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9 signos de que necesitas hacerte cargo de tu vida urgentemente

Buena Vida

Por: pijamasurf - 06/01/2018

Si te reconoces en alguna de estas 9 situaciones, quizá sea momento de que reconsideres la dirección que sigue tu vida

Hasta cierto punto, puede decirse que la existencia humana está dividida en dos grandes etapas: aquella en la que el individuo se encuentra al cuidado de alguien más y otra que comienza cuando se da cuenta de que nadie más que él mismo es responsable de su bienestar. 

Sin embargo, nada asegura que una persona pase de la primera a la segunda etapa. Es más, bien puede suceder que una existencia transcurra enteramente en esa “minoría de edad” en la que se vive bajo el tutelaje de otros; tal vez el tiempo pasa y las circunstancias cambian, pero la actitud es la misma: en los padres, en los maestros de escuela, en la pareja, en el trabajo, a veces incluso en los amigos, a toda costa se busca a ese “alguien” que cuide y que proteja.

¿Qué hace falta para dar el paso decisivo hacia una vida autónoma y libre? La respuesta es sencilla: nada más que darse cuenta. Llega el momento para el ser humano en que debe darse cuenta de que no es más un niño que necesita ser cuidado, sino una persona que desarrolló los recursos necesarios para valerse por sí misma. 

Y, de nuevo, se trata de una cuestión de elección: el ser humano que se da cuenta puede elegir asumir los efectos de dicha toma de conciencia… o seguir su vida. 

Compartimos a continuación nueve signos que son poderosas llamadas de atención que la existencia misma presenta para hacerte ver que necesitas tomar tu vida en tus manos, para conducirla según tu deseo.

 

Comes a deshoras o incluso te “saltas” alguna comida

Aunque suene increíble para algunos, comer es importante. Si con relativa frecuencia “sacrificas” alguno de tus tiempos de comida por realizar alguna otra labor, este puede ser un signo de atención que vale la pena escuchar. ¿Aquello por lo cual intercambias el sustento alimenticio de verdad es tan importante? Si para ti es así, ¡adelante! Hasta cierto punto, comer tampoco lo es todo en la vida. Pero si dudas y quizá estás más bien imponiéndote una especie de castigo, tal vez no sea del todo la mejor elección para tu bienestar.

 

Frecuentemente te sientes cansado (a)

El cansancio crónico no es normal. Si sientes, piensas o dices con frecuencia que estás fatigado (a), hay algo que no está fluyendo en tu vida. Las causas pueden ser físicas o emocionales. Revisa tu salud y tu alimentación, pero también tu rutina, tus hábitos y tus patrones mentales. ¿Comes de acuerdo a la actividad física e intelectual que realizas? ¿Duermes bien? ¿Es posible que esa sensación de “cansancio” se deba a un patrón psicológico que se traduce en una “carga” suplementaria en tu vida?

Por otro lado, reflexiona también sobre esto: ¿Qué formas toma ese cansancio? ¿Se parece más bien al aburrimiento? ¿Quizá lo experimentas como una frustración generalizada?

 

Te enfermas continuamente

Más que personas “enfermizas”, quizá valdría la pena reconsiderar esta etiqueta y pensar más bien que hay individuos que no han aceptado del todo la responsabilidad de cuidarse a sí mismos. Si visitas continuamente al médico, reflexiona sobre la posibilidad de hacerte cargo de tu propia salud y de tu bienestar, para así comenzar a vivir fuera de la dependencia en alguien más.

 

Sientes que alguien o algo se aprovecha de ti

Quizá sea tu superior en el trabajo, un amigo, tu pareja, alguien en tu familia o acaso otras personas menos “importantes”; quizá sólo quisiste ser amable con alguien, quizá te sientes bien dando un poco más de lo que te piden o simplemente no supiste cómo decirle que no a alguien a quien aprecias… como sea, las cosas se salieron de control y ahora esa persona está tomando más de lo que debería de tus recursos, tu tiempo o tu energía. Haz caso a esa sensación y, por tu propio bienestar, pon un alto.

 

Faltas a un compromiso contigo mismo (a)

Más allá de los propósitos típicos (comer mejor, hacer más ejercicio, dejar de furmar, etc.), pensemos en esas promesas más personales, más íntimas, que muchos nos hacemos a nosotros mismos, cosas como salir más, preocuparse menos, tomarse la vida con más calma. Promesas que sentimos al mismo tiempo más sencillas, más auténticas pero quizá, también, más difíciles de cumplir. Y, de hecho, lo son. Aunque parece que lo deseamos de corazón, esa intención no se sostiene por mucho tiempo… 

No se trata de experimentar esa “falta” a tu palabra como un reproche o como un reclamo, sino como una llamada de atención. ¿Por qué parece que no puedes hacer algo que quieres o que deseas? O, en otro sentido, ¿por qué insistes en hacer cosas que en realidad no quieres hacer? En cualquiera de los dos casos, quizá sea importante responder a la pregunta por ti mismo(a). 

 

Tienes muchos “pequeños” problemas en tu vida

Siempre llegas tarde, se te olvidan cosas que parecen menores pero son importantes en tu vida, algunas de tus relaciones personales te generan más angustia que satisfacción… en fin, miras un poco tu vida y más que encontrar situaciones placenteras, todo parece un campo minado. Si es tu caso, quizá valga la pena que observes con detenimiento tus hábitos cotidianos y las decisiones que te encaminan poco a poco a contextos en los que no te sientes a gusto pero a los cuales hiciste todo por llegar.


Te distraes sin darte cuenta

Digamos que en un momento, en tu casa o en tu trabajo, decidiste suspender la actividad en la que tuviste la intención de enfocarte para hacer algo más. Quizá algo insulso o quizá algo que de pronto te pareció muy importante: prepararte un bocadillo, hacer una nueva playlist, limpiar la habitación donde te encuentras, etc. Cuando tu atención regresa descubres que ha pasado 1 hora, quizá más, y acaso estás en una actividad diametralmente distanciada de aquella en la que comenzaste: ahora estás stalkeando a tu ex, llegaste a un extraño artículo de Wikipedia o miras por enésima vez un episodio de esa serie que conoces de memoria. 

¿Te suena conocida esta situación? ¿Te das cuenta de en qué estás ocupando tu tiempo?

 

La insatisfacción o el malestar continuos con tu trabajo

El trabajo es uno de los elementos más importantes en la existencia humana. Si por un momento podemos pensarlo fuera de su noción económica (si respingas ante esta propuesta, tú más que nadie intenta realizar este ejercicio de imaginación), el trabajo puede considerarse bajo estos términos al mismo tiempo muy sencillos y muy trascendentes: se trata de la actividad a la cual consagramos la mayor parte de nuestro tiempo, nuestra energía y nuestros recursos físicos, materiales e intelectuales. En otras palabras, el trabajo es una actividad que de entrada justifica nuestra existencia pero que además, por todas sus implicaciones, es capaz de trasformarla. La mayoría de nosotros experimentamos el trabajo sólo en su primera dimensión (esto es, como un medio de subsistencia), pero no nos damos cuenta de esa otra cualidad. 

Considerado desde esta perspectiva, ¿tu trabajo te parece insatisfactorio? ¿Te aburre, te enoja, te frustra o, en suma, te hace sentirte en algún punto del espectro amplio del malestar? Quizá esto se deba a que algo en esa actividad te impide desarrollar plenamente tu potencial de vida.

 

“No sé lo que me pasa”

Muchísimas personas (más de las que creerías) viven en esa esa sensación paradójica, contradictoria, en donde lo único que pueden saben con certeza de sí mismas es que no saben lo que sienten o lo que piensan. La confusión, el desconocimiento y la vaguedad parecen ser sus cartas de presentación. 

En el fondo, esto es una mascarada, pues todos sabemos bien a bien qué pensamos, qué sentimos, qué queremos, dónde nos duele, qué nos falta o qué deseamos. 

Sólo que algunos individuos, por circunstancias propias de su historia de vida, aprendieron a negarse a sí mismos sus sensaciones o sus deseos, a disimularlos, a resignarse a aceptar el parecer de otros, etc. Si sabes pero haces como que no sabes, intenta desmontar ese patrón. Escúchate más. Aprende a reconocer y poco a poco a sostener tus deseos, tus opiniones, tus antojos… Reconoce también los momentos en que estás en desacuerdo con algo o con alguien, si alguna circunstancia te incomoda o cuando simplemente no quieres aceptar algo. 

En una palabra, aprende a seguir tu propia espontaneidad, en las buenas y en las malas. Ahí se encuentra tu propio impulso de vida buscando abrirse paso desde tu interior para realizarse en el mundo y, de este modo, guiar y configurar tu existencia.

 

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También en Pijama Surf: 5 acciones para simplificar tu día y, poco a poco, el resto de tu existencia

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Aunque todos saben que beber mucho alcohol daña profundamente la salud humana, diversos estudios han revelado reiteradamente una correlación entre beber cantidades moderadas de alcohol y un menor riesgo de enfermedades mentales y cardiovasculares. Esta aparente contradicción -que en realidad muestra que el veneno o la medicina están en la dosis- ha sido algo que los científicos han intentado explicar sin mucho éxito, hasta hace poco.

En un reciente experimento, un grupo de científicos daneses estudió el efecto del alcohol en ratones. Los roedores recibieron dosis bajas (equivalentes a 2.5 bebidas para una persona de 70kg), medianas y altas, y se midió su afectación en el sistema glinfático (el cual se encarga de limpiar los desechos del sistema nervioso). Los resultados mostraron que las dosis bajas de alcohol mejoraron en un 19% el desempeño del sistema glinfático; los ratones que recibieron dosis medias no mejoraron y al final no se mantuvo el grupo de dosis altas, ya que muchos de estos ratones murieron. Por otro lado, se hicieron pruebas cognitivas y se notó que las dosis bajas de alcohol no afectan el desempeño cognitivo, pero las dosis medianas sí lo hacen, de manera negativa.

Los investigadores creen que estas pruebas podrían explicar por qué el alcohol en dosis bajas parece mejorar la salud del ser humano (particularmente, ayudando a evitar enfermedades neurodegenerativas en las cuales, aparentemente, juega un papel el sistema glinfático). Sin embargo, advierten que los resultados no pueden ser extrapolados al ser humano sin que se realicen otros estudios, pues los ratones no metabolizan el alcohol de la misma manera que nosotros.