trabajo y nuestras expectativas. Es necesario entender que no todas las personas miran la vida de la misma manera.

 

Dos personas pueden experimentar la misma situación de maneras totalmente distintas

Esto puede parecer obvio, pero en la práctica no lo es tanto. Dependiendo de nuestro nivel de madurez emocional, podemos admitir que otra persona tenga una opinión totalmente distinta de una misma situación, o no… Cuando entendemos que cada persona se forma sus ideas sobre la vida y la realidad a partir de su biografía, los hechos que la marcaron, la educación que recibió, las circunstancias en las que creció, etc., podemos entender por qué aquello que a alguien le parece agradable, quizá para otro es causa de tristeza, o porqué una acción que a alguien le causa satisfacción, a otro más bien le asusta. Resistirnos frente a la otredad esencial de las relaciones sólo genera crispación y conflictos innecesarios.

 

Las personas cambian

La vida está en cambio constante y las personas no son una excepción a esa regla. Algunos cambian obligados por las circunstancias, otros por decisión propia, algunos más porque navegaron con el flujo de su existencia. En todos los casos, el cambio es una opción e incluso un derecho que debemos reconocerle a los otros. Las personas cambian, pero además, tienen derecho a cambiar.

 

Cada persona tiene su propio camino

Otra verdad relativamente evidente que, sin embargo, a veces tardamos en comprender. La vida, de inicio, nos lleva a coincidir con ciertas personas, a pasar el tiempo con ellas, a compartir sucesos y etapas importantes… Pero también la vida es capaz de separar y distanciar. Y a veces, con aquellos con los que alguna vez experimentamos una afinidad insólita, después es casi imposible sostener una plática más allá de lo superficial. Pero así es la existencia: nos conduce a todos por caminos diferentes.

 

Una persona puede llegar a tu vida por un día, una semana, un mes, un año o por tiempo indefinido y, en todos los casos, enseñarte algo

Cada relación es una oportunidad de aprender algo que no conocías antes. Sobre ti mismo (a), sobre el mundo, sobre la realidad, sobre la vida. Poner en juego lo que somos nos lleva a movilizar nuestros recursos, a despejar nuestros pensamientos y aun, a sacudirnos creencias que por mucho tiempo han permanecido fijas en nuestro interior. Algunas lecciones son difíciles de aprender, dolorosas en algunos casos, pero también las hay felices y placenteras. Por lo demás, si tienes la disposición, al final todos los aprendizajes serán en tu beneficio. Ese es uno de los grandes dones de las relaciones humanas.

 

Tienes permitido cuidar de ti

Por distintas circunstancias hay quienes crecen creyendo que deben “soportar” el malestar. Muchas relaciones abusivas se sostienen porque una o las dos personas involucradas son incapaces de moverse hacia un lugar emocional de bienestar. No obstante, esto no sólo es posible, sino necesario. Nadie está obligado a sufrir, ni por el mero hecho de sufrir, ni porque espere que mañana las cosas mejoren. Por supuesto que puedes tomar la decisión de moverte hacia un lugar mejor, en aras de tu seguridad y tu bienestar.

 

Las acciones hablan más y mejor que las palabras

El ser humano es un ser de lenguaje, pero esta invención, aunque genial, también es origen de muchísimas confusiones. El lenguaje es capaz de hacernos ver lo que no existe y creer en algo que quizá nunca sucederá. Sin embargo, las palabras no son su único medio. En las relaciones, con cierta frecuencia los actos son mucho más elocuentes cuando se trata de conocer realmente a una persona: sus intenciones, sus deseos, sus dificultades, sus valores, etc. Adquiere el hábito de escuchar pero también de mirar, esto es, de dar lugar a aquello que una persona dice, asegura, promete, etc., pero también aprende a mirar sus actos y sus omisiones, y compara una y otra dimensión. Por lo demás, no olvides hacer el mismo ejercicio contigo. La autenticidad y la honestidad son perlas raras que dan origen a relaciones fuertes y duraderas.

 

Cuida tu intimidad

La palabra intimidad no es sencilla de manejar en nuestros días, pues desde hace algunos años, su expresión ha cambiado tanto que incluso parece haber adquirido algunos tintes conservadores o morales. En tiempos en que todo se expone, cuidar la intimidad pareciera ser un consejo extraído de manuales de conducta de siglos pasados. Con todo, en el marco del manejo de las relaciones personales, se trata de un elemento fundamental. Por mas que vivamos tiempos de apertura, la intimidad conlleva elementos de nuestra personalidad o de nuestra historia de vida que no es tan sencillo exponer, pues hacerlo nos lleva necesariamente a una posición de vulnerabilidad que ni todas las personas saben manejar ni, por otro lado, debería manejarse en cualquier situación. Nuestros amigos cercanos, algunos miembros de nuestra familia, nuestra pareja, quizá otro tipo de persona en quien también confiemos (un maestro, una figura tutelar, etc.): he ahí un círculo íntimo, con quienes es posible mostrarnos vulnerables porque sabemos que no se aprovecharán de esa circunstancia para herirnos o lastimarnos, sino más bien lo contrario: buscarán cómo protegernos.

 

Una persona siempre está luchando sus propias batallas

Recuerda tener esto en mente para conducirte con mayor compasión en tus relaciones. No siempre es evidente, pero todas las personas tienen sus propias dificultades en la vida, mismas que de una u otra manera tienen un efecto en su manera de vivir, de actuar, de pensar, etcétera.  

 

Toma conciencia de la manera en que usas tu energía emocional

En tanto seres vivos, nuestra energía es limitada. Y esto también es válido para la energía que dedicamos a nuestra vida emocional. Con cierta frecuencia, las personas que viven sumidas en una existencia emocional problemática, conflictiva, se dicen también cansadas, fatigadas, sin ganas ni motivación, lo cual es perfectamente comprensible: cuando una buena parte de la energía emocional se dedica a crear problemas inexistentes, a discutir, a enojarse, a entristecerse, a quejarse, etc., es lógico que no quede energía para otras emociones como la alegría, el entusiasmo, la curiosidad, etc. No queremos decir que niegues tus emociones (pues, como sabemos, las llamadas “emociones negativas” son un componente indispensable del bienestar psíquico), sino que tomes conciencia de tus patrones emocionales, el efecto que éstos tienen en tu vida y los lugares hacia los cuales te conducen. Quizá en el proceso te des cuenta de dos o tres cosas que te permitan entablar relaciones más constructivas y nutritivas.

 

Las relaciones son desiguales

Las relaciones con el otro son siempre un intercambio. Dejamos al otro entrar hasta cierto punto de nuestra vida, damos bajo ciertas circunstancias, obtenemos también en la medida de las limitaciones del otro y de la relación en sí, y viceversa. Un intercambio que no es justo ni equitativo, porque es imposible tasar objetivamente todo aquello que entra en juego en una relación. ¿Cómo poner un valor a una emoción, por ejemplo? ¿Cómo hacer el cálculo  de equivalencia entre los actos con que dos personas totalmente diferentes expresan su amor? ¿Y quién quisiera realmente llevar la cuenta del amor en la relación donde se encuentra?

 

Toda relación requiere trabajo y esfuerzo

La palabra trabajo suele estar asociada con aquello que hacemos para “ganarnos la vida”, esto es, a la actividad o actividades que nos reportan un sueldo o un ingreso monetario. Sin embargo, es posible ampliar esa noción y ver en la idea del trabajo uno de los componentes esenciales del ser humano. Si retomamos la frase podemos decir, en efecto, que sólo gracias al trabajo podemos “ganarnos la vida”, pues para obtener la existencia que queremos, que creemos merecer, que nos satisfaga o que nos haga felices, es necesario esforzarse, es decir, trabajar. Y esto incluye las relaciones con otras personas. Para tener buenos amigos (sinceros, afectuosos), para tener una relación de pareja en la que encuentres felicidad, incluso para que tus relaciones laborales y profesionales contribuyan a tu crecimiento: para tener todo ello, es necesario que trabajes para obtenerlo.

 

No todas las personas tienen que amarte

Contrario a lo que una visión inmadura del amor puede hacernos pensar, no todas las personas están “obligadas” a amarnos, a aprobar lo que hacemos, a celebrar nuestras decisiones, etc. De hecho, lo que ocurre en la vida cotidiana es más bien lo contrario. La otredad de la que hemos hablado prepara el terreno para la diferencia, la confrontación, el conflicto y la polémica, los cuales pueden presentarse en términos amistosos pero también en contextos muy adversos. En este sentido, es inútil que vayas por el mundo esperando que todo mundo apruebe lo que haces o decidas. Lo mejor que puedes hacer es tomar tus propias decisiones y, en todo caso, esperar que éstas te conduzcan hacia aquellas personas con quienes será posible dialogar, llegar a algún acuerdo, colaborar e incluso amar, pero no de una manera pasiva, como quien recibe tributo y admiración, sino en una relación activa, de trabajo y esfuerzo mutuo.

 

¿Cómo esperar que una relación te dé lo que buscas si tú mismo (a) no sabes qué es?

El autoconocimiento es uno de los pilares sobre los cuales se asienta la realización de la existencia. En el caso de las relaciones, es un factor fundamental para poder establecer vínculos que contribuyan a tu bienestar y tu crecimiento. Invierte tiempo en conocerte y comprenderte. ¿Qué buscas en una relación? ¿Entablas tus relaciones con ciertas expectativas predefinidas? ¿Qué es para ti el amor? ¿Dónde y de quién aprendiste a amar? Esas son algunas preguntas que pueden guiarte, pero no son las únicas.

 

Decir adiós

Este debe ser uno de los aprendizajes más difíciles de la vida, pues toca lo más profundo de nuestra necesidad de mantener relación con otro ser humano. Son muchas las razones que nos pueden hacer pensar que debemos mantenernos en una relación, pero a veces basta con un solo motivo para saber en lo más íntimo de nuestro corazón que eso no es posible. Pero la vida es así: las personas cambian, las relaciones se desgastan, la necesidad que un día nos mantuvo cerca de una persona no existe más… Decir adiós no es sencillo, y no siempre se puede hacer de la mejor manera, pero a veces es necesario.

 

BONUS: Te vas a equivocar, una y otra vez

En cuestión de relaciones no hay manuales ni secretos que te permitan evitar el equívoco, la desilusión, el descalabro. Más allá de ciertos principios que puedes adoptar –la compasión, la empatía, la solidaridad–, es poco lo que puedes predefinir con miras a los vínculos que establezcas en tu vida. Pero mejor que sea así. Las relaciones suelen rendir mejores frutos cuando las dejamos crecer y florecer a su propio ritmo, cuando las cultivamos con paciencia y amor. De ese modo, siempre nos sorprenderán. Cierto, quizá más de una se malogre en el proceso, o no llegue hasta el punto que hubiéramos deseado, pero otras sí lo lograrán. Y de cada una aprenderemos cómo equivocarnos mejor la próxima vez.

 

¿Qué te parece? ¿Qué agregarías tú a esta lista? No dejes de compartirnos tu opinión en la sección de comentarios de esta nota o a través de nuestros perfiles en redes sociales.

 

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Imagen de portada: mozza

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15 formas en que la vida cambia cuando dejas de beber alcohol en exceso

Buena Vida

Por: pijamasurf - 12/02/2018

Algunos de los efectos que experimenta la mayoría de quienes deciden dejar de beber en exceso

La relación entre el alcohol, el ser humano y la sociedad no es sencilla de clarificar. El alcohol ha estado presente en la cultura desde tiempos remotos y, desde cierta perspectiva, puede decirse incluso que se trata de un producto de la civilización. 

En parte es a causa de dicha antigüedad que el alcohol tiene un margen amplísimo de tolerancia social. A pesar de sus efectos nocivos en la salud personal y pública, el consumo de alcohol se mira como un hábito “normal”, cotidiano, que se sanciona escasamente.

Por supuesto, el alcohol no es en sí mismo un problema. En un pasaje de Las bodas de Cadmo y Harmonía en que Roberto Calasso comenta la invención del vino según la mitología griega, no duda en decir de la ebriedad que “era justamente lo que le faltaba a la vida, lo que la vida esperaba”. ¿Por qué? En buena medida, porque un poco de alcohol aligera la vida, vuelve por un momento más asible algo que de inicio nos parece confuso o enigmático. 

El problema, sin embargo, es el exceso, como también han señalado una miríada de filósofos y pensadores desde tiempos inmemoriales. Es en el exceso del consumo de alcohol donde todas sus virtudes posibles se convierten en calamidades, y entonces el don y el regalo se transforman en una maldición.

Es desde esa perspectiva que compartimos ahora este listado, que tiene como inspiración un texto aparecido hace unos días en el sitio Walking Times. Grosso modo, se trata de una serie de efectos positivos que ha constatado la mayoría de las personas que dejan de beber, algunos a las pocas semanas de tomar dicha decisión y otros en un plazo más prolongado. Pero, en todos los casos, son efectos relativos al bienestar general.


1. Mejora general de la salud física

El primer gran efecto que notan prácticamente todas las personas que dejan de beber alcohol es una mejora general en su salud. Pérdida de peso, mejor aspecto de la piel, noches de sueño profundo y reparador y una mejor salud digestiva son algunos de los efectos a corto plazo, mientras que a mediano y largo plazo el corazón, el hígado y el cerebro son los órganos más beneficiados.

 

2. Mejora en la salud mental

Cuando se bebe en exceso, tomar la decisión de dejar de hacerlo es ya un reflejo de la voluntad de mejorar (de la pulsión de vida ganando terreno frente a la voluntad de autodestrucción, para decirlo en términos freudianos). Pero dicho impulso no se detiene ahí. Otras circunstancias de orden psicológico como la ansiedad o la depresión también se transforman, particularmente en aquellas personas en las que el consumo del alcohol es un síntoma de una condición subyacente.

 

3. Menos gastos innecesarios

El consumo de alcohol está asociado típicamente con un gasto irracional del dinero, de ahí que detener esa conducta tenga efectos también en las finanzas personales. Este es otro de los cambios que las personas que dejan el alcohol notan casi inmediatamente en sus vidas.

 

4. Un mejor empleo del tiempo

Usualmente el consumo desmedido de alcohol requiere un gasto considerable de tiempo, de entrada por el tiempo dedicado a la bebida en sí y después, por el tiempo destinado a la recuperación física que implica beber en exceso. Dejar de beber cambia eso por completo, y es común que ese tiempo termine usándose de manera más provechosa para uno mismo.

 

5. Un mejor entendimiento de uno mismo 

En el marco de la subjetividad, el consumo de alcohol a veces sirve para enmascarar condiciones sobre las cuales se tiene poco conocimiento personal. Así, hay quien bebe, por ejemplo, para animarse a hablar con desconocidos en una fiesta, para bailar, para bromear, etc. En pocas palabras, para vencer circunstancias como la timidez, la ansiedad, el aburrimiento u otras. Sin embargo, la tarea existencial del ser humano es más bien conocer en lugar de engañarse, es decir, preguntarse la razón y las causas de dichas dificultades para así poder sobreponerse a ellas. Dejar de beber también es una oportunidad para observarse, conocerse y cambiar aquello de uno mismo que el alcohol parece modificar.

 

6. Una mejor aceptación de uno mismo

En el sentido del punto anterior, un mejor conocimiento de uno mismo casi siempre conduce a la aceptación de quien se es, no a manera de resignación, sino de comprensión.

 

7. La vida se hace menos problemática

Con cierta frecuencia, el alcohol trae problemas a la vida. Financieros, de relaciones personales, con el trabajo y las responsabilidades en general, de salud, con el manejo del tiempo y más, la mayoría de los cuales, cuando se observan en retrospectiva, se revelan innecesarios, gratuitos y fáciles de evitar. En ese sentido, detener el consumo excesivo de alcohol es también poner un freno a todo ello. 

 

8. Se vive con menos arrepentimientos 

¿Cuántas veces, al despertar luego de una borrachera, te has arrepentido de algo que dijiste o hiciste? Pues bueno, al dejar de beber también desaparece esa sensación de tu vida.

 

9. Experimentas de otra manera las adicciones

La adición es un patrón de conducta que encuentra en el alcohol una de sus expresiones, que en realidad pueden ser muchísimas. Entender por qué estás enganchado(a) al alcohol, qué sucede cuando lo dejas y cómo cambia tu vida después de ello también tiene como efecto entender mejor los patrones que te llevan a tener una conducta adictiva.

 

10. Vives de otra manera las relaciones personales

Como si se tratase de una criatura con voluntad propia, la adicción al alcohol suele encontrar sus propias formas de aferrarse a la existencia de una persona, y una de ellas son las relaciones personales. Con frecuencia, quien bebe en exceso suele encontrar a las personas con quienes validar su comportamiento, esto es, amigos o compañeros con quienes igualmente puede beber y con los cuales no sentirá cuestionada su conducta. No obstante, cuando la adicción se detiene, también se revela el valor verdadero de dichas relaciones.

 

11. Y las conversaciones…

¿Alguna vez has estado sobrio en compañía de personas que están ebrias? Salvo ciertas excepciones, suelen ser momentos incómodos, pues es posible observar hasta qué punto el alcohol puede hacer a alguien testarudo, superficial o incoherente.

 

12. Puedes adquirir una mejor comprensión de la naturaleza humana

Siguiendo el ejemplo anterior, una observación objetiva de la ebriedad revela también otra cosa: la fragilidad del ego humano, el temor en el que viven la mayoría de las personas y el esfuerzo mayúsculo que muchos hacen por aparentar que son más o mejores de lo que creen que los demás piensan de ellos. No es casual que bajo el influjo del alcohol numerosas personas peleen, se enganchen en discusiones estúpidas o parezcan tener la “valentía” de la que carecen en sobriedad.

 

13. Y del entorno en el que nos encontramos…

El alcoholismo no surge de la nada. Existe una compleja red de significantes sociales y culturales por la cual una persona cree encontrar en el alcohol la respuesta a preguntas subjetivas que tocan su existencia. Ese no es el mejor lugar para buscar, en efecto, pero la cultura le hace creer que sí. La publicidad, la romantización artística de la bebida, la tolerancia social: esos son algunos de los factores por los que alguien puede llegar a creer que beber alcohol le dará las respuestas que está buscando.

 

14. Aprendes a tomar decisiones en función de tu bienestar

Cuando dejas de beber por voluntad propia, es más fácil tomar otras decisiones orientadas a tu bienestar personal. En cuanto a tu comida, por ejemplo, el tiempo que dedicas a alguna actividad física, el uso que le das a tu dinero, etcétera.

 

15. Adquieres una mejor experiencia de vida

En el sentido del punto anterior, la elección de dejar de beber alcohol conduce en general a una mejor experiencia de vida, pues ésta se vive más bien desde el entendimiento y no desde el efecto alterado de conciencia al que llevan las bebidas alcohólicas. La conversación que se tiene con una persona, la atracción sexual, la coordinación del cuerpo, la idea de uno mismo: todo ello pasa ahora por el filtro de la conciencia, de aquello que has aprendido de ti mismo y de la perspectiva que tienes sobre la vida.

 

BONUS: En el proceso, has aprendido a tomar conciencia de tu vida

La toma de conciencia es un proceso amplio al que una persona puede arribar por distintas vías, pero sin duda la decisión de dejar de beber es una de ellas. Como hemos expuesto a lo largo de esta nota, dejar el alcohol (o cualquier otra adicción) es en general un movimiento subjetivo que demuestra el deseo de aprovechar realmente la existencia, lo cual, paradójicamente, no muchas personas parecen estar dispuestas a hacer. Como dijera Oscar Wilde, la mayoría se conforma con vivir apenas, sin darse cuenta de que la existencia es una oportunidad única para hacer muchísimas cosas.

 

En la medida en que el alcohol es un factor capaz de detener y obstruir el desarrollo integral del ser humano, ¿no valdría la pena interrogar el lugar que le damos en nuestra vida?

 

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