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¿Te sientes ‘estancado’ en la vida? Esta guía puede ayudarte a pasar ese momento

Buena Vida

Por: pijamasurf - 07/23/2018

La vida busca manifestarse y fluir; no hay necesidad de frustrar su camino

En nuestra época es más o menos común escuchar que una persona se siente “estancada” en su vida, una expresión coloquial que posee sus variaciones (hay quien se considera “atorado”, “hundido”, “en un bache”, etc.) pero que, en todos los casos, da cuenta de ese sentimiento de frustración, de cierta parálisis indeseada y, a fin de cuentas, de la impresión de permanecer en un mismo lugar existencial, del que parece no haber salida y al respecto del cual no se mira en el horizonte ningún cambio. 

Cada persona, por otro lado, puede referir dicho “estancamiento” a distintos ámbitos. Habrá quien lo relacione más con su trabajo, por ejemplo, que acaso ya no le satisface; otros con su vida profesional, en sentido amplio; algunos con la relación de pareja que viven, o acaso con su familia, etcétera. 

En cierto sentido, la sensación no es extraña al ser humano, y hasta podría decirse que forma parte de su condición. Más allá de las explicaciones históricas, sociológicas o filosóficas que pueden ofrecerse (Byung-Chul Han ha escrito lúcidamente al respecto, explicando la “sociedad del cansancio” y ese estado permanente de fatiga en que se vive ahora), es posible argüir también un elemento propio de la naturaleza humana: la dificultad del sujeto para manifestar su propio impulso de vida. 

En la medida en que el ser humano pasa buena parte de su formación al cuidado de otros, sin darse cuenta “aprende” a reprimir sus propios impulsos, su deseo, su espontaneidad, sus ganas de hacer algo, etc. Y si bien este mecanismo es hasta cierto punto necesario para la vida en común con los demás, cuando se le permite operar sin control puede devenir justamente en el fenómeno del cual estamos hablando. La vida, que está hecha para correr libremente, para florecer, para dar lugar a más vida, se frustra, su curso se interrumpe, no tiene más hacia dónde manar.

¿Cómo salir de ese estancamiento?

A continuación presentamos algunos puntos que pueden ser útiles a este respecto. No se trata de una guía definitiva ni infalible, pero nos parece que puede motivar a la reflexión personal necesaria para resolver dicha situación.

 

Acepta tus circunstancias

Por principio de cuentas, acepta el momento en que te encuentras. A veces, por una inclinación hasta cierto punto “natural” o comprensible, evadimos las sensaciones y pensamientos de frustración que tenemos, por distintos motivos.

Sin embargo, si quieres salir de ahí, antes es necesario que aceptes la realidad en la que vives y, sobre todo, el malestar en tu vida. Intenta mirarlo de frente, sin temor pero también sin juicios. Pondera tu trabajo, tu pareja, tu situación económica, la adicción que está perturbando tu vida, tu situación profesional, etc. ¿Qué encuentras ahí? ¿Qué te molesta? ¿Piensas con frecuencia que te parece insatisfactoria? ¿Es para ti fuente de infelicidad? ¿No te gusta pero “te aguantas”? ¿No te gusta pero piensas que “es lo que hay”? ¿Es justo para ti que te conformes con eso?

 

Prepárate para decidir

“Locura es hacer lo mismo siempre y esperar cada vez resultados distintos”. Más allá del autor de esta frase (que algunos atribuyen a Albert Einstein, al parecer equivocadamente), el mensaje es preciso: si quieres un cambio en tu vida, necesitas emprender las acciones necesarias para generarlo. 

Sabemos, en efecto, que no siempre es sencillo tomar una decisión. Cuando tus ingresos económicos dependen de un trabajo, no parece fácil renunciar a éste de un día a otro. Si en tu interior tienes un miedo profundo (y acaso todavía desconocido) a la sensación de soledad, quizá no te sea sencillo terminar una relación de pareja, no importa lo mal que te sientas en ella. Quieres mudarte pero no tienes el dinero suficiente para afrontar ese gasto, etcétera.

Sin embargo, sí es posible desde ahora ponerte en el camino de dicho cambio. En otras palabras: tomar otras decisiones preparatorias o paralelas que, en su momento, habrán servido para dar el salto mayor. 

Examina tus circunstancias y reflexiona sobre aquello que sí puedes hacer ahora para salir de esa frustración en la que te sientes. ¿Ahorrar? ¿Preguntar entre tus amigos si alguien sabe de algún trabajo? ¿Hablar francamente con tu pareja? Salvo situaciones muy extremas, siempre habrá algo que puedas hacer, una decisión que puedas tomar.

 

Haz consciente tu miedo

El miedo es una emoción inscrita en nuestra naturaleza más profunda. En cierto modo, es consustancial a la vida, pues en buena medida es la respuesta frente a aquello que la amenaza. No obstante, en el ser humano el miedo tiene también un cariz existencial, pues además del miedo que podemos sentir ante situaciones de verdadero peligro (una caída potencial, un ataque físico, etc.), a veces desarrollamos también miedo a otras que aunque son en ese sentido inofensivas, nos atemorizan. Miedo a fallar, por ejemplo; a la incertidumbre, al rechazo, quizá incluso al triunfo, etcétera.

En todo caso, haz el esfuerzo de experimentar conscientemente tu miedo. No te decimos que lo evites, sino justo lo contrario. Vívelo tal y como llega. Estas preguntas pueden ayudarte a hacer consciente dicha emoción:

¿Qué pasa con tu cuerpo? ¿Sudas? ¿Tiemblas? ¿Comienza a dolerte la cabeza? 
¿Qué pensamientos se presentan en tu mente? 
¿Qué te dan ganas de hacer cuando tienes miedo? ¿Salir corriendo? ¿Comer? ¿Fumar? ¿Beber alcohol?
¿Qué sientes cuando tienes miedo?

Conforme tengas más clara tu propia manera de experimentar el miedo, puedes tomar un momento de más calma para examinar tu historia personal y preguntarte a qué se deben dichas sensaciones, por qué en ciertas situaciones experimentas ese miedo y en otras no, qué de tu formación subjetiva puede explicar los pensamientos que cruzan por tu cabeza cuando tienes miedo, etcétera.

 

Conócete y valora lo que posees

En ocasiones, la frustración en la vida surge cuando una persona ha dejado que otros conduzcan su vida durante mucho tiempo, lo cual da como resultado, por un lado, que uno llegue a lugares donde en realidad no deseaba estar y, por otro, que el sujeto sea definido por el exterior y no por un proceso de definición interior consciente. Dicho de otro modo: el sujeto piensa lo que es en función de lo que otros piensan de él (o de ella), de modo tal que se vuelve un desconocido de sí mismo, que no sabe lo que posee, que no conoce su valor como persona, el valor de sus habilidades, sus conocimientos y sus recursos, etcétera.

Si sientes que este es tu caso, intenta mirarte desde otra perspectiva. Aquí algunas preguntas para comenzar esa reflexión:

¿Qué sabes hacer? Hasta ahora, ¿qué de lo que haces te genera algún tipo de pago económico? ¿Qué tan bueno te consideras en tu trabajo? ¿Y con respecto a tus compañeros (presentes o anteriores)? ¿Y con respecto a otros colegas de profesión? ¿Tienes otras habilidades? ¿Quién valora lo que haces? ¿Quién esperas que valore lo que haces? ¿Qué formas del reconocimiento estás habituado a buscar? ¿Recibes otros reconocimientos de los que no te das cuenta?

 

Sé espontáneo

En El miedo a la libertad, Erich Fromm dedica varios párrafos a definir y elogiar la espontaneidad del ser humano como reflejo de su impulso de vida, esa fuerza que muchos de nosotros experimentamos en la niñez, en la cual intención y acción se encuentran fundidas: pensamos en hacer algo y lo hacemos, sin titubeos ni retrasos. No obstante, con el tiempo dicha espontaneidad se hace cada vez menos espontánea, por así decirlo, pues las reglas, los códigos sociales, la educación y otros factores interrumpen su libre curso. 

Sin embargo, no desaparece. De hecho, todos somos capaces de reconocerla. Cuando se nos “antoja” hacer algo, cuando nace de nuestro interior un comentario ingenioso, cuando sentimos ganas de cantar o de bailar, de sonreír, de escribir, en suma, cuando un deseo auténtico se presenta, éste es fruto de dicho impulso de vida. Tanto como sea posible, escucha ese deseo y realízalo, sin ningún otro propósito más que satisfacerlo. 

De esa manera, poco a poco te darás cuenta de que la vida busca manifestarse siempre. 

 

¿Qué te parece? Si tienes alguna sugerencia, no dudes en compartirla con nosotros a través de la sección de comentarios de esta nota o en nuestras redes sociales.

 

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Imagen de portada: Ben Bauchau

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Consejos del trompetista Wynton Marsalis a propósito de la práctica

El dicho popular afirma que “la práctica hace al maestro”, una perla de sabiduría que ha sido confirmada en múltiples ámbitos, por las personas más diversas. Émile Zola, por ejemplo, dijo alguna vez que “el artista no es nada sin talento, pero el talento no es nada sin trabajo”. Y aunque podríamos añadir más testimonio de este tipo, incluso por sentido común podemos aceptar que si buscamos destacar en algo (una disciplina artística, un deporte, una carrera profesional, una actividad artesanal, etc.), quizá el único elemento verdaderamente fundamental es la constancia. El ejercicio constante de una actividad se traduce en dominio, maestría y conocimiento pleno de ésta.

Recientemente, el sitio OpenCulture compartió la versión abreviada de 12 consejos que el trompetista Wynton Marsalis elaboró a propósito de la práctica. Como es sabido, en el caso específico de la música, los grandes intérpretes no adquieren este reconocimiento por azar o por haber recibido un don de una instancia metafísica. Nada de eso. Detrás de una gran interpretación hay, invariablemente, horas y horas de práctica, de estudio, de ensayo, cientos o quizá miles de interpretaciones fallidas, de repeticiones monótonas de un mismo pasaje, de tardes o noches pasadas batallando con un mismo fragmento, etc. Así que si alguien sabe de los beneficios de la práctica constante, es un músico.

Marsalis, por cierto, es probablemente el mejor trompetista de esta época. Un músico que, según la crítica especializada, devolvió al jazz la respetabilidad que tuvo en sus momentos de mayor gloria. 

En ese sentido, sus consejos son fruto de la experiencia y, por lo mismo, demuestran un conocimiento amplio de la naturaleza del ser humano cuando se enfrenta al desafío de hacer algo que quiere pero frente a lo cual carece de la pericia para acometerlo. El músico sabe de eso y, desde el lugar de quien pasó por el mismo trance y pudo superarlo, ofrece estas recomendaciones. 

1. Busca instrucción. Un buen maestro te ayuda a entender el propósito de practicar y además puede enseñarte formas para que la práctica sea más sencilla y más productiva.

2. Establece una agenda. Una agenda te ayuda a organizar tu tiempo. Asegúrate de tener tiempo de revisar los fundamentos de tu práctica, pues éstos son los cimientos de todas las cosas complicadas que vendrán después.

3. Establece objetivos. Como las agendas, los objetivos ayudan a organizar tu tiempo y delimitar tu progreso. Si una tarea en particular se presenta como verdaderamente difícil, relaja tus objetivos: la práctica no tiene por qué ser tormentosa para obtener resultados.

4. Concéntrate. Puedes hacer más en 10 minutos de práctica enfocada que en 1 hora de suspiros y gemidos. Esto significa nada de videojuegos, televisión o radio. Simplemente siéntate tranquilo y trabaja. El esfuerzo concentrado requiere práctica también, especialmente para los más jóvenes.

5. Relájate y practica lentamente. Tómate tu tiempo; no apresures las cosas. Siempre que aprendes algo nuevo –escalas, tablas de multiplicar, tiempos verbales en otro idioma–, necesitas empezar lentamente y acelerar poco a poco.

6. Lo difícil, practícalo más. No tengas miedo de confrontar tus deficiencias; pasa más tiempo practicando aquello que no puedes hacer. Una práctica se considera exitosa cuando enfrentas tu incapacidad. No te desanimes: eventualmente podrás hacerlo.

7. Practica expresivamente. Cada día que vives haces de ti lo que eres, así que todo lo que hagas, hazlo con la actitud adecuada. Que tu “estilo” se exprese en la manera en que haces lo que haces.

8. Aprende de tus errores. Nadie es perfecto: no seas demasiado duro contigo mismo. Si dejas caer un pase de anotación o te “ponchan” al final del juego, no es el fin del mundo. Levántate, examina qué estuvo mal y sigue adelante.

9. No alardees. Es difícil resistirse a alardear cuando haces algo bien, pero como decía mi padre: “Hijo, aquellos que tocan para que les aplaudan, es todo lo que obtienen”. Cuando te sorprenden haciendo este truco, sólo te engañas a ti y a tu audiencia.

10. Piensa por ti mismo. Tu éxito o tu fracaso en cualquier ámbito depende finalmente de tu habilidad para resolver problemas, así que no te conviertas en un robot. Pensar por ti mismo ayuda a desarrollar tu capacidad de juicio.

11. Sé optimista. El optimismo te ayuda a sobrepasar errores y hacer mejor las cosas. También te da fortaleza, pues tener una actitud positiva te hace sentir que algo grande está siempre a punto de suceder.

12. Aprende a mirar las conexiones entre las cosas. Si desarrollas la disciplina que se requiere para destacar en algo, esa misma disciplina te será útil en cualquier otra cosa que hagas. Mientras más descubras las relaciones entre las cosas que al principio parecían disímiles, más amplio se volverá tu mundo. En otras palabras, la práctica constante puede abrir un mundo de posibilidades.

 

¿Qué te parece? ¿Qué agregarías tú? Recuerda compartirnos tu opinión en la sección de comentarios de esta nota, o a través de nuestras redes sociales.

 

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