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18 películas con preguntas filosóficas fundamentales para la vida

Filosofía

Por: pijamasurf - 03/30/2018

El cine es un gran medio para la reflexión sobre la vida

Cuando el cine comenzó a desarrollarse como un medio de expresión de la subjetividad y la creatividad, fue inevitable que se convirtiera también en un campo propicio para la reflexión sobre las grandes preguntas del ser humano, esas que nos hemos hecho durante siglos y que aparecen lo mismo entre los libros que en una conversación con un amigo, en el arte y en el salón de clases, en la soledad de la habitación y a veces también en el sueño inconsciente. La vida, después de todo, tiene un importante componente enigmático que asombra e inquieta al ser humano, hasta que éste, por su propia capacidad, se da cuenta de la verdadera naturaleza de dicho enigma.

El cine, en ese sentido, puede ser un recurso que nutra dichas reflexiones. Si en tu cabeza también rondan las preguntas sobre el sentido de la vida, la función de la conciencia, la utilidad de la moral o la cuestión de la identidad, después de ver alguna de estas películas descubrirás quizá no que has llegado a la respuesta, pero sí tal vez que el problema es un poco más claro. 

Al final compartimos un par de notas con otras sugerencias fílmicas similares. 

 

Rope (Alfred Hitchcock, 1948)

Una cinta que gira en torno a la idea de si una persona o un grupo pueden arrogarse cierta posición de superioridad y desde ahí decidir sobre la vida de otros. Como detalle anecdótico, se trata de una cinta que Hitchcock realizó en una sola toma (lo cual lo obligó a recurrir a varios trucos ingeniosos).

 

The Fountainhead (King Vidor, 1949)

Adaptación de una novela de Ayn Rand en la que se explora la noción de individualismo en relación con la ética, el arte, la política y en general la realización del ser humano.

 

El séptimo sello (Ingmar Bergman, 1957)

Una cinta de obligada referencia para las discusiones existencialistas tanto de la época en que fue realizada como actualmente, en especial en torno a una pregunta: ¿cuál es el sentido de la vida?

 

La dolce vita (Federico Fellini, 1960)

¿Qué significa disfrutar de la vida? Esta pregunta que se hizo Epicuro también se explora en una de las cintas más emblemáticas de Federico Fellini, en donde un periodista entregado a los placeres sensuales descubre poco a poco si es posible llevar una buena vida y en qué consiste ésta.

 

Ma nuit chez Maud (Éric Rohmer, 1969)

Una cinta que pone en escena una de las preguntas que por mucho tiempo animó la reflexión filosófica: ¿Dios existe? En el fondo, una cuestión que en realidad está dirigida al sentido de la existencia.

 

Love and Death (Woody Allen, 1975)

Con un ánimo paródico pero igualmente profundo, esta película de Woody Allen explora el efecto de la conciencia de la muerte en la existencia humana.

 

Being There (Hal Ashby, 1979)

¿Llevar una vida sencilla nos exenta de la reflexión y de la búsqueda de propósito? ¿La filosofía está reservada únicamente a los filósofos? A través de la figura de un jardinero que de pronto se descubre fuera de su “vida simple”, esta cinta intenta elaborar la respuesta a esas preguntas.

 

My Dinner with Andre (Louis Malle, 1981)

¿Quién no ha pasado una tarde o una noche discutiendo con una persona sobre los temas trascendentes de la vida? Eso es lo que miramos en esta cinta: la conversación filosófica de dos amigos, uno idealista y un poco soñador y el otro más bien realista y práctico.

 

Blade Runner (Ridley Scott, 1982)

Aunque casi siempre consideramos Blade Runner como una cinta de ciencia ficción, robots y autómatas, su tema es decididamente filosófico: ¿qué hace humano al ser humano? ¿puede esa cualidad esencial replicarse? Recordemos que Philip K. Dick, el autor original de la historia, fue un gran lector de filosofía.

 

Barton Fink (Joel y Ethan Coen, 1991)

¿Qué ocurre cuando obedecemos ciegamente ciertos mandatos sociales o culturales como la búsqueda de riqueza, poder o fama, a costa de nuestra propia vida? Dicho de otro modo: ¿qué ocurre cuando dejamos que algo más conduzca nuestra vida?

 

The Addiction (Abel Ferrara, 1995)

Bajo la clave de una historia de vampiros, Abel Ferrara explora en esta cinta la idea de moralidad y su pertinencia para la vida.

 

The Truman Show (Peter Weir, 1998)

Un clásico moderno en torno a la pregunta antiquísima sobre la naturaleza de la realidad y las derivaciones que esa investigación tiene sobre el ser humano.

 

The Matrix (Hermanas Wachowski, 1999)

Bajo la estética de la ciencia ficción esta cinta expone ideas emblemáticas de la filosofía occidental como la alegoría de la caverna de Platón, el recurso del método de Descartes y la noción de simulacro de Jean Baudrillard.

 

Memento (Christopher Nolan, 2000)

Con la construcción de la narrativa no lineal que caracteriza al estilo cinematográfico de Christopher Nolan, esta película nos lleva por la pregunta sobre la construcción de la realidad a través de nuestras creencias sobre ella, con énfasis en la conformación de la identidad individual a través de la memoria.

 

Waking Life (Richard Linklater, 2001)

La reflexión filosófica inició como una búsqueda del despertar, en un sentido amplio, y esta cinta de Richard Linklater expone ese largo camino que comenzó cuando un ser humano comenzó a hacerse preguntas sobre la naturaleza del mundo y poco a poco descubrió que todas las respuestas estaban en su interior.

 

I Heart Huckabees (David O’Russell, 2004)

La aparente oposición entre la conciencia individual y la vida en el mundo se escenifica aquí con maestría, tanto en sus problemas como en una posible manera de disolver ese conflicto.

 

Eternal Sunshine of the Spotless Mind (Michel Gondry, 2004)

¿Qué es el individuo? ¿La suma de sus experiencias, de los recuerdos de esas experiencias o de la historia que tejió a partir de esas experiencias? Si es esto último, ¿cambiar esa historia que nos contamos es cambiarnos a nosotros mismos?

 

The Fountain (Darren Aronofsky, 2006)

Un sueño hiperbólico en torno a la pregunta sobre la vida y la certidumbre de la muerte. ¿Es la espiritualidad un forma de no morir o sólo de prepararnos para la muerte?

 

¿Qué te parece? ¿Qué cinta agregarías tú? No olvides compartir con esta comunidad tu opinión y tus sugerencias.

 

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Nuestra sociedad está confundida

No es secreto que la economía y sus paradigmas han permeado toda nuestra sociedad y nuestra cultura. Hoy en día nuestra educación -tanto en las escuelas como en los medios- está orientada a hacer que una persona consiga la riqueza económica o el éxito social en términos de estatus. Ciertamente, esto no es algo nuevo o que esté disociado de la naturaleza: existe una necesidad biológica de seguridad y el dinero y el estatus suelen permitir el éxito reproductivo. Pero, cualquier persona que se haya dedicado a examinar su mente (y su vida seriamente), se dará cuenta de que esto no es todo y que para ser realmente felices es necesario explorar más allá de lo meramente material y buscar sentido y propósito existencial.

Resulta acertado el diagnóstico que hace el escritor y teólogo Rob Riemen para combatir esta era, en el cual se preocupa sobre el latente surgimiento del nuevo fascismo, que seguramente tiene como una de sus razones más añejas lo que Nietzsche llamó "la muerte de Dios" y la incapacidad que ha tenido la sociedad de autoproveerse de significado ahora que las viejas instituciones están en decadencia.

Riemen, en una entrevista con La Vanguardia, señala que vivimos en una sociedad utilitaria, materialista, en la que se han olvidado antiguos valores, cercanos a lo que podemos llamar "universales", como los que fueron proclamados por los grandes personajes de la era axial: Confucio, Lao-Tse, Platón, Pitágoras, Buda, Yajnavalkya, Isaías y demás. En cambio:

Los valores que dominan nuestro mundo son la eficiencia, la productividad, la cantidad, la flexibilidad. Son valores comerciales que se aplican a todo, desde la política hasta la educación... Nuestra educación no está interesada en dar ninguna noción de la sabiduría, pretende hacernos listos. Hoy el valor clave es que las cosas sean útiles, todo lo que no es útil sobra. Lo mismo ocurre en los medios de comunicación, lo que cuenta son las audiencias y las cifras.

No hay duda de que el trabajo, la dedicación y la eficiencia pueden ser grandes virtudes. Pero trabajar para el beneficio de una entidad abstracta como una corporación, para que la economía -ese dios tiránico- siga creciendo infinitamente o simplemente para apilar más cosas que conforten el ennui existencial -y a veces trabajar hasta la muerte o, al menos, hasta que el estrés se convierta en una patología- es poco menos que absurdo. 

Como sugiere Riemen, nos movemos en un mundo en el que lo cualitativo, la calidad de la conciencia, pasa a segundo término (la conciencia, el hecho puro de saber que existimos, incluso es puesto en duda por algunos científicos, o considerado secundario e irrelevante). Se mide el bienestar con indicadores económicos, con premios, con conquistas materiales. Lo que antes era llamado "el alma", parece haber pasado a la sombra o al escarnio social, siendo que no es bien aceptado entre la inetelectualidad mainstream hablar de cosas como el alma o Dios. Y aunque es indudable que nuestra época ha progresado mucho en cuestiones materiales, "el alma" individual y colectiva sufre. Hay un notable aumento de las enfermedades mentales -la depresión y la ansiedad son buenas candidatas para definir nuestra era- y el arte y las humanidades son cada vez menos importantes. Riemen nota que: "Nuestra sociedad es presa de una gran ansiedad. En EEUU cada día 175 personas mueren de sobredosis; si fueran ataques terroristas, el mundo se volvería loco". Esta ansiedad crece sin brida, en gran medida, porque no tenemos las herramientas psicológicas y espirituales para combatirla. Nuestras herramientas son el entretenimiento y el consumo, y no la filosofía y la verdadera filantropía. Cultivamos nuestra mente y nuestro cuerpo, pero sólo en tanto este cultivo nos produzca beneficios utilitarios, es decir, nos haga más productivos o más atractivos. De acuerdo con Riemen:

Como dijo Cicerón, el cultivo del alma es la búsqueda de la sabiduría, en eso consiste el humanismo, que es la base de la cultura europea: aprender a vivir con verdad, siendo justos y crean­do belleza.

A lo que le pregunta la entrevistadora -con la ironía y el relativismo que caracterizan a nuestra era, en la que se cree que todo está permitido porque no hay un soporte universal, no hay un centro que otorgue significado-: "Verdad, ¿cuál de ellas?". Contesta Riemen:

Me refiero a la verdad metafísica, la idea de en qué consiste la dignidad de los seres humanos, a qué deberíamos aspirar. Se trata de esa verdad inmutable que hace que una pintura de Goya, la música de Bach o la filosofía básica que encontramos en los clásicos sigan siendo válidas. [Verdades universales] que nos recuerdan que todos formamos parte de la misma humanidad. Es lo contrario del mundo actual, donde todo es transitorio, inmediato y carece de sentido.

El mensaje de Riemen es similar al del controversial psicólogo Jordan Peterson (de cuyo pensamiento hicimos un resumen aquí). Peterson mantiene que el Logos y la noción de que existe el bien -y que este bien se difunde en el mundo cuando se dice la verdad- es el fundamento metafísico sobre el cual está construida la sociedad occidental y sin el cual se desmorona. La idea, a grandes rasgos, es que, como el Verbo en el Génesis, la verdad crea orden en el caos, y esta verdad es una metaverdad en relación a la ciencia, puesto que la ciencia produce verdades fácticas, verdades que describen cómo son las cosas, no cómo se debe actuar y a qué se debe aspirar. Obviamente, este fundamento ético era proveído por la religión y, ante la secularidad y el relativismo posmoderno, hay un gran vacío.

Riemen regresa a los viejos pensadores y a las viejas ideas. Cree que la mayor parte de la academia está corrupta -acaso cuidando su plaza con la corrección política que se espera de todos en nuestros días-. "La traición de los intelectuales viene de lejos, no están comprometidos con nada. Pero todo el mundo puede leer a Platón, a Ortega y Gasset, Marcuse...". El individuo, sugiere, debe cultivar su conciencia, más allá de la banalidad del individualismo opinionista donde se dice "Esto es justo y bueno porque me lo parece a mí". El individuo no puede ser realmente un individuo -individuarse- si vive en la ignorancia. La verdadera individualidad, entonces, surge de lo universal, de exponerse al pensamiento filosófico y religioso que ha superado el paso del tiempo y de ejercer un pensamiento crítico con estas ideas para luego poder convertirlas en auténticas experiencias.

Al igual que Peterson, quien cree que uno de los grandes males de nuestra época es que en todos lados se discute cuáles son los derechos de los individuos (y se exigen ferozmente) y, en desproporción, se fomenta la toma de responsabilidad, Riemen enfatiza la importancia de la responsabilidad moral. La lógica es muy sencilla: antes de pensar en lo que te mereces -o en aquello de lo que careces: cómo te ha castigado el estado, Dios, el patriarcado, etc.- es más conducente al verdadero bien y a la felicidad pensar qué puedes hacer para mejorar tu situación y la de los demás. Puesto que, como ha notado Peterson, las personas encuentran sentido en la vida no a través del ejercicio de sus derechos -en la profusión orgiástica del supermercado existencial- sino al asumir responsabilidades. Los verdaderos tesoros de la vida son entregados a quienes están dispuestos a enfrentarse con el mal por el bien de todos, como las historias de San Patricio y San Jorge y todos esos enfrentamientos arquetípicos con los dragones, y aquella más explícita de la mitología hindú, en la que Shiva acepta beber el veneno mortal que sale del océano de leche y a través de cuyo acto luego emergen los tesoros, incluyendo el néctar de la inmortalidad. Riemen concluye:

Las cosas serían distintas si todos aceptáramos nuestras responsabilidades morales. Sócrates decía que deberíamos hacernos dos preguntas: qué es una buena vida y cómo contribuir a una buena sociedad. Si tomamos conciencia, exigiremos otra educación, otra sociedad.

 

Twitter del autor: @alpepholo