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¿En qué consiste una vida minimalista y por qué puede ser la clave de la felicidad?

Buena Vida

Por: pijamasurf - 03/05/2018

El minimalismo pone el foco en el espacio donde pueden suceder cosas, más que en las cosas que atiborran esa potencialidad

Una vida minimalista es fundamentalmente una vida que no está basada en las pertenencias, sino que da espacio para las experiencias. Parte de la premisa de que tener es espacio en nuestra vida es algo que ayuda a nuestra mente y a nuestro espíritu y que, en cambio, tener muchas posesiones y vivir en un hacinamiento de objetos nos esclaviza o, al menos, genera apego y obstruye la libertad. Finalmente el ser humano no busca realmente tener cosas en sí, sino las experiencias o los efectos que tienen esas cosas, así que tal vez uno se puede ahorrar mucho desencanto simplemente dejando de llenar el vacío con cosas. Por otro lado, en un mundo donde es evidente que el exceso de consumo ha creado un problema ecológico, resulta lógico y ética y económicamente acertado no tener tantas posesiones.

Un caso notable, de éxito minimalista por así decirlo, es el del editor Fumio Sasaki, quien escribió un artículo en The Guardian en el que relata cómo el minimalismo lo ha acercado a la felicidad. Sasaki se deshizo de la mayoría de sus posesiones y empezó una vida nueva.

Puede parecer que estoy exagerando cuando digo que empecé a convertirme en una persona nueva. Alguien me dijo: "Lo único que hiciste es tirar cosas", lo cual es verdad. Pero al tener menos cosas, me he empezado a sentir mejor cada día. Creo que estoy empezando a entender qué es realmente la felicidad.

Si eres como yo era antes -miserable, al compararme constantemente con otros...-, creo que deberías decirle adiós a algunas de tus cosas. Claro que existen algunas personas que no tienen apego a los objetos materiales o algunos genios raros que florecen en medio del caos de sus posesiones. Pero quiero pensar en las formas en que las personas ordinarias como tú y yo pueden encontrar los placeres verdaderos en la vida. Todos quieren ser felices. Pero intentar comprar la felicidad sólo te hace feliz por un rato. Estamos perdidos cuando se trata de la verdadera felicidad.

Esta idea de vivir una vida sencilla, más cerca de lo esencial, está profundamente arraigada en el pensamiento japonés. Desde el zen hasta cosas como el éxito mundial de Marie Kondo, la gurú japonesa del orden y la eliminación de lo innecesario.

En Occidente también existen algunas honrosas muestras, como Mr. Money Moustache, la estrella frugal de la blogósfera que ayuda a las personas a ahorrar y a vivir sólo con lo necesario. O, estrictamente dentro del minimalismo, el caso de The Minimalist, sitio donde se señala que las tres cosas esenciales de un minimalista son:

1. No tener posesiones en exceso

2. Cuestionar las cosas que posees

3. No darle significado a las posesiones

Estas sencillas reglas contribuyen a liberarnos de la mentalidad materialista reificadora, que nos hace esclavos de las cosas que tenemos y nos impide disfrutar de la vida sin ataduras.

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¿Es una relación abierta la clave para un vínculo feliz?

Buena Vida

Por: pijamasurf - 03/05/2018

Tomando en consideración que la monogamia es tan sólo uno de los muchos estilos que existen en la diversidad sexual, ¿por qué no considerar que se puede establecer un vínculo con una tercera persona mientras se mantiene una relación de amor, respeto e intimidad con la pareja de siempre?

Relaciones abiertas, poliamor, swingers y fuck-buddies, son algunos de los ejemplos de prácticas sexuales que desafían a la monogamia  y que dan una nueva perspectiva para vivir el amor de la manera más adecuada a las necesidades propias. Desgraciadamente, como lo menciona la antropóloga mexicana Marcela Lagarde, “los espacios vitales más opresivos son los que […] presentan más resistencias al cambio” y, por lo tanto, cuesta trabajo aprehender estos estilos de vida con tanta naturalidad como la monogamia. Se les rechaza, se les acusa de impropios, impuros e incluso anormales; se les trata como un “permiso a la infidelidad sin recibir las consecuencias”. Ahora bien, ¿y si este tipo de apertura se tratase de la clave para una relación de pareja íntima, fuerte y feliz?

 

Tomando en consideración que la monogamia es tan sólo uno de los muchos estilos que existen en la diversidad sexual, ¿por qué no considerar que se puede establecer un vínculo con una tercera persona –sexo casual, poligamia o poliamor– mientras se mantiene una relación de amor, respeto e intimidad con la pareja de siempre? Basándonos en que monogamia y relaciones abiertas son vínculos sociales, ambos requieren del mismo esfuerzo, cariño, adaptación y crecimiento tanto personal como de pareja; sin olvidar el establecimiento de acuerdos acerca de la comunicación, los límites con la familia, amigos o compañeros, lealtad/fidelidad, limpieza del hogar, actividades u objetivos tanto en común como individuales, etc. Es decir, monogamia y relaciones abiertas podrían considerarse como dos caras de una misma moneda que necesitan un proceso de desarrollo psicoemocional y sexual para alcanzar un máximo nivel de bienestar en general.

Si bien es verdad que lo primero que surge como una cachetada en la cara es el miedo acompañado de una oleada de celos, las relaciones abiertas resultan una alternativa saludable para aquellas parejas que no pueden establecerse dentro de los límites monógamos. No porque se trate de una depravación, sino porque se puede sentir deseo y amor por dos o más personas al mismo tiempo; y ambas no tienen que competir entre sí por distinguirse como la mejor o peor, la primordial o secundaria, pues ese sentimiento que surge es puro, genuino y correspondido.

 

Para llegar a ese punto habiendo superado el escepticismo y los celos, es importante un mindset nuevo sobre el amor y la pareja como dos individuos con sus respectivas sexualidades que sólo deciden compartirlas con sí mismos, y la conciencia de que para construir intimidad, confianza y un amor que vaya más allá de las películas se requiere trabajo en equipo para superar errores y aciertos, altas y bajas y problemas de comunicación, y la motivación de seguir adelante en el proceso. En otras palabras, se trata del diagrama de Venn: el otro y uno son círculos que al unirse forman una intersección que, para que permanezcan juntos, necesita la inclusión del trabajo en equipo como pareja.

De hecho, y gracias a este nuevo mindset, se requiere continuar buscando y alcanzando objetivos personales, laborales o académicos permitiendo el empoderamiento propio –y del otro–, de modo que conforme uno se empodera de libertad al cumplir los sueños, se empodera a la pareja para que haga exactamente lo mismo. Entonces, y casi de manera natural, nos inunda una especie de renovación de autoconfianza que se extiende en la confianza en la pareja. No es novedad que el empoderamiento personal ayude considerablemente a reducir las oleadas de celos; sin embargo, en esta nueva etapa es importante ir introduciendo rasgos estoicos e introspectivos acerca de las inseguridades personales. En otras palabras, uno necesita observarse a sí mismo para discernir por qué las acciones de nuestra pareja viendo a otra persona nos hace sentir mal, y así poder contemplar diferentes alternativas para solucionarlo, tales como acuerdos enfocados en que la relación abierta sea sólo de coqueteo, sólo sexual o sólo emocional. Se trata, en otras palabras, de un proceso de autocuidado en que la base de la relación abierta es el bienestar de ambos, la libertad consensuada y el amor de un cuidado propio y hacia la pareja. Después de todo, la relación abierta se trata de un vínculo basado en la comunicación, los límites y acuerdos que pretenden generar estabilidad en cada uno de los implicados. Y eso, según sus practicantes, es lo que brinda felicidad en la relación y reduce significativamente tanto las peleas y los dramas como los celos.