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Kandinsky en México (todo lo que necesitas saber para disfrutar de esta histórica exposición)

Arte

Por: pijamasurf - 10/31/2018

Kandinsky en Bellas Artes, en una exposición con más de 50 de sus obras

Este 31 de octubre se inaugura en México una muestra de la obra de Wassily Kandinsky (1866-1944), uno de los grandes pintores de los últimos siglos. La exposición Kandinksy. Pequeños mundos estará abierta hasta el 27 de enero de 2019 en el Museo del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. Esta es la exposición más importante sobre la obra de Kandinsky que se ha realizado en México y constituye una "visión panorámica" de la carrera del pintor ruso, incluyendo más de 50 obras de su producción desde 1889 hasta 1941, cuando el pintor ya habitaba en París.

Además de ser uno de los pioneros del arte abstracto y de crear un estilo único luminoso y numinoso, Kandinsky fue un teórico del arte y su función espiritual o profética en la sociedad, y también legó una fascinante teoría del color. En uno de sus textos, escribió:

El color es la tecla, los ojos los martillos, el espíritu el piano con sus tantas cuerdas. El artista es la mano que, al tocar una u otra tecla, pone a vibrar automáticamente el espíritu. 

Según el curador de la exposición, Xavier de la Riva, "A Kandinsky ya no le interesa más el color para representar el mundo exterior, sino como un reflejo espiritual, una necesidad interior".

No hay duda de que este evento será memorable, y ya empieza a generar gran excitación. Para conocer a detalle la obra de Kandinsky, sus diferentes períodos, las obras expuestas y el plano de la exposición, recomendamos el micrositio que ha generado el diario La Razón, lo más completo que hemos visto en línea en torno a esta expo. Además de la exposición, la Secretaría de Cultura ha preparado en el mes de noviembre una serie de charlas, conciertos, visitas guiadas y virtuales (aquí puedes consultar el programa de actividades).

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Borges sobre cómo convertir la enfermedad y el dolor en arte

Arte

Por: pijamasurf - 10/31/2018

"Un escritor, o todo hombre, debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento"

Entre las numerosas páginas memorables de Borges, hay algunas que no sólo nos deleitan desde una perspectiva intelectual o literaria, sino que nos llegan a encontrar desde la emoción, la melancolía y la posibilidad espiritual de hallar una cierta iluminación. Borges no es sólo el frío escritor ajedrecista y el erudito: hay algo de fuego y oscuridad; Borges es también el individuo que sufrió mucho (por o pese a su celebridad) pero que mantuvo siempre una cierta actitud agnóstica y una capacidad de asombro que le permitieron seguir adelante pese a su ceguera. Justamente en unas páginas que se titulan La ceguera, Borges nos regala palabras que pueden ser invaluables para las personas que sufren de enfermedades físicas o mentales. El escritor argentino empieza:

He dicho que la ceguera es un modo de vida, un modo de vida que no es enteramente desdichado. Recordemos aquellos versos del mayor poeta español, fray Luis de León: "Vivir quiero conmigo, gozar quiero del bien que debo al cielo, a solas sin testigo, libre de amor, de celo, de odio, de esperanza, de recelo". Edgar Allan Poe sabía de memoria esta estrofa.

Para mí, vivir sin odio es fácil, ya que nunca he sentido odio. Pero vivir sin amor creo que es imposible, felizmente imposible para cada uno de nosotros. Sin embargo, el principio “vivir quiero conmigo,/ gozar quiero del bien que debo al cielo”: si aceptamos que en el bien del cielo puede estar la sombra, entonces, ¿quién vive más consigo mismo? ¿Quién puede explorarse más? ¿Quién puede conocerse más a sí mismo? Según la sentencia socrática, ¿quién puede conocerse más que un ciego?

Cualquier terapeuta, o incluso un businessman, reconocerá en estos párrafos la actitud ideal para enfrentar una adversidad: tomarlo como una oportunidad para profundizar en el autoconocimiento. Claro que hay que tener curiosidad intelectual y una cierta independencia, hay que estar fascinado con la mente y el conocimiento en sí. Sin sus queridos escritores, sin Poe, sin Chesterton, sin Stevenson, sin Léon Bloy, sin Schopenhauer y varios más, Borges habría perecido en la penumbra. Los siguientes párrafos son vitales, incluso los podríamos incrustar dentro de una especie de alquimia psicológica, de utilizar la propia oscuridad, el propio sufrimiento para alcanzar la sabiduría, una gnosis que germina en la sombra, como los alquimistas, que utilizaban lo más ruin y vil para transformarlo en oro:

Un escritor, o todo hombre, debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento; todas las cosas le han sido dadas para un fin y esto tiene que ser más fuerte en el caso de un artista. Todo lo que le pasa, incluso las humillaciones, los bochornos, las desventuras, todo eso le ha sido dado como arcilla, como material para su arte; tiene que aprovecharlo. Por eso yo hablé en un poema del antiguo alimento de los héroes: la humillación, la desdicha, la discordia. Esas cosas nos fueron dadas para que las transmutemos, para que hagamos de la miserable circunstancia de nuestra vida, cosas eternas o que aspiren a serlo.

Si el ciego piensa así, está salvado. La ceguera es un don. Ya he fatigado a ustedes con los dones que me dio: me dio el anglosajón, me dio parcialmente el escandinavo, me dio el conocimiento de una literatura medieval que yo habría ignorado, me dio el haber escrito varios libros, buenos o malos, pero que justifican el momento en que se escribieron. Además, el ciego se siente rodeado por el cariño de todos. La gente siempre siente buena voluntad para un ciego.

Celebremos esta actitud maravillosa, que seguramente no dominaba todo el tiempo la vida de Borges, pero que el escritor claramente entendió como la forma más positiva y quizás la más genuina de asumir su condición.