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5 acciones para simplificar tu día y, poco a poco, el resto de tu existencia

Buena Vida

Por: pijamasurf - 05/11/2018

Tener una vida simple y sencilla es posible

Entre una vida simple y otra llena de complicaciones, ¿qué elegirías? Seguramente la primera opción, ¿no es cierto? Con cierto idealismo muchos pensamos en una existencia tranquila, pacífica, serena, opuesta del todo a esas preocupaciones y ajetreos que lamentablemente abundan en nuestra realidad cotidiana.

Pero si decimos querer una vida sencilla, ¿por qué no la tenemos? La respuesta más común a esta pregunta suele ser una enumeración un tanto agobiante de elementos que estamos habituados a considerar “necesarios” para la vida pero que, paradójicamente, en muchos casos son también una fuente enorme de complicaciones. El trabajo, una relación de pareja y en general las relaciones personales, la alimentación, la salud del cuerpo… Todo ello parece ser indispensable para la existencia, ¿pero no sucede también que en la vida de muchas personas esto es, al mismo tiempo, una causa de conflictos?

En buena medida, la contradicción se encuentra entre lo que consideramos necesario en la vida y la manera singular en que dicha necesidad toma forma en nuestra propia existencia. Del trabajo, por ejemplo, se dirá que es necesario porque reporta el dinero que a su vez también consideramos necesario. ¿Pero hemos reflexionado seriamente sobre dicha condición de necesidad? El trabajo es necesario, ¿pero es necesario también que sea un trabajo que nos genere algún tipo de malestar? El dinero es necesario, ¿pero dicha necesidad la reconducimos conscientemente en aquello que sí necesitamos en nuestra vida? 

En el ánimo de fomentar esta toma de conciencia frente a lo necesario y lo sencillo, compartimos a continuación cinco acciones orientadas a hacer más simple tu vida. La idea general es que cada días puedas practicarlas todas, tanto como te sea posible, hasta volverlas hábitos de existencia.

 

Una cosa a la vez

Si bien en nuestra época el multitasking se considera una habilidad preciada, su efecto en nuestra atención es evidentemente nocivo, pues nos lleva a un estado de confusión general que se extiende a todos los ámbitos de nuestra vida. Empezamos una tarea y la dejamos a la mitad porque iniciamos otra, que a su vez queda inconclusa por causa de una tercera. ¿Cómo podemos distinguir lo importante en nuestra vida si nuestra propia atención se encuentra fragmentada? 

 

Aprende a no hacer

Pascal escribió alguna vez que todos los infortunios del ser humano se derivan del hecho de no poder quedarse a solas y tranquilo en una habitación. Por otro lado, un proverbio zen dice: “Sentado, sin hacer nada, la primavera llega y la hierba crece por sí sola”. ¿A qué se refieren estas dos ideas? En breve, a la noción del no hacer. La mayoría de nosotros sabe hacer y de hecho estamos haciendo todo el tiempo, pero estamos poco sensibilizados al no hacer. En un momento “vacío”, por ejemplo, mientras esperamos a un amigo con quien vamos a vernos, ¿cuántos de nosotros no empleamos esos minutos en revisar por enésima vez nuestras redes sociales? ¿Por qué no podemos simplemente estar? Esa sed insaciable de estar siempre ocupados, siempre haciendo, también es una especie de acumulación que realizamos inconscientemente y que en algún momento se descontrola y se vuelve problemática.

 

Limpia un espacio personal

El escritorio, el clóset, la despensa, tu habitación… ¿Te has dado cuenta de todas las cosas que has ido acumulando sin notarlo? Intenta fijarte el compromiso de limpiar cada día alguno de esos lugares. No tiene que ser una limpieza épica que te tome muchas horas. Basta con que te tomes algunos minutos para, por ejemplo, ordenar tu espacio de trabajo, quizá sacar de tu ropero las dos o tres prendas que no has usado en años u ordenar ese cajón lleno de facturas en tu escritorio.

 

Practica la conciencia plena en compañía de otros

Cuando estés con alguien, intenta realmente estar. Esto, que parece obvio y hasta un poco redundante es, curiosamente, una tarea ardua. Y no es sólo que ahora sea tan común que al estar en compañía de una o más personas llegue el momento en que el teléfono portátil sale del bolsillo y la convivencia empieza a simularse. Ahí, en efecto, dejamos de estar con esa persona. De entrada, procura no distraerte de esa manera y, en cambio, mira a la persona que tienes enfrente, escúchala, intenta entender lo que dice. 

Pero, decíamos, eso no es todo. La verdadera atención hacia el otro se logra cuando verdaderamente vemos en la persona con quien estamos a alguien enteramente distinto, un otro radical, con su propia historia de vida, sus ideas, sus prejuicios, sus temores, etc., todo lo cual, por decirlo de alguna manera, no tiene que ver nada contigo. ¿Qué significa esto? En parte, que en nuestro trato con los demás dicha falta de atención se deriva en al menos dos acciones inconscientes que suelen ser fuente de problemas: el juicio y la reacción. Cuando juzgamos lo que otra persona dice, no la estamos escuchando, sino que estamos escuchando la voz de nuestro juicio. Por otro lado, cuando reaccionamos inconscientemente a lo que otra persona dice, también hemos dejado de escucharla y más bien tenemos la atención puesta en nuestros propios patrones de pensamiento.

¿Cuántas conflictos no se han derivado por una frase dicha en medio de una conversación que más que expresión de nuestra escucha, fue producto de nuestros prejuicios? ¿Cuántos problemas no se evitarían si, por ejemplo, dejáramos de querer responder a las expectativas de otros? 

Al estar plenamente con los otros –sin juzgar y en la práctica de la no-reacción– lograrás navegar la corriente de la sociabilidad cotidiana sin ahogarte ni dejarte arrastrar, y en su transcurso aprenderás una o dos cosas de ti mismo.

 

Aprende a distinguir aquello que sí quieres

¿Cuántas veces, en medio un problema, no has pensado en lo sencillo que habría sido evitarlo? ¿Cuántas de las cosas que haces, como Bartleby, “preferirías no hacerlas”? El camino del deseo personal no siempre es sencillo, pues parafraseando a e. e. cummings, es una proeza ser uno mismo en un mundo que se esfuerza porque seamos siempre alguien más. No obstante, para llevar una vida sencilla es imprescindible conocer tu propio deseo y saber navegar en sus aguas. Si puedes mirar con claridad aquello que sí quieres en tu vida, al mismo tiempo distinguirás otros elementos que están ocupando espacio en tu existencia y a los cuales también dedicas tiempo, energía, recursos y atención.

 

Tu vida no cambiará de un día a otro a través de estas acciones, pero quizá sí paulatinamente. El propósito general de este breve manual es que te des cuenta poco a poco qué consideras “necesario” ahora en tu vida y por qué motivos, para que así tomes conciencia de dicha necesidad. Quizá con el paso de los días otorgues otro valor a dicha palabra y mucho de lo que hoy crees imprescindible para vivir, mañana simplemente lo habrás dejado en el camino.

 

También en Pijama Surf: ¿En qué consiste una vida minimalista y por qué puede ser la clave de la felicidad?

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Mediante el “afán de usar la tecnología” no sólo se renuncia a la concientización de la necesidad humana de gregarismo, sino también a la capacidad de desarrollar el silencio en nuestro interior

¿Qué es el silencio, en dónde se encuentra, por qué es cada vez más importante experimentarlo? Hay quienes explican que se trata de uno de los mejores consejeros que puedan existir: es neutro, objetivo y liberador de prejuicios, creencias irracionales y estrés. Otros enumeran sus múltiples beneficios para la salud psíquica y neuronal: el silencio ayuda a regenerar las conexiones neuronales, desarrolla la creatividad, disminuye el estrés y la tensión, renueva los procesos cognitivos. Y para unos cuantos más, es una experiencia contemplativa e incluso alquímica en la cual uno escucha al mundo entero para llenarse con sus sonidos, permitiendo a la conciencia adentrarse al centro de vida mediante la ausencia total del sonido. No obstante, uno no deja de cuestionarse: ¿cómo se encuentra el silencio, ese centro, en este mundo que ha convertido la voz en ruidos digitales a través de los teléfonos inteligentes, tablets y computadoras?

Se utilizan los gadgets electrónicos como un mecanismo distractor de todo pensamiento, sentimiento y estímulo externo; como herramientas que dan un espejismo de productividad y eficacia; como un facilitador de la comunicación, reduciendo la palabra a símbolos como emojis y mensajes de texto. Se cree inclusive que la conexión eterna con las redes sociales, correos electrónicos y mensajes proveerá un mejor desempeño en la vida profesional, personal y social. No obstante, y en palabras del explorador, abogado, editor y coleccionista de arte, Erling Kagge:

Se asume que la esencia de la tecnología es la tecnología misma, pero eso no es cierto. La esencia somos tú y yo. Es acerca de cómo la tecnología que utilizamos nos altera, aquello que esperamos aprender, nuestra relación con la naturaleza, aquellos que amamos, el tiempo que pasamos viviendo, la energía que se consume, y cuánta libertad dimitimos a la tecnología.

[…] Estamos renunciando a nuestra libertad en nuestro afán de usar la tecnología, sentenció Heidegger. Pasamos de ser personas libres a ser recursos. […] Sin embargo, no nos estamos convirtiendo en un recurso para nosotros mismos, desgraciadamente, sino para algo mucho menos llamativo. Un recurso para organizaciones como Apple, Facebook, Instagram, Google, Snapchat y gobiernos que están tratando de comandarnos, con nuestro apoyo voluntario, para usar o vender información. Eso huele a explotación.

Esto quiere decir que mediante este “afán de usar la tecnología” no sólo se renuncia a la concientización de la necesidad humana de gregarismo, sino también a la capacidad de desarrollar el silencio en nuestro interior. Es decir que se difumina tanto la esencia de los vínculos sociales como el estar en el aquí y el ahora con una conexión de mente y cuerpo. Por ello, es indispensable establecer límites con la tecnología: ser capaces de apagar el teléfono, sentarse y no decir nada, cerrar los ojos, respirar profundamente y enfocar la atención en la respiración; cuando se está con alguien más, un familiar, un amigo, la pareja, apartar los gadgets electrónicos y enfocar nuestra atención en la experiencia que surge de la convivencia; etcétera.

Según la filosofía oriental, la mera observación de la mente, de los pensamientos y sentimientos que surgen en el interior, permite “enfatizar la conciencia, el amor, la celebración, la valentía, la creatividad y el sentido del humor, invita a tomar conciencia de quién es el que hace las acciones en la mente”. Es decir, se trata primero que nada de establecer los límites con la tecnología: discernir cuándo se puede uno desconectar de la vida social digital. Segundo, de aprender a escuchar a la mente, aprendiendo a observar los pensamientos sin juzgarlos ni calificarlos: sólo basta con saber que están ahí. Tercero, no hacer ningún esfuerzo por acallar a la mente: sólo es cuestión de mantenerla en el aquí y el ahora atestiguando la experiencia de existir de la manera más amorosa posible. En palabras del orador y gurú hindú, Osho: “Todo eso ha pasado hasta llegar a ti. En pocas palabras, cargas toda la existencia de la existencia. Eso es la mente. De hecho, decir que es tuya no es verdad: es del colectivo, nos pertenece a todos”. Sólo a partir de entonces se puede reconquistar la esencia de uno, de la convivencia e intimidad social, y redescubrir la libertad de la unicidad.

 

Imagen principal: Simplilearn