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5 cosas que debes hacer para reducir la ansiedad, según la neurología

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/30/2018

De acuerdo con el principio de Hebb (“las neuronas que nacen juntas, permanecen juntas”) se deben activar tantas conexiones neuronales como sea posible, y así, se puede trabajar sinergéticamente mediante una serie de actividades útiles

Desde la filosofía de la Antigua Grecia hasta la de la espiritualidad moderna, la búsqueda del bienestar en general se ha vuelto el centro de atención a nivel físico, emocional, psíquico y espiritual. En los últimos años, poco a poco hemos notado incluso una oleada que busca fomentar el bienestar mediante la conexión de la mente y el cuerpo generando una experiencia en el aquí y en el ahora, y de hecho varios institutos, como el UCLA Mindful Awareness Research Center, han analizado los beneficios de esta práctica meditativa desde una perspectiva neurocientífica.

Gracias a los avances tecnológicos, dichos institutos, asociaciones y universidades han logrado comprender mejor el funcionamiento del cerebro y con ello, desarrollar herramientas que permiten reducir la presencia –o nivel de afectación– de varios malestares psicoemocionales. Por ejemplo, en cuanto a la neuroplasticidad, que es la capacidad nata del cerebro para reorganizarse a sí mismo tanto física como funcionalmente en relación con el medioambiente, la conducta, el pensamiento y las emociones; es decir que tras un estímulo como un trauma, el cerebro permanece constantemente organizando las neuronas en función de esta experiencia. Sin embargo, de acuerdo con el principio de Hebb (“las neuronas que nacen juntas, permanecen juntas”), se deben activar tantas conexiones neuronales como sea posible, y así, se puede trabajar sinergéticamente mediante una serie de actividades útiles. Te compartimos a continuación algunas de ellas:

 

– Salir de las creencias viciosas puede mejorar la inteligencia

Hay quienes deciden entender este proceso como una manera de “salir de la zona de confort”, en donde se busca cambiar las creencias irracionales desarrollando habilidades para resolver problemas y aprender, pensar lógicamente, entender y adquirir nuevo conocimiento, integrar ideas y continuar con los objetivos. El objetivo es continuar en un progreso constante y construir un conocimiento profundo de las cosas que nos interesan y que necesitamos para evolucionar o ser más felices. De alguna manera, se trata de romper el ciclo del pensamiento obsesivo con el fin de permitir que entren otras creencias, las cuales a su vez desarrollan nuevas conexiones neuronales para regular la neuroquímica y, al mismo tiempo, el estado de ánimo. Escoger cada oportunidad para mejorar el pensamiento puede ser una elección inteligente para permanecer curioso y abierto al mundo.

 

– Permanecer curioso

La mente tiene dos estados: uno de supervivencia y otro de exploración/curiosidad. El primero se activa cuando uno se enfrenta a situaciones críticas que implican un riesgo de vida y el segundo, cuando se expande el bienestar al grado de continuar aprendiendo, expandiéndose, disfrutando. El segundo estado no sólo promueve el nacimiento de nuevas conexiones neuronales, sino que también facilita el proceso de aprendizaje y la regulación neuroquímica en el cerebro.

Una manera de permanecer curioso es cuestionarse todo y fomentar el aprendizaje continuo más allá de la escuela, el trabajo o la universidad; esto implica querer saber de dónde vienen las cosas, cómo suceden, por qué se realizan de esa manera, qué provoca un resultado. Por ejemplo, aprender un nuevo idioma conlleva aprender nuevas perspectivas, cambiando nuestra visión del mundo. Se trata, en otras palabras, de comprometerse a un constante aprendizaje a lo largo de la vida, más allá de lo académico o profesional.

 

– Probar cosas nuevas y diferentes (que nos hagan sentir bien)

Las nuevas experiencias evitan que las aguas se estanquen y se inunde e intoxique el ambiente, de modo que promover pequeños o grandes cambios paulatinos en el día a día facilita la sensación de motivación, crecimiento, evolución, etc. Basta con ir a clases de algo que nos interese, leer un nuevo libro en una cafetería o bar, salir a correr o hacer alguna actividad física, ir a terapia, etcétera.

 

– Exponerse a diferentes puntos de vista

Si bien la lectura y los viajes son buenos ejercicios para conocer diferentes puntos de vista, estar genuinamente abierto a otras culturas, idiomas y pensamientos distintos al nuestro nos ayuda no sólo a poner en perspectiva nuestro punto de vista sino también a expandir nuestras creencias y conexiones neuronales, pues se fortalece el proceso de aprendizaje y regulación emocional desde una base neurológica.

Así, por ejemplo, se puede leer sobre otras industrias y diferentes mercados, estar abierto a debates con otros puntos de vista o leer libros sobre temas que ignoramos. La única manera de estar expuesto a diferentes perspectivas es salir del mundo propio y aprehender un nuevo conocimiento, maravillarse por las cosas nuevas que se están descubriendo.

 

– Escribir los aprendizajes

Cada día absorbemos una vasta cantidad de información. Cuando uno se sienta e intenta reproducirla, se obliga a sí mismo a profundizar, a sintetizar el conocimiento y a organizarlo. Es un proceso de enseñanza y reproductividad, y si no se hace una especial toma de conciencia, es probable que no haya una expansión en la conexión de las neuronas. Además, tanto leer como escribir expande el vocabulario, fortaleciendo los procesos cognitivos de la mente y los procesos emocionales del alma.

 

Imagen principal: Katie Crawford

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Estas gráficas muestran que esta es la época más próspera y pacífica que el ser humano haya vivido jamás

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/30/2018

De acuerdo con varias mediciones, esta época es la más pacífica y próspera de la Historia, si bien se percibe como la peor

Es muy común y cotidiano escuchar frases como “El mundo está cada vez peor”, “Ya no existe la moral aquí”, “Vamos rumbo al abismo”; es muy común abrir el portal de noticias y enfrentarse a toda una larga lista de noticias de guerras, atentados, secuestros, muertes, etc.; es muy común terminar indignado, harto y abochornado por tantas injusticias, abusos, violencias. Sin embargo, y de acuerdo con varios análisis, esta no es la peor época que la humanidad ha vivido.

Según una recopilación estadística, esta época es la más pacífica y próspera de la Historia. Si bien se percibe como la peor, la calidad de vida en muchos sentidos ha mejorado; esto también según uno de los principales entusiastas de la tecnología, el inventor, músico, empresario, escritor y científico estadounidense Ray Kurzweil:

Las personas creen que el mundo está empeorando, y vemos por todos lados lo que está sucediendo en otros países. Las personas piensan que el mundo está empeorando… Esa es la percepción. Lo que realmente está pasando es que nuestra información respecto de lo que está mal nos llega más rápido. Hace 1 siglo, si había una batalla que destruía el pueblo de al lado, uno ni siquiera se hubiese enterado. Ahora, algo está pasando en medio del mundo y uno no sólo lo escucha, lo experimenta.

Con esto se quiere decir que ahora que se toma conciencia de la existencia de las situaciones globales, uno se vuelve hiperalerta y se altera así mismo la percepción que se tiene sobre la seguridad del planeta. No obstante, es imposible dejar de preguntarse: ¿acaso se espera que en un mundo de 7 mil millones de personas no existan tragedias? Sin tomar en cuenta esta creciente tendencia humana por priorizar las experiencias negativas sobre las positivas, de acuerdo con la data de numerosos sitios de investigación –desde Oxfam hasta World Bank– el mundo ha mejorado –aunque sea mínimamente– a lo largo de su historia:

– En 1820, el 94% de las personas que vivían en la Tierra se encontraban en un estado de extrema pobreza. En el 2005, sólo el 9.6%.

– En comparación con las sociedades prehistóricas, los Estados-naciones modernos se encuentran muy lejos de perecer a causa de una guerra. En el siglo XX, testigo de dos guerras mundiales, el porcentaje de humanos que murieron en una guerra fue sustancialmente menor que el que resultó durante las sociedades prehistóricas.

Inclusive, la tasa de homicidios en Europa occidental disminuyó.

– La tasa de mortalidad infantil se redujo considerablemente. Desde 1960, la mortalidad infantil global disminuyó desde 120 x mil nacimientos hasta 30 x mil nacimientos, y la tasa de mortalidad global desde 18 x mil personas hasta 8 x mil personas:

– Las infecciones se han regulado hasta casi el punto de su erradicación. En 1900, 800 de 100 mil personas en EEUU murieron por una infección; en 1996, la cifra se redujo a tan sólo 100 de 100 mil personas.

– Más niños están recibiendo educación desde 1820.

– La gente vive más tiempo. En 1960, la esperanza de vida mundial era de 52 años; ahora es de 72 años de edad.

En términos materiales, es difícil refutar esta noción de progreso. Sin embargo, la calidad de nuestra experiencia en el mundo no va necesariamente de la mano de la cantidad de cosas que tenemos; así, resulta inquietante que exista una especie de epidemia de depresión, ansiedad y otras enfermedades mentales. ¿Será que estamos concentrándonos demasiado en satisfacer nuestras necesidades materiales y apilar riqueza y estamos dejando de lado aspectos cualitativos y subjetivos que enriquecen la experiencia individual y dan sentido a nuestras vidas? 

 

Fotografía principal: El triunfo de la muerte. Detalle del óleo de Peter Brueghel.