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¿No entendiste la escena final de Inception? Christopher Nolan la explica en épico discurso a favor de la realidad

Por: pijamasurf - 06/08/2015

¿Cobb despierta a la realidad o a otro sueño? Después de casi 5 años de haber dado a conocer su película, el director Christopher Nolan por fin habla sobre el ambiguo final de Inception

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Una afirmación potencialmente polémica: Inception (Christopher Nolan, 2010) fue para los años 2000 lo que Matrix (Andy & ‎Larry Wachowski, 1999) para los 90: ambas llegaron al final de la década, ambas marcaron a una generación y, sobre todo, ambas mostraron el sentido más auténtico de la expresión “thinking outside the box”, “pensar afuera de la caja”. Cada una a su manera, las dos películas significaron un momento de quiebre para la ideología mainstream, un acercamiento peligroso a esos márgenes donde los preceptos del pensamiento hegemónico comienzan a mostrarse débiles y absurdos ante preguntas en apariencia simples como: ¿y qué si nada de esto es real, qué si todo esto es un sueño?

Curiosamente (y como quizá también pasó con Matrix), a pesar de ser una película taquillera y popular, no podría decirse que Inception sea una de las mejor entendidas. De hecho su escena final había sido hasta ahora objeto de especulación, pues si Cobb despierta o continúa soñando es una disyuntiva cuya respuesta queda en la incertidumbre y la ambigüedad del giro que no cesa, el tótem que no cae. ¿Por qué Nolan decidió terminar así el filme?

Hace un par de días, con motivo de un discurso que ofreció a estudiantes graduados de la Universidad de Princeton, el director finalmente explicó la secuencia, y lo hizo con inspiración y cabría decir que incluso con cierto talante épico:

En la gran tradición de los discursos, en general alguien dice algo en la línea de “Persigan sus sueños”, pero no quisiera decirles eso porque no es algo en lo que crea. Quiero decirles que persigan su realidad.

Siento que, con el tiempo, comenzamos a ver la realidad como la pariente pobre de los sueños… en ese sentido, quiero hacerles notar que nuestros sueños, nuestras realidades virtuales, esas abstracciones que disfrutamos y que nos rodean, son subconjuntos de realidad.

La manera en que el final de esa película funcionó, el personaje Cobb de Leonardo DiCaprio, él estaba con sus hijos, estaba en su propia realidad subjetiva. En realidad no le importaba más y eso implica una toma de postura: quizá todos los niveles de realidad son válidos. La cámara se mueve por encima del trompo que gira justo antes de que parece que está por bambolearse, entonces corta a negro.

Me escabullo a la parte de atrás del cine antes de que la gente se dé cuenta y hay una reacción muy, muy fuerte de la audiencia: casi siempre un poco de lamentación. El punto es que, objetivamente, a la audiencia le importa en términos absolutos, a pesar de que lo que esté viendo sea ficticio, una especie de realidad virtual. Pero la pregunta de si se trata de un sueño o de la realidad, la he hecho en casi cualquiera de las películas que he filmado. Le importa a la gente porque ese es el punto con respecto a la realidad. La realidad importa.

El discurso de Nolan, aunque un tanto atropellado, podría tomarse como una nueva forma de situarse en el mundo que sin duda contrasta con la que se pregonaba hace apenas un par de décadas. Ahí donde Matrix llamaba a su público a despertar, Inception es, en la intención de Nolan, una validación de todas las realidades subjetivas, de todos los sueños, podría decirse si extendemos un poco la idea.

Sin embargo, ¿qué tan pertinente es uno de los planteamientos fundamentales de Matrix y aún podemos preguntar por el origen de ese sueño? ¿Qué si el sueño que soñamos no es realmente nuestro, sino que se trata del sueño de otro? Además, ¿no sucede eso mismo en Inception? ¿No hace falta despertar de cuando en cuando para descubrir que nos encontramos en un mundo diseñado por alguien más, que obedece a sus reglas y deseos y no a los nuestros? 

 

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Incontables pensadores a lo largo de la historia han señalado el determinante rol que juega el lenguaje en la construcción de nuestra realidad. Desde Lacan hasta McKenna, pasando por Korzybski y muchos otros, han enfatizado en los cimientos semánticos de lo que consideramos como realidad. Y en este sentido los aspectos de una lengua, sus alcances y limitaciones, terminan incidiendo significativamente en nuestra existencia. 

Si tomamos en cuenta su árbol genealógico, rápidamente concluimos que son pocas las raíces que hoy comparten decenas de idiomas alrededor del mundo. Esto nos reafirma la noción de ancestros comunes que fueron fragmentándose quizá en un inicio por segregaciones geográficas y, por ende, ambientales y climatológicas, y luego está separación se fue autonutriendo a partir de particularidades culturales (y conductuales) que fueron arraigándose.

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De acuerdo con lo anterior, resulta por lo menos apasionante tratar de rastrear algunos de los aspectos más distintivos de las diferentes sociedades en relación con las particularidades de sus idiomas. Así nos damos cuenta de que las lenguas germánicas son mucho más proactivas y sintéticas, mientras que las latinas son más redundantes, "románticas", y las orientales, mediante la evocación de ricos escenarios o complejos fenómenos naturales, propician la contemplación. También, entre otras determinantes, un idioma refleja la actitud anímica ante la vida, o al menos eso sugiere el extenso estudio sobre el “estado de ánimo” de las palabras en distintas culturas, realizado por Peter Sheridan Dodds del Computational Story Lab de la Universidad de Vermont.  

Otro estudio, conducido por Susan Ervin en 1960, consistió en:

pedir a adultos bilingües que crearan dos historias (cada una en un idioma diferente) tomando como inspiración una misma imagen. Los temas abordados por los sujetos mostraron diferencias significativas en los textos en inglés y en francés. El éxito, por ejemplo, fue uno de los temas comunes en las historias en inglés, mientras que la autonomía y el aislamiento fueron más comunes en las historias en francés de una misma persona. 

Esta y otras investigaciones reiteran la influencia del idioma que se habla en la personalidad del hablante.

Tomando en cuenta todo lo anterior, parece pertinente entender cuáles son hoy los idiomas más hablados del mundo y cuáles serán en un futuro próximo. Una vez teniendo ese dato entonces podemos especular, de acuerdo con las particularidades de los idiomas imperantes, cuáles son las tendencias conductuales, incluso las filosofías de vida, que dominarán las próximas décadas.

A continuación te compartimos un infográfico creado por Alberto Lucas López para el diario South China Morning Post, que muestra la distribución de 4 mil 100 millones de personas (aproximadamente 60% de la población mundial) entre los 23 idiomas más hablados alrededor del mundo. 

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*Clic en la imagen para verla más grande

Es evidente que el chino es, por mucho, el idioma más hablado en el mundo, con casi mil 200 millones de hablantes. El español aparece en segundo lugar, con 400 millones y el inglés en tercero, con 355. También resulta interesante consultar la tabla de abajo que indica cuáles son los idiomas que más se están aprendiendo como segunda lengua (un indicador que también resulta significativo con miras al futuro), rubro que encabeza, también por mucho, el inglés.