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¡¿Cómo lo hizo?! El truco japonés de multiplicar con líneas para realizar operaciones complejas (VIDEO)

Ciencia

Por: pijamasurf - 11/22/2017

Esta forma de multiplicar es tan sorprendente como sencilla de aplicar (y explicar)

Las matemáticas poseen en su interior y a través de su desarrollo “trucos” que fácilmente nos sorprenden, en buena medida porque ante las matemáticas muchos guardamos sólo la impresión que recibimos de nuestros años de escuela, de modo tal que cuando nos encontramos con una operación matemática que se sirve de métodos distintos a aquellos que conocemos, puede parecernos cierto tipo incomprensible de magia.

Uno de esos trucos sorprendentes es este método que ahora presentamos y que se conoce vagamente como multiplicación japonesa, china e incluso india y “vedántica” –estas denominaciones también evocan cierta impresión de misterio y exotismo–.

Se trata de una manera de multiplicar que en vez de números utiliza líneas y que parece ser de especial utilidad en el caso de multiplicaciones con decenas que, en la vida diaria, pueden llegar a presentarse pero no necesariamente son tan sencillas de realizar. Veamos.

La explicación del método, por más mágico que parezca, se encuentra en la ley de distribución de los factores. A partir de esta pista, quizá algún lector quiera entretenerse descubriendo cómo funciona.

 

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Beber alcohol te ayuda a hablar mejor un idioma extranjero, según este estudio

Ciencia

Por: pijamasurf - 11/22/2017

¿Quieres mejorar tu habilidad oral en otro idioma? Este estudio aporta una sugerencia interesante

El alcohol es bien conocido por su efecto de desinhibición. Esa alegría que parece sobrevenir después de unos cuantos tragos no es otra cosa más que el triunfo del alcohol sobre nuestras inhibiciones, esto es, sobre nuestros miedos, angustias, ansiedades, preocupaciones, limitaciones y así sucesivamente. Triunfo parcial y efímero, es cierto, una victoria pírrica, pero triunfo a fin de cuentas, aunque sea sólo por unos momentos.

Pero más allá de situaciones más o menos comunes en las que el alcohol hace de las suyas (la fiesta, el cortejo, etc.), quizá no sería mala idea comenzar a explorar ese beneficio potencial en otras circunstancias a las que no solemos asociarlo. Por ejemplo: la práctica de un idioma extranjero.

Al menos así lo sugiere un estudio publicado recientemente sobre el efecto del alcohol en la capacidad de hablar un idioma distinto al nativo.
Investigadores de la Universidad de Liverpool, el King’s College London y la Universidad de Maastricht (Países Bajos) reunieron a 50 estudiantes de esta última universidad, cuya lengua materna es el alemán pero que asisten a cursos impartidos en holandés. Los 50, cabe mencionar, habían aprobado un examen de competencia en dicha lengua.

El experimento diseñado por los científicos consistió en que cada uno de los estudiantes tuvo una conversación breve y sencilla con otra persona en holandés. Sin embargo, a la mitad de ellos se les dio de beber agua antes de la entrevista y a la otra mitad una bebida alcohólica (equivalente a una pinta de cerveza). Además, al terminar, se pidió a cada estudiante que calificara su propio desempeño con la lengua.

En una segunda fase, dos personas cuyo idioma nativo era el holandés escucharon las grabaciones de estas pláticas y evaluaron el manejo del idioma de los participantes, esto sin saber que algunos de ellos habían bebido alcohol poco antes de hablar.

Al reunir los resultados, los investigadores encontraron que, en general, el alcohol no había afectado la evaluación que los estudiantes hicieron de sí mimos, es decir, no se mostraron ni más confiados ni más complacidos con su manejo oral del holandés.

No obstante, de acuerdo con la evaluación externa, el desempeño sí fue distinto. En el caso de los estudiantes que bebieron alcohol antes de la conversación, los nativos holandeses que escucharon esas grabaciones notaron sobre todo una mejor pronunciación en las palabras y una mayor elocuencia, en comparación con quienes bebieron agua. En otros aspectos como la gramática, la amplitud del vocabulario o la capacidad de argumentación, la calificación fue muy similar en ambos grupos.

Ante estos resultados, los investigadores hacen un par de acotaciones. En primer lugar, una especie de alerta de moderación, pues aunque el efecto desinhibidor del alcohol parece mejorar la fluidez en un idioma extranjero, en dosis mayores puede provocar justo lo contrario.

Asimismo, en el caso de las circunstancias de este estudio, sus autores dicen no poder saber si dicha mejora se debe al efecto que el alcohol provoca en el cuerpo o si se trata más bien de un fenómeno psicológico, y si es más bien esto último, ¿funcionaría también el efecto placebo? Es decir, si una persona cree que bebió alcohol, ¿también hablaría mejor en un idioma extranjero? 

En este sentido, los investigadores reconocen la existencia de la “ansiedad del idioma” (language anxiety), por la cual los pensamientos y emociones de una persona afectan su habilidad para manejar un idioma distinto al nativo.

Como vemos, la investigación (que puede encontrarse en este enlace) se abre a más preguntas en torno a este fenómeno. Por el momento, si estudias una lengua y quieres mejorar tu capacidad de hablarla, puedes considerar beber antes una cerveza u otro trago de tu preferencia.

 

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