*

X

25 películas difíciles de entender que son un gran estímulo para tu conciencia

Arte

Por: pijamasurf - 04/28/2018

Si bien estas cintas pueden parecer complejas, su recompensa es que nos llevan a preguntas que de otro modo quizá no nos haríamos

“Sólo lo difícil es estimulante”, dijo alguna vez el poeta y novelista cubano José Lezama Lima, que en su literatura profesó con el ejemplo y llenó sus escritos de adjetivos y construcciones gramaticales a veces difíciles de penetrar… pero, cuando se les entiende, profundamente gratificantes. 

La dificultad nos incita a esforzarnos más. Aunque no menos cierto es que algunas personas frente a lo adverso prefieren retirarse, aburridas o atemorizadas, acaso como efecto de un viejo hábito aprendido frente a aquello que se les presenta como un obstáculo a su voluntad y no como un incentivo. Lamentablemente, pues rendirse nos priva de llegar a la meta, de descubrir algo que no sabíamos, de disfrutar nuevos placeres e incluso de aprender a partir de los tropiezos. Eso es lo estimulante de la dificultad.

Elaboramos este breve elogio a lo difícil como introducción a 25 películas que cumplen con dicha característica. No se trata de cintas particularmente dóciles frente al espectador, pues sea por su elección narrativa, por el uso de lenguaje cinematográfico, por el tema general tratado o por algún otro motivo, representan un reto del tipo al que no siempre estamos habituados cuando nos sentamos a ver una película.

Pero en este caso, la dificultad también tiene su recompensa. Quizá cuando comiencen a correr los créditos finales en alguno de estos títulos tengas la sensación creciente de no saber qué acabas de ver, quizá no atines a articular una sola idea coherente y te sientas abrumado y hasta un poco torpe. Pero también es muy posible que sientas un cosquilleo en tu mente, como un rayo de luz vivo, titubeante, que se esfuerza por salir y crecer…

Compartimos a continuación los títulos y algunos datos al respecto de cada una.

 

Being John Malkovich, Spike Jonze (1999) 

Si bien el punto de partida de esta película es enteramente fantasioso, su desarrollo nos lleva a explorar el enigma de la identidad y de eso que llamamos "yo", sin duda uno de los abismos más inquietantes de todos los que el ser humano puede encontrar para abismarse.

 

Enemy, Denis Villeneuve (2013)

Una adaptación parcial de El hombre duplicado, novela de José Saramago (2002), esta cinta sigue la historia de un hombre que descubre por casualidad en una película a otro que es idéntico físicamente a él. La búsqueda de este “doble” hace al espectador preguntarse sobre el fundamento de su propia identidad. 

 

Predestination, Peter y Michael Spierig (2014)

Sin mayor introducción, esta cinta sitúa a su espectador en plena acción, y ahí comienza la complejidad. Poco a poco, el espectador es llevado a la comprensión de la trama general, basada en el motivo del viaje en el tiempo.

 

Mr. Nobody, Jaco Van Dormael (2009)

Además del tema principal de la cinta –la posible inmortalidad del ser humano–, Mr. Nobody presenta cierta complejidad por su narrativa fragmentada y su ambición de cruzar diferentes historias.

 

A Clockwork Orange, Stanley Kubrick (1971)

A primera vista esta película es sencilla, posiblemente perturbadora en algunos de sus planteamientos, pero cinematográfica y narrativamente simple. En el fondo, sin embargo, los temas que toca y las preguntas que plantea en torno a éstos no son especialmente fáciles de entender. Este comentario de Slavoj Zizek al respecto aporta una perspectiva que puede resultar útil para la comprensión del filme.

 

Cloud Atlas, Tom Tykwer y Lana y Andy Wachowski (2012)

La dificultad de esta cinta proviene sobre todo de su narrativa, que integra seis épocas diferentes unidas por la causalidad de ciertos fenómenos. Se trata de un esfuerzo admirable por traducir en el cine la contingencia propia de la vida.

 

The Fountain, Darren Aronofsky (2006)

Desde sus primeras cintas (Pi y Requiem for a Dream, de 1998 y 2000, respectivamente), Aronofsky se distinguió por ser un director poco común, inclinado hacia la experimentación y la complejidad narrativa. En The Fountain se propuso explorar el tema de la conciencia y su destino una vez que la vida termina.

 

Abre los ojos, Alejandro Amenábar (1971)

Una cinta que juega con el tópico clásico de la frontera entre la realidad y el sueño y cómo una persona puede ser manipulada para dudar de su propia realidad, o de sus propios sueños.

 

Shutter Island, Martin Scorsese (2010)

Si bien a Scorsese se le identifica más bien con cintas de criminales, mafias y personajes a medio camino entre el cinismo y la locura, en Shutter Island filmó una historia un tanto fuera de dicha línea, la cual sigue la investigación de un agente policíaco que busca explicar la desaparición de un paciente en un hospital psiquiátrico. Cabe mencionar que el final de la película ha suscitado varios artículos en Internet que buscan explicarlo.

 

Memento, Christopher Nolan (2000)

En esta película, Nolan ensayó un recurso narrativo interesante que quizá confunde de inicio al espectador, pero pronto encuentra su propia lógica.

 

Donnie Darko, Richard Kelly (2001)

A diferencia de otras cintas consideradas de culto, que lograron trascender este límite y dieron cierto salto a la cultura pop, Donnie Darko ha navegado desde su estreno en aguas un tanto apartadas y frías. Quizá esto se deba a la oscuridad de su cinematografía, que se expresa en casi todos los aspectos de la cinta. De cualquier modo, se trata de una película que no ha dejado de fascinar y, sobre todo, perturbar lúcidamente.

 

Inception, Christopher Nolan (2010)

La película más popular de Nolan es también la obra en la que mejor empleó su juego de distintos planos de realidad, logrando ese efecto que también se encuentra en Las mil y una noches, en el Quijote y en algunas narraciones de la literatura oriental: que el espectador ya no pueda diferenciar entre la realidad y la ficción. Hace algún tiempo, Nolan explicó el significado de la escena final de la cinta.

 

Eternal Sunshine of the Spotless Mind, Michel Gondry (2004)

Un clásico de nuestra época, esta película de Gondry cautivó de inmediato a los espectadores por su exploración de la memoria en relación con el amor. Sin embargo, más allá de la temática, la cinta destaca también por el manejo de su narrativa, que hace honor a la complejidad del argumento. 

 

Melancholia, Lars von Trier (2011)

¿Cómo pueden convivir en una cinta una boda y la colisión inminente de la Tierra con otro planeta? Esta pregunta, que podría parecer un tanto excéntrica, revela en su respuesta algunas de las contradicciones más enigmáticas de la naturaleza humana. Para los interesados, en el primer ensayo de La agonía del Eros, el filósofo Byung-Chul Han dedica un comentario particularmente inteligente a esta cinta.

 

Jacob’s Ladder, Adrian Lyne (1990)

Un veterano de la guerra de Vietnam comienza a tener recuerdos tormentosos y un tanto involuntarios de sus días en dicho conflicto; conforme investiga el origen de éstos, descubre una verdad horrenda. Cabe señalar que todos los efectos especiales de esta cinta no son resultado de la posproducción de la misma, sino que fueron filmados en vivo, lo cual también le otorga un gran valor cinematográfico.

 

Synecdoche, New York, Charlie Kaufman (2008)

En esta lista, Kaufman se encuentra tácitamente en otras dos cintas, pues fue el guionista de Being John Malkovich y Eternal Sunshine of the Spotless Mind, lo cual revela ya su talento para contar historias de formas más bien inusuales. Synecdoche, New York fue su debut como director y el resultado no fue menos complejo. Grosso modo, la cinta cuenta el esfuerzo de un director de teatro (Philip Seymour Hoffman) por montar una obra que aspira a convertirse en la realidad misma. Quien conozca la breve narración de Borges Del rigor en la ciencia puede tener una idea de la trama de esta película.

 

Fight Club, David Fincher (1999)

Un thriller psicológico que devino cinta de culto, Fight Club cuenta la vida de un oficinista más bien común, con un problema de depresión, insomnio y hastío, que un día se encuentra con un sujeto que parece todo lo opuesto a él: es bien parecido, es audaz, desobedece las reglas, es un tanto cínico incluso. A partir de esta relación ambos inician un “club” cuyo único fin es pelear, pero que pronto da pie a otras acciones.

 

Blade Runner, Ridley Scott (1982)

Un clásico de la ciencia ficción y del cine en general, esta cinta basada parcialmente en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968) de Philip K. Dick deja en el aire una de las preguntas más enigmáticas que puede plantearse en torno a la condición decisiva de nuestra especie: eso que hace humano al ser humano, ¿puede replicarse?

 

Moon, Duncan Jones (2009)

Un hombre ha estado solo durante 3 años en una base lunar, “acompañado” únicamente por una inteligencia artificial. Hacia el final de este período y cuando parece que volverá por fin a reunirse con su esposa y su hija en la Tierra, comienza a tener alucinaciones inquietantes. La famosa “vuelta de tuerca” de la que Henry James habló para las historias que nos llevan más allá de lo esperado, es aplicada aquí con maestría.

 

El espejo, Andréi Tarkovski (1975)

Una de las cintas más experimentales de Tarkovski (y se dice que también la más íntima), en la que buscó traducir el flujo de conciencia que se presenta en la memoria, que nunca es lineal ni directo, sino más bien fragmentado, interrumpido, con saltos entre épocas no necesariamente consecutivas y sin embargo unidas en un mismo hilo común.

 

The Tree of Life, Terrence Malick (2011)

A partir de las vivencias de una familia del sur de Estados Unidos, Malick traza una espiral hasta el origen del universo y de la vida en la Tierra, con idas y vueltas entre ese viaje cósmico y la memoria del hombre que está recordando su pasado. La película destaca también por su belleza visual, su edición y la banda sonora.

 

Primer, Shane Carruth (2004)

Carruth posee una formación como matemático e ingeniero, misma que no ha dudado en incorporar a su trabajo cinematográfico. Esta cinta en especial destaca por la complejidad del desarrollo de su argumento, sus diálogos y los temas filosóficos y científicos que se presentan. El tema general de la cinta es el viaje en el tiempo.

 

Mulholland Drive, David Lynch (2001)

“Una historia de amor en la ciudad de los sueños”. Con esa descripción Lynch presentó esta película que, en rigor, se clasifica más bien dentro del género del thriller psicológico (un tanto detectivesco).

 

Inland Empire, David Lynch (2006)

Una de las cintas más arduas de Lynch, por el uso de ciertos recursos cinematográficos pero sobre todo por la narrativa compleja que desarrolla: por un lado, hace que al interior de la película ocurra otra película, pero también establece conexiones con personajes de otras obras suyas (como Twin Peaks o Lost Highway).

 

2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick (1968)

Si bien es uno de los filmes más conocidos de Kubrick y en cierto modo “transparente”, su posible dificultad se encuentra en el tema que aborda. ¿Es 2001: A Space Odyssey sólo una película de ciencia ficción o más bien un ambicioso relato de la evolución humana?

 

¿Qué te parece? Si tienes alguna otra recomendación, no dudes en compartirla en la sección de comentarios de esta nota o a través de nuestras redes sociales.

 

También en Pijama Surf: 18 películas con preguntas filosóficas fundamentales para la vida

Te podría interesar:

Nietzsche sobre la creatividad como un estado de posesión divina

Arte

Por: pijamasurf - 04/28/2018

Uno de los pasajes que con mayor fuerza y claridad describen la inspiración o el influjo de la divinidad que crea a través del hombre

Es un debate añejo discutir si la inspiración tiene un origen divino o espiritual o es solamente el resultado del trabajo y la optimización mental. En realidad ambos puntos de vista no se contradicen necesariamente -pueden complementarse-, pero no intentaremos aquí hacer una teoría de la creatividad, sino solamente mostrar esta noción de que la creatividad puede experimentarse como un acto de posesión, un asalto del genio, un rapto. Esta idea era defendida por los griegos y el mismo Sócrates señala que la posesión (la manía) es superior a la mesura (a la sophrosyne), justamente porque la primera proviene de los dioses. En el Fedro, Platón habla sobre cuatro manías vinculadas a un dios diferente. Una de ellas, la teléstica, está vinculada a Dioniso; esta es la manía de los misterios religiosos, la manía del estado de trance. Dioniso es, como todos saben, el dios con el que Nietzsche se identificó y cuya actitud extática y desenfrenada buscaba rescatar, en oposición a lo apolíneo y lo cristiano, en lo que veía la mesura y la racionalidad. 

Hoy en día la manía es un término peyorativo, ligado a la psicopatología, lo cual nos muestra que estamos en una época racionalista. Sin embargo, a la sombra de la razón, la manía o los estados de posesión y rapto siguen fascinando a los individuos y siguen ocurriendo, aunque suelen ser rápidamente controlados por fuertes fármacos o suprimidos por el individuo por el temor a la marginación social. A la vez existe un creciente interés por conocer los mecanismos de la creatividad y crear protocolos para fomentarla, particularmente dentro de esquemas de productividad laboral (ya que no son muchas las personas que hoy en día ansíen verse arrastrados por las musas para escribir poemas místicos). De aquí que haya surgido el término "flow" en la psicología, para explicar estos estados de creatividad funcional y secular. Formas domesticadas y consistentes de las manías divinas. 

Si se quiere entender estos procesos de creatividad o inspiración, sin duda uno debe voltear a Nietzsche, quien en la década de 1880 vivió un período efervescente de productividad, uno de los más notables en la historia de la filosofía y de la literatura., caracterizado por lapsos de intensa creatividad, escribiendo libros en semanas, literalmente a la manera de "revelaciones". 

En Ecce Homo, el texto que es una especie de autobiografía, escrita poco antes de su colapso mental, Nietzsche narra cómo escribió Así habló Zaratustra, en un período en el que salía a caminar a la montaña cerca de la bahía de Rapallo. Fue en una de estas caminatas, en una encrucijada, que primero Zaratustra lo emboscó, literalmente, porque Nietzsche habla de cómo lo que era uno se convirtió en dos, es decir, su personalidad se desdobló. Así, escribió las tres primeras partes de este texto en ráfagas de 10 días. A este estado de posesión creativa -que en términos de la psicología de Jung es claramente una posesión del inconsciente arquetípico- lo llamó también la "gran salud" (paradójicamente, puesto que se encontraba ya afectado por problemas de salud, y al final acabaría en un hospital mental). Una gran salud que es la aceptación voluntaria de la tragedia de la vida -una tragedia que se percibe como un destino-. El siguiente pasaje es una de las manifestaciones más límpidas y poderosas que existen para entender el fenómeno de la inspiración. Vemos plasmada esta noción que ha distinguido a profetas y poetas por igual y que parece dotar a la vida creativa de una cualidad inexorable, de ser una especie de destino superior. El hombre se revela como un instrumento de una fuerza numinosa. El poeta Rumi había expresado lo mismo comparándose con una pluma que no sabe lo que la mano va a escribir; así él y la divinidad. Y Nietzsche: Se oye, no se busca; se toma, no se pregunta quién es el que da; como un rayo refulge un pensamiento.

¿Tiene alguien, a finales del siglo XIX, un concepto claro de lo que los poetas de épocas poderosas denominaron Inspiración? En caso contrario, voy a describirlo: Si se conserva un mínimo residuo de superstición, resultaría difícil rechazar de hecho la idea de ser mera encarnación, mero instrumento sonoro, mero médium de fuerzas poderosísimas. El concepto de revelación, en el sentido de que de repente, con indecible seguridad y finura, se deja ver, se deja oír algo, algo que le conmueve y trastorna a uno en lo más hondo, describe sencillamente la realidad de los hechos. Se oye, no se busca; se toma, no se pregunta quién es el que da; como un rayo refulge un pensamiento, con necesidad, sin vacilación en la forma -yo no he tenido jamás que elegir-. Un éxtasis cuya enorme tensión se desata a veces en un torrente de lágrimas, un éxtasis en el cual unas veces el paso se precipita involuntariamente y otras se torna lento; un completo estar-fuera-de-sí, con la clarísima consciencia de un sinnúmero de delicados temores y estremecimientos que llegan hasta los dedos de los pies; un abismo de felicidad, en que lo más doloroso y sombrío no actúa como antítesis, sino como algo condicionado, exigido, como un color necesario en medio de tal sobreabundancia de luz, un instinto de relaciones rítmicas, que abarca amplios espacios de formas -la longitud, la necesidad de un ritmo amplio son casi la medida de la violencia de la inspiración, una especie de contrapeso a su presión y a su tensión-... Todo acontece de manera sumamente involuntaria, pero como en una tormenta de sentimiento de libertad, de incondicionalidad, de poder, de divinidad... La involuntariedad de la imagen, del símbolo, es lo más digno de atención; no se tiene ya concepto alguno; lo que es imagen, lo que es símbolo, todo se ofrece como la expresión más cercana, más exacta, más sencilla. Parece en realidad, para recordar una frase de Zaratustra, como si las cosas mismas se acercasen y se ofreciesen para símbolo («Aquí todas las cosas acuden acariciadoras a tu discurso y te halagan: pues quieren cabalgar sobre tu espalda. Sobre todos los símbolos cabalgas tú aquí hacía todas las verdades... Aquí se me abren de golpe todas las palabras y los armarios de palabras del ser: todo ser quiere hacerse aquí palabra, todo devenir quiere aquí aprender a hablar de mí»).

(Ecce Homo, Alianza Editorial, Madrid, 1981. Trad. Andrés Sánchez Pascual)