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7 razones por las cuales la terapia psicológica funciona

Salud

Por: pijamasurf - 05/19/2018

Algunos argumentos para cuidar de tu mente a través de la psicoterapia

El cuidado de nuestra mente es capital en la fórmula del bienestar. No es exagerado afirmar que la experiencia que tenemos de nuestra propia vida depende de aquello que habita nuestra mente, de manera tal que se establece una relación de intercambio entre nuestros pensamientos, nuestros actos, nuestras decisiones y la realidad que adquiere todo eso. De ahí la importancia de atender nuestra psique: conocerla, entenderla, saber de qué estamos hechos y de qué somos capaces. 

Para este fin, la terapia psicológica se nos ofrece como un método para emprender dicha exploración. A partir especialmente de la labor titánica que emprendió Sigmund Freud para sentar las bases de una teoría y una práctica de la terapia, se desarrolló todo un campo dedicado exclusivamente al tratamiento de la mente, pero no como se hacía hasta entonces, por medio de la intervención fisiológica, sino desde un acercamiento mucho más específico, esto es, siguiendo la estela de aquello que nos vuelve humanos y que no es otra cosa más que la subjetividad. 

Por algunas de las razones que exponemos a continuación, queda de manifiesto que el bienestar mental es un resultado que se construye sólo en la comprensión de dicha subjetividad y en el trabajo sobre su campo. De la misma manera que no hay dos personas que sientan la misma tristeza, así tampoco hay dos personas que den a la idea de “sentirse bien” el mismo significado, y es en esa diferencia donde la psicoterapia se abre camino.

 

Te permite reconstruir tu historia de vida

En una nota liminar, el filósofo mexicano Jorge Portilla escribió que “el hombre es un ser de tal índole que no puede vivir si no comprende su vida”. Esta afirmación, con variaciones, nos ha acompañado al menos desde tiempos de Platón, quien aconsejaba también el examen de la existencia como vía del buen vivir. 

¿Por qué es tan importante para el ser humano conocerse? En pocas palabras, porque en nuestra condición de seres conscientes hay una especie de sed de significado que busca ser saciada, y al saber quiénes somos, al conocer nuestros orígenes y explorar nuestro mundo interior, apaciguamos esa necesidad porque en el proceso construimos un significado o, dicho de otro modo, armamos el rompecabezas suelto de las circunstancias que han resultado en esto que llamamos existencia.

 

Te ofrece un punto de vista externo

En la formación del aspecto emocional de lo que somos intervienen actores con los que no siempre es fácil lidiar, en un sentido real (es decir, las personas de carne y hueso con quienes convivimos en aquella época), pero sobre todo en un sentido simbólico, pues por decirlo de alguna manera, las emociones nunca se forman aisladas o “puras” en nuestro interior, sino siempre en combinación con otras, mezcladas, confusas incluso. 

La combinación de ambas circunstancias puede hacer compleja la tarea de conocernos, pues puede no ser fácil intentar lidiar, por ejemplo, con nuestras emociones relacionadas con el afecto sin confrontar también a las personas con quienes dichas emociones se formaron.

Por ese motivo resulta positivo tener un punto de vista externo que nos ayude a desenredar la madeja, andar por el laberinto y regresar después, de modo tal que seamos capaces de explorar en libertad nuestras propias emociones.

 

La cura por la palabra

El ser humano se convierte en lo que es a través de la palabra. Las palabras nos forman, nos dan los elementos para entender la realidad y por lo mismo, son el medio por la cual la habitamos. No siempre les concedemos esta importancia, pero en el espacio de la psicoterapia descubrimos ese universo de palabras que nos ha definido y, especialmente, encontramos nuevas vías, es decir, nuevas palabras para nombrar nuestra vida.

 

Ofrece un espacio seguro

El consultorio del psicoterapeuta es un espacio que tiene como fundamento la confianza, a partir de la cual se construyen todos los posibles beneficios de la terapia. El hecho en apariencia sencillo de, por ejemplo, hablar de lo que sea, adquiere connotaciones trascendentes en este contexto pues, entre otros, significa para la persona que acude un espacio de permisividad o libertad franca que no suele tener en su vida corriente. Es posible hablar de emociones, de hechos pasados, de la familia, de los amigos, de algo que se leyó, del trabajo, etc., porque se parte del acuerdo tácito de que esa relación que se establece con el terapeuta está basada en la confianza.

 

La posibilidad de construir una relación de otra manera

El proceso de terapia incide directamente sobre la manera en que el sujeto construye sus relaciones. De hecho, se puede decir que uno de los propósitos fundamentales de dicho proceso es hacerle ver a una persona que es posible construir relaciones de maneras distintas a las que aprendió. Relaciones basadas en el respeto, por ejemplo, en la aceptación de la diferencia, en la escucha o en las cuales es posible dar lugar al conflicto (y no sólo la versión, un tanto limitada, del tipo de relaciones heredadas de la infancia).

 

Te entrega otra experiencia del tiempo

El tiempo que corre en los relojes y la experiencia que tenemos de él varían significativamente entre sí. En una situación agradable, por ejemplo, cuántas veces no no hemos sorprendido de lo rápido que pasa el tiempo; y al contrario, cuando nos aburrimos pareciera que éste no avanza. La terapia psicológica nos otorga un hallazgo similar con respecto a nuestro mundo interno, en donde el tiempo transcurre de otra manera. Al explorar nuestra mente nos damos cuenta, por ejemplo, de que dos hechos pueden pertenecer a dos épocas distintas de nuestra vida y sin embargo convivir en un mismo plano simbólico-temporal, miramos cómo la mente funciona a su propio ritmo o, también, que para que ocurran ciertos hechos se requiere que el tiempo pase y las circunstancias maduren. Podría decirse que la psicoterapia le otorga densidad a nuestro propio tiempo existencial.

 

La escucha

En tu vida cotidiana, ¿qué tanta escucha auténtica recibes? Tú mismo, ¿qué tan bueno te consideras escuchando a los demás? La psicoterapia es en cierto sentido una profesionalización de la escucha, la cual consiste en escuchar a una persona con atención y con propósito, sopesando sus palabras y entendiendo gradualmente el sentido de lo que intenta decir, sus razones para decirlo y aquello que en el fondo está intentando expresar. No es que el psicoterapeuta busque “descifrar” a la persona a quien escucha sino, más bien, plantea las condiciones para que la persona se descifre a sí misma. Sólo con escuchar.

 

Sin duda se podrían sumar otros motivos por los cuales la terapia psicológica funciona, pero la intención de esta publicación no es exhaustiva. De cualquier forma, no dudes en compartirnos tu opinión, que sin duda enriquecerá este acercamiento que hicimos al tema.

 

También en Pijama Surf: Qué es la inseguridad emocional, cómo afecta tu vida y qué puedes hacer al respecto

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Freud sobre cómo la masturbación afecta el carácter y dificulta la sexualidad plena

Salud

Por: pijamasurf - 05/19/2018

El padre de la psicología moderna escribió que la masturbación pervierte el carácter, acostumbrando a las personas a no emplear su energía para satisfacer sus deseos

Freud veía la masturbación como un hábito infantil y adolescente que, de no ser interrumpido, se convertía en la causa de la neurastenia y otras condiciones patológicas. Se ha dicho que, pese a que Freud en cierta manera fue un pionero de la sexualidad -y de lo que hoy llamamos liberación sexual-, era también un hijo de su tiempo y no podía más que heredar parte de la moral victoriana. Y, sin embargo, su argumento sobre por qué la masturbación puede convertirse en una patología y sobre todo cómo puede coartar la expresión de la sexualidad en su expresión más plena, no puede desecharse tan fácilmente

En su ensayo La moral sexual y la nerviosidad moderna, Freud escribe que la masturbación: 

pervierte el carácter [de una persona] en más de un sentido... pues lo acostumbra a alcanzar fines importantes sin esfuerzo alguno, por caminos fáciles y no mediante un intenso desarrollo de energía, y en segundo lugar, eleva el objeto sexual, en sus fantasías concomitantes a la satisfacción, a perfecciones difíciles de hallar luego en la realidad.

Les ocurre después a las personas, como llegó a decir ingeniosamente Karl Kraus, "que el coito no es sino un subrogado insuficiente del onanismo". Es decir, la conciencia masturbatoria se establece hasta el punto de que el coito es visto como un pobre substituto de la masturbación. Freud parece estar describiendo la moderna adicción al porno, la cual, como vemos, tiene claramente antecedentes y no es un fenómeno meramente producto de la tecnología. Existe un problema de salud bastante sensible en algunos países con jóvenes que no logran saltar de su sexualidad masturbatoria pornográfica a una vida sexual con parejas reales. Muchos de ellos no consiguen excitarse más que con las imágenes de actrices y celebridades, "perfecciones difíciles de hallar luego en la realidad". El problema es grave, puesto que el sexo es un componente básico del amor y sabemos que uno puede vivir relativamente bien sin tener sexo -masturbándose o no-, pero no sin amor. Por otra parte, el coito genera cosas que la masturbación no logra: la conexión íntima con otro individuo, la cual no es solamente un hecho psicológico sino que produce distintos neurotransmisores que difícilmente pueden ser generados incluso con la masturbación más fantástica.

Freud es perspicaz cuando dice que la masturbación -y suponemos que habla, obviamente, de casos en los que ésta ocurre con mucha frecuencia- puede afectar el carácter y producir un hábito que se opone al ejercicio de la fuerza de la voluntad. Esto sucede, sobre todo, porque es muy común que quienes se masturban no lo hacen como su acto predilecto. Es decir, preferirían tener sexo con otra persona, pero por miedo, inseguridad, pereza, etc., no intentan formar una relación y sucumben ante el fácil instinto de masturbarse. La masturbación suele ser la opción más fácil y, por ello, la que menos forma el carácter. Si además el individuo tiene culpa o piensa que no debe masturbarse y aun así lo hace, esto destruye la moralidad y la voluntad. 

"La conducta sexual de una persona constituye 'el prototipo' de todas sus conductas y demás reacciones", dice Freud. En el caso de los hombres Freud ve en aquellos que logran conquistar su objeto sexual una capacidad análoga para otros fines, una especie de voluntad de poder. A sabiendas de que esta afirmación hoy puede generar el escándalo de lo políticamente incorrecto, hay que mencionar que Freud se refiere al hecho común de que un individuo que no cumple sus máximos deseos difícilmente cumplirá otras necesidades. O, también, al hecho de que nuestra actitud no sólo frente al sexo, sino frente al trabajo y demás, revela nuestra actitud general ante la vida -en una cosa yacen todas, implícitas-, al menos para el observador atento. En el caso de las mujeres, Freud observa que el constreñimiento sexual (tan propio de esa época) es un obstáculo para el desarrollo intelectual, coartando de alguna manera el espíritu inquisitivo y de exploración. 

Por último hay que mencionar, apelando a la razón, que lo anterior no significa que la masturbación deba verse de una manera pecaminosa, culposa y demás, o que no pueda ejercerse con cierta salud, principalmente como un método primario de autoexploración. En este sentido cabe mencionar el trabajo pionero de Havelock Ellis, quien en 1897 ya había notado que en casos moderados, en individuos bien adaptados, la masturbación puede ser hasta cierto punto sana. Dicho eso, es evidente que la mastubación frecuente tiende a habituar al individuo a formas que dificultan la expresión de la sexualidad más alta, ligada al erotismo, al amor y a la intimidad.